Los expertos constitucionalistas aconsejan no rehabilitar a la Infanta Cristina en la Casa Real

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El Tribunal Supremo, en su sentencia del caso Nóos, ratificó la responsabilidad como partícipe a título lucrativo de la Infanta Cristina de Borbón en el delito de malversación y fraude de Iñaki Urdangarin, pero se la retiró respecto al delito fiscal. Por ello, deberá pagar junto a su marido hasta una cantidad de 136.950 euros. Pero no se la condena por ningún delito. Por tanto, encima de la mesa puede situarse ahora el debate sobre si debe proceder a la rehabilitación pública o no de la hermana del Rey.

Cristina de Borbón tiene en su haber sólo una multa. Pero su implicación en este escándalo de corrupción, que incluso la llevó a sentarse en el banquillo, ha provocado que esté apartada de facto de la agenda oficial de Zarzuela desde diciembre de 2011. El último acto oficial al que acudió junto a su marido fue la Fiesta Nacional del 12 de octubre de 2011.

Pero pese a ser absuelta, los expertos constitucionales consultados por este diario desaconsejan su rehabilitación pública e institucional. “Es un asunto que debe estar claro. Su marido está condenado, ingresará en prisión, y dado que ella sigue junto a él está en una situación complicada. No se debe abrir el debate de su rehabilitación”, expone Roberto Blanco, catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad de Santiago de Compostela.

“Ese debate no es oportuno, sobre todo cuando ahora mismo está pendiente la resolución de ejecución de sentencia de Urdangarin”, añade Yolanda Gómez, catedrática de Derecho Constitucional de la UNED. “La Infanta Cristina queda tocada de manera extraordinaria, procesada y casada con un marido que está en la cárcel. Es un debate que no creo que se abra”, apostilla Blanco. “Ahora no es el momento”, completa Gómez.

“El hecho de que haya sido absuelta no debe ser aprovechado para reabrir el debate sobre su rehabilitación para la vida pública. Ha demostrado un nulo sentido institucional y de preservación de la integridad y buen nombre de la Monarquía. Ha antepuesto sus sentimientos personales, que son muy legítimos, a la honradez de la institución, que está por encima y debe primar. La negativa a renunciar a sus derechos sucesorios da buena prueba de ello”, reflexiona Ana M. Carmona, catedrática de Derecho Constitucional de la Universidad de Sevilla. “Supondría un grave error”.

Para Antonio Torres del Moral, catedrático de Derecho Constitucional de la UNED y experto en la Monarquía, “no puede ser rehabilitada porque no había sido inhabilitada. Como no renunció a sus expectativas de derecho sucesorio, las sigue teniendo sin necesidad de recuperarlas. Sin embargo, debería haber renunciado a tales expectativas porque, por muy escasa que sea la probabilidad de que llegaran a hacerse efectivas, ahí están y no es preciso aclarar que sería el fin de la monarquía en España que llegara a ser reina la esposa de un delincuente con el que comparte techo y lecho”.

Ahora, es posible que sea más frecuente verla por España. En la actualidad vive en Ginebra con su familia, residencia donde han afrontado todo este proceso judicial. Pero el ingreso en prisión de Urdangarin es probable que conlleve su traslado para estar cerca y poder visitarlo en prisión. El cuñado del Rey decidirá en qué cárcel ingresa, pero las fuentes consultadas por este diario señalan como centros posibles en los que cumpla condena la prisión de Zaballa (Álava) y Menorca. Este último tendría muchas posibilidades al ser nuevo, de nula conflictividad, baja ocupación y ser un lugar con arraigo para él.

Zaballa supondría estar cerca de su familia y un centro inaugurado en 2011, “de nueva generación” y comodidades como auditorio, pista polideportiva y piscina climatizada. Badajoz también ha estado en las quinielas al estar cerca de Lisboa, lo que llegado el caso permitiría a la Infanta Cristina vivir en la capital lusa, opción sobre la que se ha especulado mucho en los últimos meses. O viajar desde Ginebra. Si bien las fuentes consultadas no lo ven del todo factible porque sería necesario hacer sitio a Urdangarin, lo que supondría cierto trato de favor. Brieva (Ávila) se habría descartado porque el módulo apto lleva cuatro años en desuso, abandonado y sin tan siquiera mobiliario. Además sólo cuenta con una entrada, lo que supondría un paseíllo mediático para la Infanta cuando acudiera a visitarlo.

Las fuentes consultadas no descartan incluso Cataluña, porque permitiría viajar con facilidad a la Infanta desde Ginebra y es el lugar donde residieron en España.

A falta de ver cuál será el lugar de residencia de la Infanta, la Casa del Rey rehuye a día de hoy su presencia, limitada a funerales. Y hasta se evita toda foto junto a los Reyes. Ni siquiera en segundo plano. Sólo Don Juan Carlos la besó en presencia de las cámaras en la Capilla del Palacio Real en el funeral por la infanta Alicia de Borbón-Parma. Este acto, en mayo de 2017, fue el primero en que coincidieron Felipe VI y su hermana tras la sentencia de Nóos de la Audiencia de Palma. Lo habitual es ver al actual Monarca muy distanciado de la Infanta Cristina. Sin gestos ni saludos de por medio.

El cordón sanitario es tal, que Doña Cristina ni siquiera acudió en enero de este año a la celebración del 80 cumpleaños de su padre, Don Juan Carlos. Una multitudinaria comida en el Palacio de la Zarzuela a la que asistieron los Reyes y sus hijas, Doña Sofía y la Infanta Elena. Sus padres son defensores de su rehabilitación. Doña Letizia abandera el lado contrario.

En febrero de 2017, cuando la Audiencia de Palma dictaminó la absolución de Doña Cristina, uno de sus abogados, Jesús María Silva, ya demandó su rehabilitación. “La absolución supone la restitución de la persona a su pleno estatus cívico. A partir de ahí, ya cada uno sabrá lo que tiene que hacer”.

De momento, la Casa de Rey mantiene su posición. No ha habido rectificación, al menos pública. Pero el debate lleva tiempo sobrevolando Zarzuela. Un proceso similar ya se ha vivido con Don Juan Carlos. Desde que decidiese abdicar, al igual que la Reina Sofía, protagonizaron apariciones contadas. Su agenda era de mínimos, concediendo todo el protagonismo al nuevo Rey. Con el paso del tiempo, sin embargo, desde Zarzuela se ha ido rehabilitando la figura del Rey emérito

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