No sabemos si Corinna habla castellano, pero sí sabemos que Llarena habla fascista.

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El esperpento sigue siendo, como en la época de Valle–Inclán, elemento sustancial de la España oficial.

Tres cuestiones se han hecho con el protagonismo mediático en los últimos días; quizás han ocurrido otras con una potencial de mayor repercusión a medio plazo, pero estas a las que nos vamos a referir indudablemente también lo tienen.

La última que ha saltado a los medios de comunicación, pero la primera que vamos a comentar, es el asunto Corinna, Juan Carlos y Villarejo.

Es curioso cómo desde los defensores de la monarquía borbónica no se ponga para nada en cuestión el relato que se hace de las “andanzas” del Rey emérito en la presunta grabación hecha a Corinna. Implícitamente se acepta que todo lo descrito en esa grabación es perfectamente compatible con la biografía del anterior Jefe del Estado, actual Rey emérito y padre del sucesor en el cargo, Felipe VI, cuyo único mérito para ostentar el máximo cargo institucional del Régimen del 78 es ser hijo de ese personaje cuya golfería ya nadie pone en duda.

Todos los esfuerzos para salvar circunstancialmente una situación cada vez más insostenible –la de la monarquía borbónica- se orientan a cuestionar la autenticidad de la persona que teóricamente hizo las declaraciones que aparecen profusamente en los medios de comunicación, Corinna, por que según dicen los “estudiosos” del tema, Corinna no sabe hablar castellano. Serán tan torpes de no caer en la cuenta de que con esa línea de defensa, que por otro lado es de una extrema fragilidad, están dando por bueno que el contenido de la conversación es totalmente creíble y coherente con los antecedentes del personaje, así como el de todo su entorno familiar.

También nos cuentan que todo es una maniobra de Villarejo, que presiona para salir de la cárcel. El que sea una maniobra de Villarejo, ese representante de las cloacas del Estado caído en desgracia, no es para nada incompatible con la veracidad de los hechos relatados en la ya famosa grabación. Por el contrario, las presiones se suelen hacer con la amenaza o la materialización de sacar a la luz pública hechos realmente acontecidos. Iremos observando cómo articulan el intento de control de este nuevo furúnculo del Régimen del 78.

La resolución del Juez Llarena de desposeer del carácter de diputad@s, obtenido por votación del Pueblo Catalán, a los procesados por él mismo bajo el delito de rebelión, en un montaje político – judicial al que, al menos hasta ahora, ninguna administración de justicia europea ha dado validez. Es un nuevo paso adelante en esa ofensiva fascista, sustanciada desde la Audiencia Nacional y el Tribunal Supremo contra el movimiento soberanista-republicano catalán.

El Sr. Llarena considera que puede hacer lo que le da la gana, lo que realmente le pida el cuerpo: leña al movimiento democrático y además desde la total impunidad. Es por ello que cuando las víctimas de sus fechorías “legales” acuden a los tribunales de justicia internacionales para conseguir amparo ante sus tropelías, estas acogen tal solicitud. En función de ello han citado a declarar al Juez del Tribunal Supremo Español ante un tribunal belga, solicitud rechazada desde la administración de justicia española, no admitiendo de hecho la legitimidad de los tribunales belgas para intervenir en un asunto de derechos civiles. Además, en una deriva que podríamos calificar de trastorno mental colectivo, emplazan al Gobierno español para que actúe rápida y contundentemente en defensa del Sr. Llarena, exigencia que se ha de hacer “urbi et orbe”: que no haya la menor intromisión de tribunal extra-español alguno en su actividad represivo-judicial. Ni en el franquismo se llegaba tan lejos.

El Sr. Llarena no sólo está confrontado con el movimiento republicano-catalán; está poniendo todos los palos posibles en las ruedas del nuevo Gobierno de Pedro Sánchez en su intento de ensayar una tercera vía como alternativa de solución a la actual situación política. Y aún así quiere que le protejan.

Por último, muy significativa aunque previsible, encontramos la brutal ofensiva de la derechona en todas sus variantes en contra de la propuesta del Gobierno para que “los tipos penales no se pongan en riesgo a través de la interpretación de los jueces”, en clara referencia a delitos contra la libertad sexual. Ante la propuesta de la Sra. Carmen Calvo, la derecha ha atacado con la publicación de todo tipo de chanzas y gracietas, tan típicas del españolismo ramplante. Su nivel intelectual y cultural no da para más. La cuestión es no entrar en el fondo del asunto. No se escandalizan de que diferentes agresores pertenecientes a diferentes grupos de violadores en manada estén en libertad, cobrando sus sueldos respectivos y sin apenas limitaciones en su vida cotidiana, pero se rasgan las vestiduras cuando alguien intenta dar un paso adelante para que el ejercicio de la Justicia, en lo que afecta a la violencia de género, quede lo menos posible al criterio subjetivo de un aparato judicial, que como podemos comprobar cada día, no se caracteriza especialmente por su sensibilidad ante este tema.

Castilla, a 12 de julio de 2018

Izquierda Castellana.

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