Estamos asistiendo a un momento clave de la lucha de clases en el Estado español

Vallekas lucha por su barrio
Vallekas lucha por su barrio
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Estamos asistiendo a un momento clave de la lucha de clases en el Estado español. Decía Lenin que la lucha política es la máxima expresión de la lucha de clases; podríamos añadir a ello la lucha ideológica, aunque de alguna manera esta queda incluida en la primera.

¿Cuántas veces hemos oído a activistas absolutamente imbuidos de planteamientos mecanicistas, economicistas, hacer comentarios sobre los procesos de lucha por los derechos nacionales en el Estado español, en el sentido de que estos venían a complicar, a desvirtuar la lucha de clases? Expresan así una concepción absolutamente idealista de la lucha, concepción que es el camino más directo al mecanicismo.

La lucha de clases no es únicamente el conflicto entre obrer@s y patron@s. No es  únicamente  el conflicto entre las fuerzas del trabajo y el capital. No se puede ignorar que las formaciones sociales en las que vivimos -y por tanto en las que impulsamos proyectos de transformación favorables a los sectores populares y a la naturaleza- son complejas y están atravesadas por diversas y diferentes contradicciones, entre las que está por supuesto, y con carácter principal, la contradicción de las fuerzas del trabajo y el capital. Pero si no somos capaces de comprender el conjunto de las contradicciones que atraviesan a una determinada formación social, seremos incapaces de construir un proyecto alternativo que sea capaz de generar el suficiente apoyo social y por tanto de alcanzar la  correlación de fuerzas suficiente para derrotar a la reacción.

En el caso de Castilla y del Estado español esto es absolutamente claro, porque si hay un sitio lleno de particularidades ineludibles para la construcción de un proyecto revolucionario, este es el marco geográfico-político del Estado español.

En el Estado español, además de la agudeza con que se presenta el conflicto capital/trabajo y el de género (condicionado por el carácter del sistema patriarcal como aliado estratégico e imprescindible del capitalismo primero y del imperialismo después, cuando aquel alcanza esa fase de su evolución), nos encontramos con otros problemas políticos también de primer orden como es el caso de la cuestión nacional.

No es casualidad que los primeros movimientos de resistencia potentes al proceso de reforma del franquismo, con apoyos sociales muy significativos, vinieran de los movimientos nacional-populares vasco y gallego. Y que actualmente, con todas sus contradicciones, sea el movimiento soberanista-republicano catalán el que esté generando mayores problemas a la continuidad del Régimen del 78.

Realmente estamos ante una crisis de Régimen que no acaba de cristalizar porque el proyecto de cambio no está maduro, pero eso no es nada extraordinario.

Los procesos destituyentes-constituyentes, los que de verdad lo son, se inician y se profundizan en una primera fase en su vertiente destituyente y es el progreso en esta vertiente el que va creando las condiciones para avanzar en la constituyente.

En varias de nuestra editoriales hemos señalado, ya que históricamente así ha ocurrido en general y en particular en el Estado español, que las crisis de Régimen van asociadas durante un tiempo a un endurecimiento autoritario y reaccionario, hasta que son finalmente derrotados y sustituidos por uno nuevo. Así ocurrió con el Régimen monárquico borbónico, con la puesta en marcha de la Dictadura de Primo de Rivera, antes de la proclamación de la II República; y así está ocurriendo ahora de la mano de otro Rivera, también abanderado del nacionalismo español, el más peligroso y protofascista de todos los nacionalismos existentes en la Península Ibérica. Abanderado también de un proyecto político-social inspirado por la FAES y por tanto por el neoliberalismo internacional (no olvidemos el protagonismo del Sr. Rivera en la dinamización de la contra venezolana). A este proyecto de carácter absolutamente reaccionario y antidemocrático, por mucho que pretendan disfrazarlo de modernidad, es al que están arrastrando aceleradamente al resto de las fuerzas políticas del Régimen del 78, incluido el PSOE de Pedro Sánchez. Este, traicionando todas las expectativas que había generado en las bases de ese partido y otros sectores de la izquierda social, no sólo se ha olvidado de el “No es no, Sr. Rajoy”, sino que ha formado una auténtica piña con él, sin lugar a dudas conformando lo que podríamos llamar un Gobierno de coalición de facto PP-PSOE; ya veremos lo que tarda en pasar de un estado de facto a un estado de hecho.

Otro asunto es el papel actual de ese partido de reciente creación, Podemos, el que venía para combatir y acabar con “la casta”. Tal y tal como era previsible y así lo señalábamos en nuestros escritos, una vez demostrada su incapacidad para llevar adelante los objetivos políticos que el Sistema les tenía encomendado (por una parte neutralizar al movimiento republicano-soberanista catalán y por otra absorber o neutralizar al movimiento social en la calle, y sobre todo, a l@s activistas que lo sustentaban, particularmente en Madrid), les adjudican un papel de una potencialidad absolutamente letal, pero que tampoco les va a salir bien, porque no tienen en la menor medida la “autoritas” para ello: el de la rendición ideológica.

Todo el montaje mediático que comienza con el embarazo gemelar y que finaliza, al menos de momento, con el “exilio” desde Vallekas a un chalet de lujo en una urbanización en Galapagar para dar acomodo a un “proyecto de vida familiar” (como diciendo: “ya sabéis, en Vallekas es imposible organizar un proyecto de vida digno”), es una cuestión tan miserable desde el punto de vista ideológico, pero también estético, que solo arrastrará a los que comparten esa visión del mundo y de la vida. Esa maniobra a la que podríamos denominar “embarazo subrogado del sistema” está simple y llanamente condenada al fracaso. Nuestra única recomendación a l@s inscrit@s en Podemos es que no participen en ese chantaje ideológico-emocional.

El proyecto destituyente del Régimen del 78 avanza adecuadamente; y los Procesos Constituyentes de sus alternativas se van abriendo camino. No debemos ni podemos cometer errores, lo pagaríamos muy caro.

Izquierda Castellana
                                                                                                  Castilla, 22 de mayo de 2018
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