Deseos, derechos y leyes de mercado

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La semana pasada, en una charla sobre “gestación subrogada”, en el turno de preguntas una mujer del público comentaba que ella con su capacidad reproductiva hacía lo que le salía del moño, y, muy acertadamente, la ponente le respondía que ella se alegraba de que en el Estado español exista legislación que impida que cada persona, individualmente, haga lo que le dé la soberana gana con su cuerpo, con partes de su cuerpo o con sus capacidades. Y el ejemplo que puso es que ella pensaba que era una ventaja que la legislación española le impida comprar un riñón, porque quizá se le pasase por la cabeza hacerlo si estuviera muriéndose de una enfermedad terminal, y que también era una ventaja que la gente sepa que no puede vender un riñón, por más que piense que con sus riñones puede hacer lo que quiera que para eso son suyos. En fin, que tiene que existir un marco legal y jurídico que construya el “bien común” por encima de los deseos individuales, y que proteja los derechos de todas las personas, absolutamente de todas, de las necesidades, de los deseos individuales, y de la voracidad del mercado.

Sabemos que estamos asistiendo en los últimos tiempos a nuevos debates sobre los deseos y los derechos, debates que han pasado a ocupar un lugar central en la agenda política y en la agenda social. Particularmente en clave de derechos versus deseos quiero señalar tres de estos debates; la prostitución, la “gestación subrogada”, y las migraciones.

En los, cada vez más frecuentes, debates sobre prostitución, la agenda patriarcapitalista está introduciendo nuevos temas, como la asistencia sexual y la pornografía, vendiéndolos como el summun del empoderamiento para quienes decidan dedicarse a ellos libre, voluntaria y soberanamente. Tanto la prostitución como la asistencia sexual y la pornografía se tratan por separado en las agendas (al igual que la trata), por si hubiera alguna reticencia aun con la prostitución entre las bienpensantes mentes de izquierdas, desligándo las causas y las consecuencias de cada uno de ellos. Sin embargo sabemos que son la misma cosa, se trata de explotación sexual, de esclavitud y de violencia.

¿Cómo podemos dar la vuelta a esto? se preguntan las y los defensores de la libertad, muy fácil, presentándolos como derechos inalienables: la prostitución es el derecho de las mujeres a venderse, como otras personas venden su fuerza de trabajo, o su capacidad intelectual, las mujeres que eligen “libremente” prostituirse, nos dicen, venden su cuerpo, y ¿qué hay de malo en ello?; la asistencia sexual nos la meten con calzador diciendo que existe el derecho a tener sexo….¿dónde está recogido ese derecho? Que me lo digan, yo nunca lo he visto, sin embargo, dicen que hay personas que por sus características, discapacidad, por ejemplo, no pueden tener sexo, y por eso lo tienen que comprar…y ahí está el mercado, raudo y veloz, para satisfacer ese ¿derecho? o ¿deseo?; y ¿qué sucede con la pornografía?, existe por lo visto un derecho a rodar pornografía, a comprarla y a disfrutar viendo como las mujeres son violadas y tratadas como mercancía, y ese derecho, ¿sabéis por qué existe? Bingo!!! Porque el mercado vuelve a mandar y nos dice que la libertad es el bien supremo, y que en aras de esa libertad, todos tus deseos pasan a ser órdenes para el mercado y, por tanto, son automáticamente convertidos en derechos.

las personas que burlan la ley, delincuentes, así las he llamado yo siempre, aparecen a la luz de sus privilegios como héroes y heroínas populares que han logrado satisfacer su deseo más profundo,

Con la explotación reproductiva, llamada gestación subrogada o gestación por sustitución en las propuestas para su legalización en el Estado español, que no reglamentación, pues está reglamentada y está prohibida, totalmente prohibida, y popularmente conocida como “vientres de alquiler”, sucede algo similar al debate sobre prostitución. Charlas, tertulias, propuestas de ley de diversos partidos políticos, mujeres, hombres y todo el mundo opinando en todos los sitios sobre el tema, hasta en los programas de entretenimiento de la tele.¿por qué?, resulta que se ha puesto de moda comprar la capacidad reproductiva de mujeres y obtener de esa compra un bebé, o dos, esos si, bebés la mar de parecidos(as) a quienes los compran.

La moda se ha extendido como un reguero de pólvora entre el famoseo patrio que cuenta a quien quiera escuchar que es muy, muy, feliz porque por fin ha cumplido con el ¿deseo? o ¿derecho? de su vida, que es ser papá o mamá de un(a) flamante bebé de reciente adquisición en lugares como Estados Unidos, Ucrania, India o México, por un no tan módico precio. Y, sobre todo, cuenta que en este país estamos poniendo trabas a la felicidad de muchas personas que quieren comprar bebés, y no se los pueden pagar. Y va, y este sinsentido, esta compraventa de seres humanos, es aceptada por mucha gente, y lo que es peor, es aceptada por partidos políticos y la quieren elevar a derecho, porque otra vez, una más, el mercado es dios.

Y las personas que burlan la ley, delincuentes, así las he llamado yo siempre, aparecen a la luz de sus privilegios como héroes y heroínas populares que han logrado satisfacer su deseo más profundo, aquel sin cuyo cumplimiento seguramente morirían, sin importarles, eso si, que lo que están haciendo contraviene la dignidad y la igualdad de todas las personas, y más concretamente, vulnera los derechos de las mujeres, entre los que no está, recuerdo para quien se despiste, el derecho a vender su capacidad reproductiva.

Y mientras nos inventamos nuevos “derechos” inexistentes, pero que en virtud de la cantidad de dinero que se pueda invertir en ellos o que se pueda conseguir a través de ellos, y, por supuesto, del número de votos que se pueda obtener si son consagrados por la ley, resulta que no se están garantizando los derechos que si están recogidos en las leyes y declaraciones, y quizá el más sangrante sea el el derecho a migrar.

El artículo 13 de la Declaración de los Derechos Humanos dice que todas las personas tenemos derecho a movernos libremente, a migrar por cualquier motivo y a fijar nuestra residencia donde queramos….¡qué bueno sería si fuera cierto! Este derecho universal, inherente a todas las personas, no solo no se cumple sino que a quienes pretenden hacerlo efectivo, migrantes, refugiadas, defensoras, se les criminaliza y persigue, a estas si, como a delincuentes y se les condena muchas veces a una muerte segura.

Y esto ¿por qué sucede?, pues porque estas personas no le son funcionales al mercado, cuando lo han sido, no ha habido problema para migrar, cuando el mercado laboral a la antigua usanza se ha derrumbado, lo “no necesario”, “lo desechable” es lo primero en ser eliminado, y se cierran fronteras, y se cierran ojos, y se cierran corazones, ante las más vulnerables.

Solo quienes le sigan siendo necesarias al mercado, mujeres jóvenes, niñas, aquellas que la demanda reclame para explotarlas de mil maneras, seguirán siendo “expulsadas” de sus países empobrecidos y recibidas en este para satisfacer los deseos de privilegiados(as), deseos convertidos por arte del sacrosanto patriarcapitalismo en derechos solo para una parte de la población, y debatidos, eso si, en agendas políticas y sociales, mientras los verdaderos derechos, los que todas deberíamos tener, ni siquiera están garantizados.

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