Las temporeras de la fresa se rebelan contra las agresiones sexuales

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Mujeres marroquíes analfabetas, que en muchos casos solo hablan bereber, oriundas de zonas rurales, divorciadas y viudas, es decir con sus fuentes de ingresos mermadas o bien casadas y con hijos, para facilitar que no intenten quedarse en España tras la temporada de la fresa. En una palabra, vulnerables.

Ese es el perfil mayoritario de temporera inmigrante durante la recogida del ‘oro rojo’ en Huelva, un negocio que en 2017 facturó 454 millones de euros por exportar fresas, arándanos, frambuesas y moras al extranjero.

Este año, los indicios de recuperación económica en España han frenado la llegada de braceros nacionales en favor del contingente inmigrante, que ha pasado de 4.000 personas en 2017 a 15.000 este año.

Algunas de esas mujeres se han atrevido a denunciar agresiones y acoso sexual en fincas de Huelva, una cuestión que, si bien no es nueva, ha logrado mayor repercusión que en campañas anteriores.

Mustafá se lleva a una casa a las mujeres bonitas. Hay tres a las que siempre viola. A una de ellas, cada día. No denuncian porque tienen miedo a perder el empleo y que en otras fincas ya no las contraten”, denuncia Chania, una afectada a ‘El Español’.

En los últimos quince días, veintiuna mujeres han denunciado agresiones, abusos o acoso sexual en los campos de Huelva.

El 31 de mayo, cuatro braceras marroquíes acusaron al encargado de una plantación en Moguer por abuso sexual. El 6 de junio, otras cuatro temporeras denunciaron abuso y acoso sexual por parte de un capataz de Almonte, y el 11 de junio, un tercer manijero fue detenido en Aljaraque, tras ser acusado de abusos sexuales, esta vez por trabajadoras españolas.

En paralelo, nueve mujeres amparadas por el Sindicato Andaluz de los Trabajadores (SAT) han denunciado no solo abusos sexuales, sino también explotación laboral.

En concreto, en una finca de Almonte propiedad de la empresa Doñana 1998, un grupo de trabajadoras se quejó al SAT de que habían estado trabajando durante meses sin haber “recibido ningún dinero por ello”.

El sindicato también constató que las temporeras vivían en condiciones de “semiesclavitud” y hacinadas en habitáculos “con una pequeña ventana, sin aseos y con colchones en el suelo”.

El pasado 1 de junio las trabajadoras de esta explotación agrícola mostraron su indignación ante una patrulla de la Guardia Civil, como muestran las imágenes de este vídeo en el que gritan “no bien”.

El sindicato denuncia que las jornaleras que se atrevido a alzar la voz están siendo devueltas masivamente a sus países de origen antes del fin de la temporada fresera.

La polémica ha logrado dividir a las empleadas del plantío de Almonte, hasta el punto de que 131 de ellas se han querellado contra las mujeres que afirmaron haber sido víctimas de abusos.

Aseguran que las acusaciones son “falsas” y que la controversia les está ocasionando “un problema” con sus familiares, que pueden negarles en los años próximos poder “volver a trabajar en esa empresa o en ninguna otra”.

La espita de las supuestas vejaciones se abrió cuando un reportaje de la revista alemana ‘Correctiv’ en colaboración con ‘Buzz Feed Noticias’ denunció las humillaciones y el maltrato sufrido por decenas de mujeres en campos de fresa y tomate de España, Marruecos e Italia.

Pero la problemática no es nueva. En 2010, un reportaje de ‘El País’ reveló la existencia de dos procesos judiciales por acoso y agresiones sexuales a temporeras de Huelva.

Y en 2014, una sentencia condenó en Huelva a un capataz por acoso sexual a tres jornaleras marroquíes. “Si quieres trabajar, te tienes que acostar conmigo”, refleja el fallo.

Supuesta ‘guerra sucia’

Ante la cascada de denuncias, una de las principales asociaciones del sector, Interfresa, ha defendido la “tolerancia cero” ante los abusos y se ha personado como acusación particular en la causa actual. Al mismo tiempo, denuncia una “campaña de desprestigio generalizada que se viene gestando desde otros países también productores”.

En ese sentido, asociaciones del sector como ASAJA y UPA y sindicatos como UGT y CCOO rechazan que “se generalice con referencia a un sector”.

Plantación en Palos de la Frontera. SAMUEL ARANDA/AFP/Getty Images.

Mujeres desprotegidas ante los abusos

Lejos de su país, poco familiarizadas con la cultura española y confinadas en fincas a kilómetros de distancia de cualquier población, las mujeres se hallan indefensas frente a posibles injusticias.

“No denunciamos por miedo. Aquí no conocemos el idioma, estamos casi aisladas en mitad del campo. No es sencillo para nosotras”, explica Habiba a ‘El Español’.

Para luchar contra esta desprotección, el Movimiento Feminista de Huelva ha reclamado mayor “información” y “acompañamiento” para estas mujeres. También piden la eliminación de requisitos discriminatorios para ser contratadas como el sexo, la edad y la condición familiar.

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