Los guerrilleros antifranquistas del centro de España, la oposición “más seria” a la dictadura

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‘La guerrilla antifranquista en Toledo: la Primera Agrupación Guerrillera del Ejército de Extremadura-Centro’ fue el libro “génesis” de ‘Huidos y guerrilleros antifranquistas en el Centro de España, 1939-1955 (Madrid, Ávila, Ciudad Real, Toledo, Cáceres y Badajoz), obra que el autor y académico Benito Díaz presentó en Toledo junto a Javier Mateo, coordinador local de Izquierda Unida. El libro se editó en 2011, pero se ha rescatado por su importancia como el volumen “más completo” de Díaz que ha dirigido su labor investigadora hacia este tema desde 1993.

Fue entonces cuando conoció a un militante comunista, el nieto de ‘El Rubio’ de Navahermosa, una de las figuras que aparecen en sus libros. “Yo ya estaba doctorado en Historia y no sabía nada. No sabía nada, así que me preguntaba ¿cómo podía ser? El problema no era mío, porque estaba doctorado, sino que era un problema del tema en sí”, explica Díaz. Se trata, explica, de un lado de la historia que ha sido “silenciado, olvidado, perdido, como todo lo que no interesa a los vencedores”, reflexiona el también profesor de la Universidad de Castilla-La Mancha en Talavera de la Reina.

Como vio que “parecía que no había interés en que apareciese en los libros de historia”, decidió que su línea investigadora debía ir por ahí. La obra que ha presentado en Toledo se centra en la situación de la guerrilla durante los años 1939 y 1955 en el centro de España, abarcando Madrid, Extremadura, partes de Castilla-La Mancha y también de Castilla y León, en concreto Toledo, Ciudad Real y Ávila. “Vengo a poner de manifiesto que, sin tener una enorme envergadura, el movimiento fue la oposición más seria a la que tuvo que hacer frente el franquismo”, explica Díaz.

“Se levantaron en armas contra la dictadura, y las zonas de los Montes de Toledo y en Ciudad Real se llenaron de gente con determinadas ilusiones”, describe el académico. Tal como señala el nombre de la obra, por un lado hubo huidos, que fueron los primeros en sumarse al movimiento que “sólo buscaban sobrevivir” y que luego dieron paso a los guerrilleros, especialmente tras el fin de la Segunda Guerra Mundial. Fue entonces cuando el Partido Comunista apostó por llevar a cabo esta guerrilla que estaba “mucho más estructurada, jerarquizada, militarizada” con agrupaciones como la del centro de España que buscaba ser el ejemplo a seguir para otras repartidas en el territorio español.

“Es cierto que Ávila o Toledo son territorios bastante cercanos a Madrid, y por tanto, tenían una repercusión más importante, mientras que lo que ocurría en el mundo rural realmente sólo lo sabía quién vivía ahí o padecía los problemas. Tiene repercusión, evidentemente, pero en otro sentido porque no había una proyección o dimensión real de este mundo”, relata Díaz. En cuanto a los huidos, Benito defiende una hipótesis muy clara: que  sólo pretendían sobrevivir, no como los militantes “acérrimos” comunistas que querían escaparse. Tal fue el caso, menciona, de José Manzanero, que decidió esconderse por la zona de Navahermosa o Urda.

La guerrilla tiene en la Batalla de Estalingrado, en febrero de 1943, otro aliciente para seguir peleando después de la derrota de los soldados alemanes en las manos del ejército soviético, recuerda Díaz. En esta obra no se observan casos particulares, como si ha tratado en otros casos, con la excepción de “referentes” como fue Jesús Gómez Recio, alcalde de Aldeanueva de Bartolomé, en Toledo, cuya dimensión política hizo que más de 20 personas fueran a la sierra a unirse a la causa. “Más bien quiero priorizar a figuras de las que puedo escribir gracias al testimonio de su familia”, asegura Benito.

Javier Mateo recordó en la presentación del libro que, 42 años después del fin de la dictadura, “seguimos luchando por la recuperación de la memoria” y que el trabajo de los historiadores va a seguir siendo “fundamental” para mantener viva la “necesidad” de recuperar la historia “y de quienes dieron su vida por ella”. Por eso, llamó a la construcción de una memoria democrática “entre todos”. Por su parte, Benito Díaz recalcaba que los guerrilleros “siempre han estado expulsados de la historia”, al igual que las mujeres. “Si las mujeres no aparecen en la historia, ¿qué podemos esperar de los guerrilleros que intentaron acabar con la dictadura franquista?”.

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