LA VIOLENCIA DE GÉNERO ES LA MANIFESTACIÓN MÁS BRUTAL DE LAS DESIGUALDADES ENTRE HOMBRES Y MUJERES

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Se entiende por violencia de género cualquier acto violento o agresión, basados en una situación de desigualdad en el marco de un sistema de relaciones de dominación de los hombres sobre las mujeres que tenga o pueda tener como consecuencia un daño físico, sexual o psicológico, incluidas las amenazas de tales actos, la prostitución y los vientres de alquiler. La violencia de género es la manifestación más brutal de las desigualdades entre hombres y mujeres.

La violencia de género hunde sus raíces en la propia estructura de la sociedad patriarcal. Parte de una ideología que se da a través del sistema patriarcal. Cualquier sistema ideológico autoritario -y el sistema patriarcal lo es en grado sumo- necesita transmitir sus postulados de manera incuestionable con el fin de que se pueda sostener como verdades absolutas el conjunto de principios y valores en los que se inspira. En el sistema patriarcal la diferencia sexual se presenta como razón suprema, base y fundamento de la discriminación que inspira su ideología. Esa es su base: estructural e ideológica. Se imparte mediante el adoctrinamiento socializador desde el nacimiento y a lo largo de la formación del individuo como persona. Las personas así socializadas, cuando llegan a la adultez se convierten en defensoras y militantes de la ideología impuesta, y convencidas de sus valores aprendidos los propagan irremisiblemente. Consecuencias de tal proceso son la firme resistencia al cambio por parte de la sociedad en su conjunto, así como la falta de sensibilidad de cada cual frente a la violencia que sufren las mujeres.

Hay quien incide en los valores y la educación como forma de cambiar esto, por supuesto, ello será parte de la solución, pero no su totalidad ya que la base del patriarcado es estructural e ideológica. Explotación, opresión, desigualdad, cultura de la violación, discriminación laboral, violencias constantes y cotiadianas..

La violencia contra las mujeres es base del patriarcado. Y sin duda hay una reacción patriarcal al avance del feminismo, del empoderamiento de las mujeres, para tratar de frenarnos y poder seguir reproduciendo su sistema.

Las resistencias que se oponen al cambio de la ideología patriarcal son tantas y tan diversas; un ejemplo de ello es la institución judicial. Un poder judicial que pasó íntegro del franquismo a la “democracia”. La llamada “Transición democrática” preservó los mismos jueces que hubo durante la dictadura que tan solo fueron cambiando por “ley de vida”, aunque dejaron a sus herederos. La Constitución les garantiza la inamovilidad de por vida, son la casta de jueces. Entre ellos se lo guisan y se lo comen. Son lo que llamamos el “partido judicial” al servicio del Régimen.

El poder judicial instaurado por la reaccionaria Constitución del 78 es un poder acorde a la democracia para ricos en la cual vivimos. Capaz de poner presos a titiriteros, de resolver “judicialmente” el conflicto en Cataluña, de absolver a los fascistas, de tardar años y años en juzgar a los corruptos, de liberar o condenar con condenas ridículas a tantos y tantos agresores sexuales y maltratadores. En síntesis, es una justicia para los ricos, para las grandes empresas y para los hombres que defienden el sistema patriarcal.

Es hora de que pidamos responsabilidad a cada uno de los jueces que emite una sentencia injusta, es hora de hacer que asuman su responsabilidad en el mantenimiento de la violencia hacia las mujeres, es hora de denunciar a cada juez, a cada fiscal por prevaricación (“Dictar una resolución arbitraria en un asunto administrativo o judicial a sabiendas de que dicha resolución es injusta (…) La prevaricación consiste en el abuso de la posición que el derecho otorga al juez o al funcionario (…) En suma, la no aplicación de la ley o la aplicación torcida por la propia convicción del propio juez o Magistrado”). La casta judicial debe pagar por su responsabilidad en el mantenimiento y consentimiento de la violencia hacia las mujeres.

No queremos más mentiras, ni promesas, ni cambios legislativos que ni ellos mismos se creen ni por supuesto están dispuestos a aplicar. Esta justicia para machistas y para ricos es irreformable. No se pueden usar sus mecanismos para acabar con la violencia de género o con la corrupción, ni para cambiar la Constitución ni el sistema penal. No se trata de reformar la democracia capitalista y patriarcal, de cambios en leyes o de gobierno, o solo incluir más cursos con perspectiva de género…se trata de romper con el Régimen del 78, se trata de reemplazarla por un estado feminista, republicano, comunero y abolicionista de todas las violencias. Violencias que integran la prostitución, los vientres de alquiler, que se reflejan en la pornografía …. Exponentes máximos de la alianza criminal entre patriarcado y capital, espacios de dominio masculino y reproducción patriarcal, y no de una sexualidad libre y consensuada.

Cualquier cambio que busquemos provocar en las relaciones entre los sexos exige transformar la sexualidad, esa enorme construcción simbólica que se instala en las emociones, en las fantasías, en los cuerpos, en los deseos y placeres. La sexualidad que tenemos es, como todo, una construcción patriarcal, que se ha configurado en torno a un modelo heterosexual, occidental y patriarcal. En ese modelo, el placer, sobre todo el de las mujeres, se invisibiliza y se presenta como construido al servicio del hombre. Desde la infancia se impone un único modelo de heterosexualidad, donde el sujeto del discurso es el varón, lo masculino. El cuerpo de las mujeres es el lugar desde el que se teje la maraña de represión patriarcal.

El sistema patriarcal y el capitalismo reproducen esta brutal forma de violencia contras las mujeres: el primero conceptualiza a las mujeres como un objeto hecho para la satisfacción del hombre, mientras el capitalismo dice que todo objeto (la mujer es tomada como tal) es susceptible de ser comprado y explotado a fin de obtener beneficio.

Porque soy feminista, quiero que las mujeres disfruten de su sexualidad libre, recíproca, sin coacción, que nadie las compre ni las venda para dar gusto al macho.

Frente al patriarcado y su violencia, acabemos con el Régimen de 78. República feminista y Comunera

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