Guindos irá al BCE sin sanear la banca: aún hay 131.400 millones de activos tóxicos

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“En España no hubo rescate”, sólo “una línea financiera preferente de Europa” que se devolverá “sin coste alguno” para el contribuyente España. Palabra de Luis de Guindos. A los pocos meses de asumir el cargo de plenipotenciario ministro de Economía, al inicio de 2012. Una legislatura y media después, también bajo su dirección ministerial, se elude la quiebra del Banco Popular, técnicamente en ciernes, que pasa a manos del Santander por el simbólico precio de un euro. Una operación que evitó, según Guindos, que el dinero público acudiera al rescate de una nueva entidad financiera y que podría catalogarse como el último epitafio de su espíritu reformista. El mismo que le otorga, a su juicio, tal y como enfatizó durante su comparecencia en el Comité se Asuntos Económicos y Financieros de la Eurocámara -que le retiró, apenas una semana antes de su designación oficial como vicepresidente del BCE, por parte de sus colegas del Eurogrupo, su apoyo al cargo-, un aval especial: haber ejercido como arquitecto “de un saneamiento financiero sin igual” en la zona del euro. Irónicamente, su plácet hacia el BCE coincide con una investigación de la Audiencia Nacional para diseccionar la autopsia del Popular e indagar judicialmente en las causas que provocaron la suspensión de pagos técnica del cuarto banco del país. En busca de responsabilidades. Sin duda, ejecutivas y directivas, aunque también, y presumiblemente, de supervisión y, por inercia, políticas.

El interim management de Guindos como titular de Economía ha sido altamente costoso para las arcas españolas. No sólo porque el propio Banco de España, institución cuya cúpula modeló a su antojo al comienzo de su trayectoria ministerial, valore en más de nueve dígitos el precio de la reestructuración del sistema bancario. Sino porque los activos tóxicos, encriptados con suma e inusual celeridad y de forma más opaca que transparente en el Sareb -el banco malo diseñado para sacar al mercado las propiedades inmobiliarias que lastraban los balances de las entidades financieras-, están lejos todavía de desaparecer. Dicho de otro modo. El “saneamiento sin igual”, del que hace gala Guindos, brilla por su ausencia. En casi toda Europa. Pero de manera elocuente en España. Así lo atestigua la propia industria bancaria de la eurozona en su último Reporting of Financial Information (FINREP) que, curiosamente, envía periódicamente al BCE y a otros entes reguladores, como el Banco de Inglaterra, para su consecuente -y conveniente- supervisión.

Escasa regeneración de los balances bancarios

En este documento sobre sus estados financiero-contables, los bancos europeos admiten tener casi un billón de activos tóxicos aún sin extirpar. A poco más de seis meses de los diez años del estallido de la crisis. Y España figura en el tercer lugar del escalafón, tras Italia y Francia, con más de 131.400 millones de euros de cartera crediticia de dudosa calidad.

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Fuente: Banco Central Europeo, FINREP Banks  / BLOOMBERG​

De igual modo la supuesta eficiencia transformadora del modelo financiero español de la que se jacta Guindos habría que cogerla con pinzas, su mensaje de compromiso con la independencia del BCE también queda en tela de juicio. Por su condición de político en ejercicio. Algo que nunca había ocurrido en los más de 20 años de existencia de la entidad emisora europea, que inició su andadura, bajo su primer consejo ejecutivo, en 1997. Pero también porque, desde su sillón de vicepresidente, al arquitecto de las sucesivas reformas financieras en España, ¿le temblará el pulso a la hora de exigir a los bancos españoles nuevos requerimientos y obligaciones de liquidez y calidad crediticia? O, por el contrario, ¿sucumbirá ante un sector que ha callado, sin remedio y sin penitencia, ante la venta testimonial de su cuarto banco al mejor postor? Por un euro. Y sin luz ni taquígrafos. Tampoco parece un aval suficientemente verídico su experiencia reformista. Porque en los seis años al frente del ministerio, Guindos no ha promovido cambios legislativos que contribuyeran a la supresión de las cláusulas abusivas en el negocio inmobiliario, ni a aportar claridad y seguridad jurídica en su modificada la Ley Hipotecaria, ni ha impulsado mecanismos como la dación en pago, stricto sensu, para paliar los efectos perniciosos de la crisis en España. Más bien al contrario, sus virajes normativos, o han llegado tarde, una vez los jueces de primera instancia pidieron auxilio interpretativo al Tribunal de Justicia de la UE sobre la devolución de las cláusulas suelo sin límites de retroactividad, en contra del criterio que sentenció previamente el Tribunal Supremo, o se han posicionado claramente del lado de los agentes intermediarios en la compraventa de viviendas -desde notarios y registradores, hasta firmas de tasación- y, por ende, de los bancos que dieron pábulo a las hipotecas durante los años de bonanza constructora y bajos tipos de interés.

