Preparando la Guerra

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La guerra es el instrumento tradicional a través del cual el capitalismo pretende superar las crisis estructurales más profundas. Lo que está ocurriendo con la política de Trump no se aparta lo más mínimo de esa tradición.

El capitalismo yanqui está inmerso en una profunda y larga crisis estructural y la victoria de Donald Trump en las últimas elecciones presidenciales supone abrir las puertas de par en par al camino de la guerra. Cuando hablamos de guerra no nos estamos refiriendo a una intervención militar en tal o cual país para defender los intereses imperiales de los EE.UU. No, nos estamos refiriendo a la apertura de un proceso de globalización de la guerra, a la puesta en marcha de la guerra como el eje prioritario para dar solución a los problemas internos y externos que afectan a la gran potencia imperialista, pero en decadencia, que son los EEUU de Norteamérica.

En las cuatro editoriales que publicamos sobre la llegada a la presidencia de los EEUU de Trump , ( “Piensa en grande y patea traseros en los negocios y la vida”,  DONALD TRUMP II PARTE, El asalto a la razón y a la civilización,Si somos buen@s navegantes, no tenemos que temer a las tormentas.) rechazábamos las simplezas argumentales que se hacían en la mayor parte de los medios de comunicación sobre el significado de tal cuestión. Y alertábamos sobre lo que realmente estaba pasando: El nazi-fascismo fue un proyecto ideológico-político-militar completamente bárbaro, pero tremendamente exitoso desde el punto de vista social en Europa en las décadas de los años veinte y treinta del pasado siglo, hasta que a mediados de los años cuarenta fue derrotado en el plano militar esencialmente por la URSS.

Si el nazi-fascismo no hubiera sido derrotado militarmente, hoy seguramente ese modelo bárbaro y brutal del capitalismo seguiría vigente.

Es decir, a Trump y a sus políticas hay que tomárselas muy en serio, porque articulan un proyecto absolutamente salvaje y depredador, pero bien diseñado, incluyendo el sujeto político que tiene que darle apoyo, tal como ocurría con el proyecto nazi en el Reich”.

Desgraciadamente esas previsiones se están cumpliendo y hemos entrado ya en una fase dramática de su evolución.

La retirada de los EE.UU. del Pacto Nuclear con Irán supone atravesar un punto de no-retorno.

Trump ha tomado un conjunto de medidas que suponen un refuerzo de la unilateralidad de los EE.UU., pero que hasta ahora afectaban a los ámbitos comerciales, de inmigración, etc. La retirada del Pacto Nuclear con Irán conlleva explícitamente dar luz verde a la política de guerra, en principio hacia Irán. Ni 48h ha tardado el ejército israelí en ponerse en acción. A nadie se le escapa que un conflicto abierto de carácter militar con Irán, cuya finalidad sea la de rediseñar la realidad geoestratégica en esa parte del mundo, con una implicación directa de Israel y Arabia Saudí así como de los propios EE.UU., será de muy difícil delimitación. Igualmente, las posibilidades de extensión de ese conflicto tienen una potencialidad tan grande que serán de muy difícil control.

En cualquier caso, esa guerra de carácter regional, por las características de la zona, tendrá unas gravísimas repercusiones internacionales. Irán obviamente no es Libia; y eso lo saben perfectamente todos los que están en esta cuestión.

La historia, para bien o para mal, está en un intenso proceso de aceleración. La expectativa de un escenario de guerra intensa y extensa que desde luego afectaría muy directamente a los pueblos del Estado español, está ahí, en marcha. Parece claro que una tarea de la gente de bien es denunciar lo que está pasando y exigir que se tomen las medidas para que no se avance más en el camino de la guerra.

Simplemente acordémonos de la guerra contra Irak, que por cierto, en relación con la que nos están preparando se quedaría en un juego de niños. A ese respecto, mucho ojo con el neo-aznarismo encarnado en Ciudadanos.

Izquierda Castellana

Castilla, a 10 de mayo de 2018

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