Sexo, mentiras y un pijama

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¿Qué diputado fue cazado robando un pijama en Londres? ¿A qué expresidente fotografiaron, en su escaño, mirando fotos de chicas desnudas? ¿Qué presidenta de partido huyó, derribando una moto, para evitar una multa de aparcamiento? La lista de políticos pillados en conductas inapropiadas, cometiendo una irregularidad, o simplemente haciendo comentarios comprometidos es extensa.

El capítulo parlamentario da para un amplio anecdotario. Es sorprendente la confianza con la que algunos diputados aprovechan las sesiones plenarias para despachar asuntos personales. Como la socialista Lola Gay, que en el 2008 fue retratada en su escaño de las Corts valencianas buscando piezas de lencería en la página web de Privalia. O el también diputado valenciano Luis Díaz Alperi, exalcalde de Alicante, del PP, al que un fotógrafo cazó en el 2013 cortándose las uñas en su escaño.

 

Más polémico fue el episodio del diputado popular Miguel Ángel Pérez Huysmans, al que pillaron en la Asamblea de Madrid junto a sus compañeros de escaño Colomán Trabado y Manuel Troitiño, mirando una web porno en su ordenador mientras una diputada socialista defendía en el pleno una iniciativa a favor de las mujeres maltratadas. Primero lo negaron, pero acabaron admitiéndolo y el PP les abrió un expediente. También Miguel Ángel Revilla fue fotografiado en el 2014 durante una sesión en el Parlamento de Cantabria mientras el expresidente ojeaba en su escaño fotos de mujeres desnudas en la revista Interviú. Y eso que intentó taparlo con unos folios .

Menos procaz fue la distracción de los diputados del PP Bartolomé González y María Isabel Redondo, pillados en el 2013, jugando en su móvil al Apalabrados en la Asamblea de Madrid. Como Celia Villalobos, que siendo vicepresidenta del Congreso, en febrero del 2015, se puso a jugar en su tableta al Frozen Free Fall durante el debate del Estado de la Nación, una imagen que se hizo viral y provocó indignación en las redes sociales.

También fue muy mediático el incidente de Esperanza Aguirre en abril de 2014 con la policía municipal madrileña, que la persiguió hasta su casa. La entonces presidenta del PP de Madrid había aparcado su coche en el carril bus y al volver, viendo que la estaban multando, arrancó el coche, tiró una moto y huyó.

 

No hubo consecuencias para Aguirre, pero sí, en 1986, para el diputado de Coalición Popular José Miguel Bravo de Laguna. Como a Cifuentes, se le deslizó un pijama en una bolsa en unos grandes almacenes londinenses. Le costó el cargo de secretario general del Partido Liberal, aunque mantuvo su escaño en el Congreso.

Más reciente, en el 2013, Miguel Ángel Rodríguez, portavoz del Gobierno con José María Aznar, chocó contra tres coches aparcados y cuadruplicó la tasa de alcohol permitida. Pidió perdón por su conducta. El diputado del PP Nacho Uriarte tuvo que dimitir en el 2010 como vocal en la comisión de Seguridad Vial del Congreso al ser sorprendido ebrio en un control.

También perdió su plaza de magistrado del Tribunal Constitucional Enrique López, en 2014, tras ser pillado en moto sin casco y con una tasa de alcoholemia cuatro veces superior al máximo legal.

Ya en el terreno de lo anecdótico hay que situar las metidas de pata de políticos ante micrófonos abiertos. Como el socialista José Bono, pillado en el 2004, diciendo a Ibarra: “Nuestro colega Blair es un gilipollas integral” (por recibir a Mariano Rajoy). O el “mañana tengo el coñazo del desfile” que se le escapó a Rajoy en el 2008.

 

Las situaciones comprometidas traspasan fronteras. En el 2014, un semanario francés publicó un reportaje de las escapadas nocturnas del entonces presidente François Hollande al apartamento de la actriz Julie Gayet; eran amantes. Más grave fue el vídeo que ese año desvelaron dos diarios de Toronto, en el que el alcalde, Rob Ford, fumaba crack; también salió una grabación en la que profería insultos homófobos, sexistas y racistas. Ford, consumidor de drogas y alcohol, recibió tratamiento sin dejar el cargo, aunque no optó a la reelección. En cambio, la ministra sueca Aida Hadzialic dimitió en el 2016 tras haber sido sorprendida conduciendo ebria.

En el apartado de engaños, las consecuencias van también por países. El presidente de Hungría Pál Schmitt dimitió en el 2012 por el escándalo del plagio de su tesis doctoral. En Alemania también han dimitido dos ministros por plagiar sus tesis, Karl Theodor zu Guttenberg (Defensa) y Annette Schavan (Educación). Y en Gran Bretaña, Chris Huhne dimitió en el 2012 como ministro de Energía por intentar ocultar en el 2003 una infracción de tráfico.

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