El ‘prostituidor’, el compañero de trabajo, el que enseña el piso para alquilar… los otros crímenes de género

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Un hombre que golpea a la mujer a la que acaba de conocer porque se niega a mantener sexo con él, la aturde, la viola y la acuchilla hasta la muerte. Un militar que mata a la prostituta con la que ha tenido relaciones sexuales. Un agente inmobiliario que de madrugada entra en la casa de la joven a la que había alquilado el piso, la golpea, la asfixia con un cable y la quema para borrar huellas del crimen. Un trabajador que agrede por la espalda a una compañera que le reclamaba una deuda y le propina 30 martillazos hasta matarla… Asesinatos u homicidios de hombre a mujer sin previa relación de pareja entre ambos. Crímenes “en los que el género de la víctima era lo que la hacía vulnerable”. La otra violencia machista.

El Observatorio contra la Violencia de Género y Doméstica del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) ha estudiado por primera vez crímenes cometidos por hombres sobre mujeres con las que no mantenían una relación de afectividad. Es decir, muertes que se escapan a las estadísticas oficiales de violencia de género porque no se producen en el ámbito de la pareja o la ex pareja.

Se trata de nueve sentencias dictadas en 2016 sobre hechos que se produjeron en años anteriores, por lo que el caso de Diana Quer está en la filosofía del estudio, pero no en su ámbito ya que el crimen fue cometido días antes de que empezara 2017. Además, el informe abarca sentencias condenatorias firmes tras el periodo de prisión provisional.

Los jueces hablan de “feminicidios no íntimos” en el ámbito de las agresiones sexuales, de la prostitución o del robo con violencia. El informe detalla que la relación que había entre el agresor y la víctima era muy variable: compañeros de trabajo, conocidos, vecinos, amigos o clientes de la prostitución, además de otros en los que no se pudo acreditar vínculo alguno.

El inédito estudio puede ser la primera zancada de lo que la presidenta del Observatorio, Ángeles Carmona, contó el 1 de febrero a un enjambre de periodistas en la sede del CGPJ: “Haremos estudios de los asesinatos y de las sentencias que afecten a delitos cometidos por un hombre sobre una mujer por el hecho de serlo. Las estadísticas reflejarán las denuncias y los casos referentes a delitos contra la integridad sexual, las víctimas de trata, la violencia psicológica, los acosos por razón de género, los matrimonios forzados o la mutilación genital femenina. Estamos hablando de cualquier asesinato o delito por desprecio de género”.

El Grupo de Expertos del Observatorio justifica este novedoso rastreo en la ratificación que España ha hecho del Convenio de Estambul, donde se define la violencia contra las mujeres por razones de género como “toda violencia contra la mujer porque es mujer o porque afecta a la mujer de manera desproporcionada”.

En seis de los nueve casos analizados los jueces apreciaron “alevosía”. Es decir, los autores emplearon medios que les aseguraban el resultado de su acción y que impedían que la posible defensa de la víctima les pusiera a ellos en peligro. En otro caso quedó probado el “ensañamiento”. O sea, el agresor aumentó el sufrimiento de la víctima causándole un dolor añadido e innecesario para matarla. Y en otra sentencia se consideró un “abuso de superioridad y de aprovechamiento de las circunstancias del lugar y el tiempo”.

Porque, “al contrario de lo que ocurre en los casos de violencia de género en el marco de la pareja”, estos crímenes “raramente” ocurren en el domicilio de la víctima o del agresor, algo que pasó en cuatro de los nueve casos: una mujer que acude a la casa de su futuro agresor, un hombre que accede al piso de la víctima mientras ésta duerme y dos varones que entran a robar en los domicilios de las mujeres, “que vivían solas y eran especialmente vulnerables”. Como Josefina, trabajadora de la ONCE y con una disminución del 46% de su capacidad orgánica y funcional, que abrió la puerta a su compañero de trabajo Tomás sin sospechar que él la golpearía en la cabeza, le haría un corte en el cuello, le asfixiaría con una bolsa de plástico y le amputaría cinco dedos.

Los otros cinco casos ocurrieron en parajes “deshabitados o que impidieron la petición de auxilio”. Como le pasó a Vanesa, que fue conducida por Cipriano a un garaje para mantener relaciones sexuales a cambio de dinero y tras ello fue agredida por el hombre hasta la muerte.

¿Y cuales fueron las motivaciones de los crímenes? El CGPJ las clasifica citando los criterios judiciales:

Por ejemplo, la “agresión sexual”. Fue el caso de Roman, que intentó acostarse con Tania sin el consentimiento de ella, le golpeó en la cabeza, la dejó aturdida, la desnudó, la penetró sexualmente y la mató con un cuchillo.

O el “robo con violencia aprovechándose de la vulnerabilidad de la mujer”. El caso de Tomás contra Josefina.

O la “premeditación”. El caso de Fernando, que metió un martillo en su mochila, esperó a su compañera de trabajo Fátima y la invitó a hablar en un cuarto de la limpieza de la empresa sobre los 500 euros que él le debía. Cuando Fátima se giró, Fernando la golpeó con el martillo, la tiró al suelo y le propinó otros 29 golpes de maza a ambos lados de la cabeza, la cara y la frente con “la clara intención de acabar con su vida”.

O el “hecho de ser mujer”. El caso de Ángel, que había alquilado un piso a Edurne y días más tarde accedió a la vivienda mientras ella dormía, la golpeó y la asfixió. Después impregnó el cuerpo de la mujer con aceite, le prendió fuego y abandonó el lugar.

O el “ejercicio de la prostitución”. El caso de Cipriano sobre Vanesa.

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