Ginecología, mujer y discapacidad

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Las mujeres con discapacidad también necesitan ir al ginecólogo. Recordemos que, aunque no sean comprendidas por su especificidad física, movilidad o expresión oral, son también mujeres que menstrúan están en riesgo de tener cáncer de mama o de útero, pueden tener endometriosis o el virus del papiloma humano. Y es que, de las 3.847.900 personas con discapacidad, más de 2,30 millones son mujeres frente a 1,55 millones que  son hombres.

La tasa de discapacidad es superior en mujeres a partir de los 45 años. Las estadísticas se invierten en edad inferior a los 44 años[1]. Ese ejército de marginadas precisa una atención médica especializada adecuada a su morfología corporal. Cuando una mujer con discapacidad física va al ginecólogo, dicho especialista suele ser hombre que no se pone, en absoluto, en su piel ni por su sexo, ni por su discapacidad. La paciente se queja de la actuación ansiosa y falta de cortesía del personal médico.

El galeno suele mostrarse nervioso y retrasar las revisiones de rigor  (sobre todo en discapacidades espásticas como las secuelas de parálisis cerebral), con lo que las revisiones se espacian más de lo aconsejable. Así, el facultativo, haciendo gala de un mal disimulado ataque de discafobia (aversión o fobia a  las personas con discapacidad), se muestra reacio a atenderla, dados los problemas físicos para hacer el transvase a la camilla, demasiado alta desde la silla de ruedas, o para hacerse una mamografía por la forma en que tiene que hacerse: de pie, soportando la presión en las mamas y con una falta de estabilidad física que obstaculiza la ejecución de esta prueba. Dichas irregularidades inciden negativamente en  la salud íntima de la mujer. Así, con cierta frecuencia, total impunidad y silencio, la mujer con discapacidad es desatendida, llegando a ser esterilizada, cosa que un  examen riguroso y a tiempo que detecte  miomas y quistes antes de que se incrementen de tamaño o se hagan cancerosos, podría haber evitado .

Aunque parezca evidente, creo esencial reconocer los derechos sanitarios para las personas con discapacidad, en especial, para las mujeres. Derechos entre los que incluiría una sanidad accesible para todos y todas, además de un mínimo tratamiento humano.

Mari Mar Molpeceres, Licenciada en Geografía e Historia por la UAM, feminista y activista por los derechos de las personas con discapacidad
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