Noche de pánico en Managua tras el ataque a tiro limpio contra la marcha pacífica de las madres

Comparte este artículo:

“Exhorto a toda la población en Managua a resguardarse y volver a sus casas. Eviten correr riesgos, no se dejen provocar. Es peligroso andar fuera esta noche“, advirtió monseñor Silvio José Báez, integrante de la Conferencia Episcopal, que participa como mediador y testigo en la Mesa del Diálogo entre gobierno por un lado y estudiantes, empresarios y sociedad civil por otro.

La advertencia del obispo auxiliar de la capital no era para menos. Managua vive a esta hora una mezcla de terror e indignación tras el ataque de turbas paramilitares contra la gigantesca marcha pacífica, bautizada como la “madre de todas las marchas” aprovechando que ayer se celebraba en Nicaragua el día de las madres. Al menos dos jóvenes muertos y un número indeterminado de heridos es el balance provisional del tiroteo desencadenado en la zona universitaria de Managua. En los centros hospitalarios Bautista y Vivián Pellas no dan abasto para atender a los heridos.

Lo que parecía iba a ser la cuarta gran demostración de fuerza en los 42 días de rebelión popular contra los abusos de la pareja presidencial, convocada por las “madres de abril” (de los chicos asesinados), se convirtió finalmente en otro aquelarre violento.

“Turbas del gobierno están disparando a matar”, denunció el padre José Idiáquez, rector de la Universidad Centroamericana (UCA). “Más de 5.000 personas lograron ingresar (en el campus) mientras muchos huyeron en otras direcciones. Un sinnúmero de heridos fueron atendidos por voluntarios“, destacó en un comunicado el centro universitario de los jesuitas.

“Los disparos provenían de francotiradores del estadio Dennis Martínez. La represión violenta continúa bajo la mirada del presidente Ortega”, añadió Erika Guevara-Rosas, directora para las Américas de Amnistía Internacional (AI) y presente en el lugar de los hechos.

“Un hermoso día de multitudes honrando a las madres de los muchachos caídos ha terminado en tragedia con más asesinados y heridos. ¿Hasta cuándo?”, se interrogó el escritor Sergio Ramírez, antiguo vicepresidente en los primeros tiempos del sandinismo y hoy detractor de los Ortega.

Francisco Reyes Zapata, de 33 años, se convierte así, según medios locales, en la última víctima mortal de las protestas, entre 80 y 90. Su muerte sucede pocas horas después del acuerdo alcanzado entre el presidente Daniel Ortega y Luis Almagro, secretario general de la OEA, por el cual cuatro especialistas elegidos por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) investigarán todos estos asesinatos, que en su mayoría llevan la firma de la Policía Nacional, agentes antimotines, brigadas de choque paraestatales y miembros de la Juventud Sandinista.

Una vez más, la versión policial es muy distinta. Según Francisco Díaz, subdirector de la Policía Nacional, la concentración oficialista que se llevaba a cabo junto a la rotonda Hugo Chávez fue atacada por sujetos encapuchados, confirmándose “la muerte de dos compañeros de la juventud sandinista”.

Durante la mañana también se produjeron enfrentamientos violentos en Estelí, con otras dos muertes, según el Centro Nicaragüense de Derechos Humanos. Los incidentes continuaron durante toda la tarde en otros lugares del país, como Chinandega, al margen de nuevas embestidas contra el canal independiente 100% Noticias y la oficialista Radio Ya.

La concentración oficialista en la capital estuvo encabezada por Daniel Ortega, quien disparó un discurso “de paz” a sus seguidores. Un discurso con metamensaje incluido, dirigido a esa gran mayoría que exige su salida del gobierno: “Nicaragua es de todos y aquí nos quedamos todos”.

El aliado centroamericano de Cuba y Venezuela se dirigió indirectamente a Carlos Pellas, el empresario más poderoso del país, quien en una entrevista publicada ayer apostó por el adelanto electoral para resolver la crisis.

“Nicaragua no es propiedad privada de nadie”, clamó el viejo guerrillero sandinista, cabecilla del clan familiar (compuesto por su mujer, la vicepresidenta Rosario Murillo, y sus 8 hijos, que se reparten medios de comunicación, inversiones públicas y contratos millonarios), que ha gobernado 11 años en su segunda etapa gracias a los acuerdos alcanzados precisamente con los empresarios privados, la Iglesia Católica y EEUU.

El presidente sandinista aseguró que “el odio está sacando las uñas cuando teníamos un país en paz. El odio tratando de destruir ese país, esa Nicaragua admirada en el mundo”, en un discurso calcado al que suele realizar el presidente venezolano Nicolás Maduro.

En el informe hecho público el martes por AI se subraya que “la estrategia letal de represión contra manifestantes combina el uso excesivo de la fuerza, ejecuciones extrajudiciales, el control de los medios de comunicación y el uso de grupos parapoliciales para sofocar una protestas”, confirmando así lo adelantado por la CIDH.

Según la última encuesta de Gallup, el 69% de los nicaragüenses apuesta por la salida inmediata de los Ortega.

Comparte este artículo: