Rajoy se ausenta de una cumbre europea por la presencia de Kosovo

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Este jueves por la mañana, cuando empiece la Cumbre de los Balcanes en Bulgaria, el presidente español, Mariano Rajoy no estará en su silla. No es una cuestión de agenda ni de compromisos, sino de principios y perspectiva. Nada gusta menos a Rajoy que caminar en solitario, separarse del camino e ir a la contra en Europa. Pero si hay un tema prioritario para su Gobierno es el de la cuestión nacional, el independentismo y el reconocimiento internacional. Y por eso, y a pesar de las peticiones, las negociaciones y los mensajes de otros colegas y de las instituciones europeas, Rajoy no ha cedido. En la mesa, estará Kosovo. Y ésa es una línea roja que no va a traspasar.

La Cumbre de los Balcanes, que se celebrará en Sofía, busca relanzar la mirada al Este. Quiere lanzar un mensaje de cercanía, de amistad, de interés a los que están a las puertas de la Unión y confían en poder unirse más adelante, como Albania, Montenegro, Macedonia, Bosnia y Herzegovina, Serbia y Kosovo (conocidos como Western Balkan Six), que se ha convertido en un serio problema. En la UE hay cinco países que no reconocen a Kosovo: España, Grecia, Eslovaquia, Rumanía y Chipre. Los otros cuatro tienen reservas, pero sus líderes no se ausentarán. Rajoy asistirá este miércoles por la noche a la cena informal con sus colegas comunitarios, pero al día siguiente dejará su lugar a Pablo García-Berdoy, el embajador permanente de España ante la UE.

 

Nadie quiere convertir en un drama la situación y todas las partes se aferran a lo positivo. Kosovo, a que estará. España, a que no habrá una declaración firmada entre los 28 de la UE y esos seis países, que sería poner al territorio a la misma altura del resto de estados. Y la UE, porque España no ha boicoteado ni bloqueado el evento y se ha logrado una posición de encuentro a medio camino.

“Mientras no estén los elementos necesarios para que nosotros y otros estados reconozcamos al territorio de Kosovo no deberíamos actuar poniendo en riesgo una posición jurídica muy sólida. España tiene una cosa que no tienen todos, que es que le da mucha importancia a la coherencia en política exterior. Es útil para que te respeten en la Unión, hacer lo que dices que vas a hacer. No hemos hecho lobby antipresencia, no va en nuestro interés. Pero no podíamos aceptar declaración de 28+6 porque uno de esos seis no es estado reconocido por cinco de nosotros”, aseguran fuentes diplomáticas.

“El formato de la Cumbre es un desafío. Por eso estamos contentos de haber logrado una declaración apoyada por los 28. Sólo hay un jefe de Estado que no será parte del encuentro, pero el país estará representado. Hay que felicitar a la diplomacia europea, que ha logrado encontrar un lenguaje que ha logrado el apoyo también de España”, coincide una alta fuente europea en Bruselas.

El proceso ha sido un tira y afloja largo y muy costoso. España no quería de ninguna manera a Kosovo en la sala como uno más y está rabiosa con los movimientos de la Comisión Europea hacia la región. Pero no ha tenido más remedio que ceder por el consenso casi absoluto de que su presencia era necesaria. Durante meses se ha trabajado en la Declaración que aprobarán los jefes de Estado y de Gobierno. Una mucho menos ambiciosa que la última que se hizo en ese sentido, hace 15 años en Tesalónica. Ya no se habla de futura pertenencia, de adhesión o ampliación, y eso ha sido al menos suficiente para que Moncloa diese el visto bueno y acepte firmar. “En 2008 se explicaron las decisiones para no reconocer a Kosovo. Lo que hizo entonces el Gobierno español fue jurídicamente impecable y las cosas no han cambiado. Ser coherente con la decisión, con la de un Gobierno anterior, es una señal de seriedad. Si al mismo tiempo lo haces compatible con que el resultado sea positivo con la región, bueno para Europa y los Balcanes, perfecto”, añaden las mismas fuentes diplomáticas.

“Francamente, no teníamos grandes esperanzas de que viniera a la Cumbre. No es que hubiera peticiones de Rajoy que no pudiéramos cumplir. Fue muy claro desde el principio: debido a la posición de España sobre el estatus de Kosovo, el primer ministro no tenía intención de participar. Por eso estamos muy contentos de que haya una declaración a 28 y que España vaya a estar representada”, zanjan en Bruselas, al menos por ahora.

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