Un billón de créditos de baja calidad en Europa

En concreto, los bancos europeos reconocen 944.000 millones de euros de activos dudosos en sus balances. Una losa demasiado pesada como para proclamar la recuperación de la economía del euro. Por más que la coyuntura sea propicia. En 2017, dos años más tarde de los ocho que empleó el espacio monetario común en restablecer el tamaño de su PIB previo a la quiebra de Lehman Brothers, los diecinueve socios del euro registraron un crecimiento del 2,5%; el de más vigor desde entonces, según Eurostat. Ritmo superior al de EEUU y Japón y que podría prolongar este ejercicio su dinamismo. Gilles Moec, economista de BofA Merrill Lynch, estima que la zona del euro disfruta de vientos favorables, al pasar de la estanflación que perduró hasta hace unos años a un dinamismo sin presiones de precios. Pero resalta que este estado de euforia en el euro estará sometido a vaivenes políticos, en alusión a “la futura gestión de sus sistemas financieros”, ineludible si se quiere consolidar el área monetaria frente a próximas crisis, lo que demanda “un nuevo esfuerzo de integración, fiscal, bancaria y política” que sólo puede auspiciarse desde el eje franco-alemán, y al resultado del Brexit y del escenario financiero e institucional en Grecia. Sin olvidarse de Italia, el mayor foco en ciernes de un próximo polvorín bancario que podría contagiar a sus rivales; especialmente, en España y Francia. O al Deutche Bank, que acapara casi toda la toxicidad de la estructura financiera alemana y que, hasta ahora, ha sobrevivido gracias a la influencia del gabinete de Angela Merkel. Con Wolfgang Schäuble (ministro de Hacienda alemán) y Jens Weidmann, presidente del Bundesbank y, según casi todas las apuestas, el ticket que gestionará, junto a Guindos, la jefatura del BCE, como máximos exponentes de la estrategia de protección sobre el mayor banco germano.

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Fuente: Banco Central Europeo, 2º Trimestre de 2017 / BLOOMBERG

El perfil del BCE que reclama Berlín

Este es el escenario con el que estrenará Guindos su nuevo rol de vicepresidente del BCE. En él, además, emerge un euro más fuerte que nunca, y se atisba un giro estratégico: el final de los estímulos monetarios de Draghi. El tándem Weidmann-Guindos tiene visos de ser el que prepare a la zona del euro para el retorno de la ortodoxia, según la jerga neoliberal al uso; es decir, para una subida gradual de tipos de interés. Y, en paralelo, la sepultura de la QE o política de compra de deuda y activos tóxicos a la banca, a las empresas y a los Estados soberanos que espoleó, por empecinamiento de Draghi (y contra los criterios de Berlín), la economía del euro y ayudo a que se solventara la época de rescates financieros. David Kohl, estratega de mercados de divisas de Julius Baer, aventura el “paulatino descenso de la retórica de los halcones monetarios europeos” que regirán el destino del BCE en los próximos años, una vez se vayan superando las dudas sobre sus integrantes. Así como la “gradual normalización” de la política del banco emisor; entre otras razones, porque, a su juicio, las compras mensuales de activos dejarán de producirse a partir de septiembre, cuando finalice la presidencia de Draghi, y unos meses más tarde, a lo largo de 2019, se emprenderán los primeros encarecimientos del precio del dinero en la UEM.

