Cueto se moviliza contra el Metro-TUS cuarenta años después del boicot de las 13 pesetas

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  • Los promotores de aquella protesta aseguran que se pueden establecer “paralelismos” con el descontento motivado actualmente por el Metro-TUS

Los vecinos de Cueto se alzaron en 1977 contra el servicio de autobús que entonces conectaba este pueblo santanderino con el centro de la capital cántabra. Reclamaron, de la mano de la Asociación de Vecinos, un sistema de transportes digno mediante diversas acciones que finalmente dieron sus frutos. Hoy, 40 años más tarde, el descontento motivado por la nueva red de transporte urbano -el conocido como Metro-TUS, impulsado por el equipo de Gobierno del PP y con mes y medio de funcionamiento-, les retrotrae a aquellos tiempos con los que, según recalcan, “se pueden establecer paralelismos”.

En octubre de 1977, en el marco de un auge de los movimientos vecinales, residentes del pueblo de Cueto decidieron movilizarse exigiendo descuentos en el transporte para estudiantes y para trabajadores que hacían un uso habitual del mismo. Concretamente, pedían que la empresa privada ‘Pancho’ -entonces concesionaria-, rebajara de 13 a 10 pesetas el precio del billete. Asimismo, solicitaban mayor frecuencia horaria y que se municipalizase el servicio, demanda que se consiguió en 1994.

“Íbamos como sardinas en lata”, recuerda Pedro Manuel González, trabajador e integrante de la Asociación de Vecinos que participó de forma activa en las actuaciones llevadas a cabo en aquella época. “Pedíamos unos pases que suponían un 23% de descuento”, señala en conversación con este medio. Además de ello, González hace hincapié en que también reclamaban que hubiese “un proceso de participación democrático”, es decir, que “se tuviese en cuenta a los ciudadanos de Cueto”.

Ante este panorama, el 12 de octubre tomaron la decisión, tras la celebración de una asamblea en la que participaron 50 personas, de bloquear el paso del autobús con una sentada en la carretera. Llegaron a sumarse a la iniciativa hasta 200 personas que, según recoge La Gaceta del Norte en su ejemplar del día siguiente, “abrían filas cada vez que cualquier otro vehículo que no fuera el autobús secuestrado discurría por el lugar”. “A mí me temblaban las piernas por la que se podría haber armado allí si hubiesen llegado los grises…”, reconoce González.

Media hora duró aquella acción reivindicativa que concluyó con la idea, tal y como se acordó en la reunión vecinal previa, de llevar a cabo un boicot al autobús los días 17 y 18, lunes y martes respectivamente, y que finalmente se alargó hasta el 27. “No existieron piquetes ni violencia, solo hubo unidad entre los vecinos mientras la ‘camioneta’ -que así llamaban al vehículo- circulaba vacía”, recuerdan desde la asociación en una convocatoria celebrada 10 años más tarde para conmemorar aquellos hechos.

“La gente se organizó para ir al Sardinero con sus coches, recogiendo y dejando a gente en las paradas de autobús”, explica González. Se celebraron dos asambleas: una el día 18 en la que se acordó alargar el boicot y otra el 27 que puso fin al mismo. Este activista subraya que tuvieron lugar en un cine con un aforo para 400 o 500 personas y que “allí había entre 1.000 y 2.000, estaba abarrotado”. En este espacio, que ya no funcionaba como cine, “se había instalado un ring de boxeo y las sillas estaban colocadas en torno a él, por lo que era más emocionante”. “Daba la impresión de ser una batalla auténtica”, exclama entre risas este representante vecinal de Cueto.

El Diario Montañés y el diario Alerta siguieron el transcurso de las diferentes jornadas de boicot, tal y como se puede observar en sus páginas, hasta la consecución del acuerdo final entre ambas partes, en el que se atendieron las peticiones de los vecinos de este pueblo de Santander. “Salió muy bien”, asegura con satisfacción González.

Paralelismos

Este ciudadano de Cueto, implicado actualmente también con el movimiento vecinal contra el Metro-TUS, establece una serie de paralelismos entre lo que ocurrió entonces y lo que pasa actualmente 40 años después. “Pedimos que se vuelva al sistema anterior, pero además que haya participación, al igual que reclamamos en 1977”, recalca. González afirma que la asociación pidió en enero por escrito, tras hacerlo de forma verbal, que representantes del equipo de Gobierno de Santander “subiesen a Cueto a explicar ese plan que según ellos era tan bueno”.”No subieron y siguen sin hacerlo”, apunta.

González, en nombre del colectivo, recrimina a la alcaldesa, Gema Igual (PP), que diga que los vecinos de Cueto “se niegan a hablar”. “No nos negamos, exigimos al Ayuntamiento y a la Universidad de Cantabria que suban a explicar las cosas”, subraya. “Nosotros no tenemos que bajar, que suban ellos”, insiste.

Por otro lado, González recuerda que hace cuarenta años les decían que “éramos unos políticos y unos rojos”. “Ahora nos dicen lo mismo, que somos políticos y que vamos en contra del PP, lo cual es un poco triste”, resalta.  Además, “h oy en día no hay grises, pero sí una Ley Mordaza”, sostiene estableciendo otro paralelismo con la actualidad.

Por otra parte, lamenta que argumenten que “no cogen el autobús”. “Yo lo cojo muy poco, pero lo cogen mi padre con 88 años, que ahora no puede, mis hijos, mi hermana y mis vecinos, y les representamos a todos”, subraya. Asimismo, pone sobre la mesa la posibilidad de que, tras el gasto de siete millones de euros que ha supuesto este servicio, “tenga que venir una empresa privada a arreglarlo”, después de que, tal y como recuerda, se consiguiese su municipalización.

En definitiva, González subraya que “hay un punto de desgracia, ya que después de 40 años seguimos igual, y un punto de suerte, puesto que la gente se ha vuelto a movilizar”. “Tenemos que estar pendientes de que los gobernantes no nos hagan estas tropelías porque si lo estuviésemos no nos las hacían”, asegura.

“No queremos hacer ningún boicot, pero si nos obligan… lo haremos”, advierte. “Les paramos 15 días o lo que haga falta”, insiste. Para ello, explica que utilizarían coches para hacer el trayecto y señala que tienen más facilidades que entonces.  “Volvemos 40 años atrás y no queremos”, concluye indignado este vecino.

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