Obras de arte a pie de obra para recordar 1.000 días de encierro en Pilarica

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1.000 días después de que el Ministerio de Fomento decidiera cerrar sin alternativas el paso a nivel de Pilarica, los vecinos del barrio han querido recordar aquel infausto día desplegando obras de arte a pie de obra.

La Plaza de Rafael Cano, irreconocible tras el comienzo de las obras del primer paso para superar la vía de los 20 que se contem  plan en el nuevo convenio con ADIF, ha sido el escenario elegido por La Candela Teatro y Comunidad, el grupo de teatro social de la Asociación de Voluntariado de la UVA, para poner en escena su Museo de la Diversidad Humana y contar historias basadas en situaciones reales en las que se habla de diversidad o se vulneran los derechos humanos haciendo partícipes a los vecinos que han participado en la movilización, entre los que se ha podido ver a la presidenta de la Federación de Vecinos Antonio Machado, Margarita García o a los concejales del PP, José Antonio Martínez Bermejo y Rosa Hernández.

  Así, en cada rincón de la plaza, junto al olivo de la iglesia, junto a las casetas de obra , en los angostos túneles o pegados a la valla de las vías que parte en dos el barrio, se han ido representando distintas piezas. La primera en hacerlo ha sido Marta interpretando ‘Enraizadas’, Flor con ‘Lavanda malentendida’ ha tomado el relevo y a continuación Prado con ‘La Herencia’. Carmen, con ‘Cobardes’, ha protagonizado la siguiente representación, mientras que Alicia, con ‘¿Me crees?’ y Mario, con un texto de autoría desconocida, ha sido el siguiente. También han participado Ignacio con ‘El vendedor de agua’, junto al túnel y las vías y Laura, con ‘Esperando a nada’, además de Tamara, que ha interpretado ‘Todo Cambia’ de Mercedes Sosa.

La última intervención ha sido colectiva, al invitarse a los vecinos a expresarse con un reparto de bolígrafos y papeles para que cada vecino expresara qué les identifica en su diversidad.

La acción cultural estuvo precedida de un contundente mensaje de hartazgo a cargo de José Luis Alcalde, presidente de la Asociación de Vecinos del barrio. “1.000 días pueden pasar en un suspiro cuando estamos felices. Para los vecinos de Pilarica, sin embargo, los últimos 1.000 días están siendo largos, duros, asfixiantes. Son casi tres años de condena. Una injusta condena pues pagan por un delito que no han cometido. Simplemente ha ocurrido que el Ministerio de Fomento y el Adif tienen la sensibilidad social en los huecos de las ruedas del Ave. Es tanto como decir que no tienen sensibilidad social alguna. Las personas sólo les importan en tanto en cuanto clientes que compran billetes de tren. También carecen de planificación ordenada y coherente. ¿Cómo explicar entonces que el 15 de septiembre de 2015 cerraran el   paso a nivel de Pilarica sin haber construido un paso alternativo con antelación? ¿Cómo explicar el despropósito que idearon en forma de pasarela metálica por encima de las vías y que afortunadamente   nunca llegó a estrenarse por lo disparatado del proyecto y el riesgo que suponía para los peatones? ¿Cómo explicar que casi tres años después del cierre sigan los vecinos sin disponer de alternativas a aquel cierre? “, se han preguntado los vecinos

Antes de que comenzaran las representaciones de La Candela teatro, el escritor José Manuel de la Huerga ha sido el encargado de fabular la situación que padecen los vecinos desde hace ya mil días. El texto escrito para la ocasión es el siguiente:

Kafka en Pilarica

Franz Kafka decidió venirse a vivir a la Pilarica, el día que encontró en un periódico muy popular de Praga un anuncio con una oferta muy apetecible: casa molinera coqueta y soleada, con patio interior donde atender una pequeña huerta, la cercanía de la Esgueva por la que pasear aojando pájaros y nutrias, sin olvidar la melancólica monotonía del traqueteo de los trenes nocturnos que simultanean sus quejidos con las campanas y luces rojas de subida y bajada de barrera, todo ello junto a la iglesia.

Esta idílica imagen lo acompañó en los primeros meses, lo que propició la escritura de relatos de gente entrañable que vivía bastante feliz.

Hasta que el gobierno, de la noche a la mañana, suprimió el paso a nivel sobre las vías y obligó al vecindario a agachar la cabeza y arrastrarse por el agujero oscuro, infecto y maloliente, de un paso inferior.

Desde ese día Franz Kafka empezó a tener pesadillas, dejó inconclusos varios cuentos de niños y pájaros que jugaban juntos y comenzó a escuchar, de manera obsesiva dentro de su cabeza, la voz de personajes en continua zozobra.

Por ejemplo el topo, que arañaba la madera del mueble de su dormitorio. Una noche el animal le pidió perdón por trabajar a deshora y sorprender al escritor de Praga mientras dormía un sueño agitado. El topo le susurró al oído que le había contratado el gobierno para trazar túneles desde cada vivienda del barrio hasta la plaza Mayor de Valladolid.

Algunos vecinos del barrio empezaban a utilizar este servicio distinguido con la marca de eficiencia plus. Emergían o desaparecían como fantasmas en el puro centro de la ciudad, lo que en principio les divertía bastante, sobre todo si asustaban al señor alcalde asomando sus tímidos hocicos por detrás de la butaca de su despacho.

Lo triste es que ya algunos estaban empezando a sufrir de migrañas, ceguera y sordera, antesalas todas ellas de la temida locura.

Esta misma mañana alguien dice haber visto a Franz Kafka redactando un nuevo borrador de contrato para el topo, subido el escritor a lo alto de alguno de los muebles del despacho del alcalde. El político le había rogado su ayuda porque el texto debía ser deliberadamente ambiguo. El topo tenía que comprometerse con el trazado de un túnel bajo las vías que debería sumergirse bajo el apeadero de la Universidad y salir a flote en la Estación del Norte. Por fuerza, la obra estaría concluida para la próxima primavera electoral. En el contrato también Franz Kafka debía animar al topo con fábulas sobre gente feliz que no se queja y que vive en barrios humildes pero limpios.

La misma fuente que prefiere mantenerse anónima, informa, sin embargo, de que en el despacho del alcalde estaba todo demasiado oscuro. Con la última tormenta se había ido la luz, y no se sabía cuándo volverá.

José Manuel de la Huerga

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