Niebla espesa

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La derecha española está inmersa en una profunda crisis, que es simultáneamente causa y efecto de la, a su vez, profunda crisis del Régimen del 78.

Desde la crisis de UCD, la caída de Adolfo Suárez y el Golpe del 23-F de 1981, no se asistía a una situación tan complicada para la Monarquía postfranquista. Pero incluso en comparación con aquella coyuntura, la de ahora es más dramática para el Sistema, porque en aquel entonces tenían opciones que jugar, como fue la del PSOE en 1982, que crearía unas ciertas expectativas sociales. Ahora se está en un final de ciclo, en una crisis terminal, aunque esta se pueda alargar como algunas agonías de forma insidiosa. Actualmente ya no les quedan conejos para sacar de la chistera, como mucho algún gato tiñoso, tipo Ciudadanos.

En la actual crisis del Régimen podríamos diferenciar varios niveles. En primer lugar el de las propias contradicciones generadas por las disfunciones de diseño de este. Entre ellas, y de forma muy destacada, está la de la organización territorial. No nos referimos sólo a las limitaciones del Sistema autonómico para dar soluciones a las aspiraciones democráticas de los diversos Pueblos; nos referimos muy especialmente a la imposible normalización de las imposibles Comunidades Autónomas creadas al calor del café para tod@s, tal como es el caso de Madrid. Autonomía por cierto impuesta en su momento por el Pujolismo, que, entre otras, puso como condición para apoyar al Régimen del 78 que Madrid se disgregara de Castilla, sobre la base de que una comunidad castellana con Madrid incorporada tendría un peso específico en el conjunto del Estado demasiado grande.

Madrid, además de ser un foco principal de la corrupción sistémica, no tiene sentido disociada del conjunto de Castilla. Esa afuncionalidad de origen es uno de los motivos, y no menor, de la crisis continua en la que vive esa Autonomía artificial.

Por supuesto, en esas disfunciones que tienen su origen en el propio diseño del Régimen está también la ausencia de unas instituciones acordes con un Régimen democrático y moderno, que se expresan muy especialmente en los casos de la administración de justicia y de las fuerzas policiales.

Durante todos estos años nos han estado contando la milonga de que este Régimen era perfectamente homologable a las democracias parlamentarias europeas. Pero resulta que no, que en cuanto hay que contemplarse en el espejo europeo, la imagen que se refleja es ciertamente atroz. Podríamos decir  inasumible para una parte de la opinión pública que por ignorancia o interés creía que los estándares democráticos aquí eran similares a los del Reino Unido, Alemania, etc.

La internacionalización del movimiento soberanista-republicano catalán ha tenido un papel de gran relevancia en ese proceso de clarificación que está teniendo importantísimas consecuencias en la subjetividad social.

Las tensiones que genera el Régimen del 78 con el conjunto social sobre el que ejerce su dominio es otro terreno de primer orden. A las que ya venían manifestándose tradicionalmente se añade, con una extensión e intensidad impresionante, el movimiento feminista, el movimiento en defensa de los derechos de las mujeres que se ha expresado con rotundidad ante una sentencia como es la del caso de “La Manada”. Simplemente de vergüenza.

El último elemento de la agudización de las contradicciones que se intensifica aceleradamente y que nos interesa destacar es la crisis específica de la representación política de la derecha española, por cierto de una gran rudeza. En nuestra opinión, detrás de ello hay dos formas de concebir las alternativas a la situación actual: PP-Rajoy por un lado, Ciudadanos–Aznar por el otro.

Ciudadanos, que de derecha moderna, democrática y regeneracionista no tiene absolutamente nada. Por el contrario responde cada vez más al proyecto político de Aznar y la FAES, de la cual recibió todas las bendiciones, pretende, tal como Aznar defiende, profundizar en la involución centralista, autoritaria y neoliberal del Estado español. Su línea es la de la confrontación pura y dura con todos los movimientos populares, sean de la naturaleza que sean. Su línea es la del conflicto civil como método político. Tenemos la experiencia histórica del aznarato, especialmente en su segunda legislatura (2000-2004): Guerra de Irak, manipulación obscena e irresponsable de los atentados del 11-M en Madrid…

Por otro lado tenemos al PP de Mariano Rajoy, cada vez más inoperante. Lastrado por todos los casos de corrupción, que suelen tener su origen en la época del aznarato, pero que es en los últimos tiempos cuando han alcanzado una mayor repercusión socio-política. Dentro de este PP, a su vez hay muchas dudas sobre cómo situarse ante el fenómeno Ciudadanos, lo cual está intensificando las contradicciones en su seno, que se han expresado de forma muy clara en la celebración del 2 de mayo en Madrid, con la Vicepresidenta del Gobierno y la Ministra de Defensa ignorándose mutuamente. No llegaron en su actitud a la impostura de la familia real en Mallorca, pero poco les faltó.

Las cosas no pintan bien para el Régimen del 78. El Plan de Estabilización para los próximos años, presentado por el Gobierno de Mariano Rajoy en Europa, que supone recortes muy significativos en todos los servicios públicos, augura una vuelta de tuerca más en el ataque a las condiciones de vida del conjunto de la sociedad. Ataque al que sin duda se responderá desde los movimientos sociales.

Es tiempo de organizar el cambio de Régimen; seguir con este es simplemente suicida. Las Jornadas Constituyentes Doris Benegas y la movilización de Jaque al Rey serán momentos importantes para avanzar en ese camino.

Izquierda Castellana

Castilla, a 4 de mayo de 2018

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