Es decir, el giro que demanda Alemania. Porque su economía, con superávit comercial, demanda de financiación viento en popa para satisfacer las elevadas cotas de consumo privado e inversión empresarial, subidas salariales (los 3,9 millones de empleados metalúrgicos tendrán un 3% más de retribuciones en los próximos dos años) y un PIB que navega en plena velocidad de crucero tras crecer seis décimas en el último trimestre y un 2,9% en términos interanuales, no necesita más carburante. O, lo que es lo mismo. Requiere el final de la política de tipos próximos a cero. El propio Weidmann se ha encargado de sacar la dialéctica monetaria a relucir. “Los pactos entre sindicatos y patronales confirman que las presiones inflacionistas volverán a vislumbrarse en los próximos meses, de forma gradual”, acaba de advertir.

El amplio inventario de deuda que aún deben gestionar los bancos de la zona del euro supone una merma en sus beneficios

A no ser que los balances bancarios emitan otro riesgo de tsunami. El BCE actual advierte de que tendrán precaución a la hora de analizar los datos del sector, ya que -aseguraba en su último informe quincenal- la definición de los activos tóxicos (non performing loans) o, cuanto menos, de créditos de dudosa calidad -entre los que se encuentran los inmobiliarios, más propios de España, pero también los derivados, estructurados y swaps que desencadenaron la crisis global- difiere de un país a otro. Por ejemplo, en la República Checa, su banco nacional precisa que esta metástasis apenas supone el 6% de los créditos en circulación.

Pero los economistas inciden en que su persistente acumulación y el amplio inventario de deuda que aún deben gestionar los bancos de la zona del euro obstruye su capacidad para abrir el grifo crediticio y suponen una merma en sus beneficios. Y ciertos inversores -dicen desde el mercado- se muestran “muy decepcionados” por el escaso progreso de la banca europea en la corrección de sus balances. Esgrimen para ello que, desde finales de 2014, tres meses antes de que el BCE pusiera en marcha sus estímulos monetarios, la industria financiera del euro sólo ha cicatrizado 280.000 millones de euros de su gangrena.

Terna de presidenciables al BCE

La proclamación de Guindos augura un BCE menos heterodoxo en la que la práctica totalidad de su cúpula ejecutiva dejará Fráncfort en los próximos meses. Weidmann, que trabajó para el FMI y se tomó una excedencia desde 2006 hasta 2011 en el Bundesbank para ejercer de asesor de Merkel en materia económica, encabeza las apuestas para reemplazar a Draghi. Aunque, como siempre ocurre en Europa, surge una terna; a veces, real, es decir, con posibilidades de batalla entre sus aspirantes, y otras, como parece el caso, por mero efecto cosmético. Porque las opciones de que sea el gobernador del Banco de Francia, François Villeroy de Galhau, parecen remotas. Si no utópicas. Pese a que el propio Guindos salió inmediatamente a la palestra, tras su designación en el Eurogrupo, para negar que cuando el río suena, agua lleva. “No hay condicionalidad alguna vinculada a los apoyos recibidos”, explicó no sin antes precisar, que “ni para Alemania ni para nadie”. Por si cupiese alguna duda.

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Mario Draghi durante un debate en el Parlamento Europeo. / REUTERS

Un sondeo realizado esta semana por la agencia Bloomberg entre economistas europeos sitúa a Weidmann al frente de las quinielas. Con más de cien analistas que dan por hecho su trasvase del Bundesbank al BCE. Le siguen Villeroy, con 84; Philip Lane, el gobernador irlandés y rival de Guindos a la vicepresidencia, con 26; Christine Lagarde, actual directora gerente del FMI (23); el estonio Ardo Hansson (15); el holandés, Klaas Knot (12); el finlandés Erkii Liikanen (11); Klaus Regling, alemán, director gerente del Mecanismo Europeo de Estabilidad (8); Olli Rehn, también miembro del Banco Central de Finlandia, como Liikanen, y […] Luis María Linde, el gobernador del Banco de España, con 6. Un brindis al sol. Pero todo un acicate nacionalista. Linde al frente del BCE y Guindos como su número dos. Demasiada coincidencia para acabar con la desaparición de España de las más altas instancias de poder de las instituciones. Mundiales, pero, sobre todo, europeas. Desde que en 2012 se perdió el sillón en el consejo ejecutivo del BCE. Precisamente, con la llegada al poder de Mariano Rajoy en España, durante cuyo mandato no se logró que el futuro vicepresidente del BCE fuera el primus inter pares en el Eurogrupo, en 2015. Cargo que, lejos de reclamar independencia y autonomía, sí requiere del perfil político que ostenta Guindos.

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