El largo y traumático camino de una víctima de violencia machista para denunciar

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La historia ocurre en València, aunque previsiblemente podría tener cualquier otra ciudad española como escenario. Según el Ministerio de Igualdad del Gobierno de España, las 651 mujeres que se considera que fueron asesinadas por parejas o exparejas en los últimos diez años habían denunciado. El 100%. Un dato escalofriante, pero aún lo es más el repetitivo y largo proceso al que se tienen que someter estas mujeres para llegar a poner la denuncia. Este es el caso de una de ellas.

Ana Flores -nombre ficticio- es víctima de violencia machista. Hace años que dejó el hogar que compartía con su expareja y que ya no sufre sus maltratos, pero recalca que “una víctima lo es siempre” y “no deja de serlo cuando pone una denuncia”. Por eso, ahora imparte conferencias sobre este drama y se ha convertido, de forma altruista, en un apoyo para mujeres que en València buscan salir del infierno en el que malviven. Les guía en lo que necesiten y se ofrece a acompañarlas a denunciar, si es que quieren. “Tiene que ser voluntario, no se les puede obligar”, insiste.

Un día un amigo le contactó para enviarle el caso de una mujer que llamaremos Sara. Quedó con ella y le contó su caso: después de varios momentos violentos (insultos, violaciones, desprecios), su pareja llegó a amenazarla de muerte con un cuchillo de cocina. “Yo solo he escuchado una historia de una mujer que denunciaba violencia y no era cierto. En todas las demás, les ves en la cara el pánico y en la mirada el miedo aterrador”, asegura. Le explicó el proceso de la denuncia y de lo que podía conseguir. Aceptó. Y ahí empezó su Odisea particular. Eran las tres de la tarde.

Llamaron al 016, que siempre está disponible. Sara volvió a contar su historia y le marcaron los pasos a seguir: ir a un centro de salud para que le hicieran un parte médico y después, a la Policía Nacional a interponer la denuncia. La más cercana era la comisaría de Abastos, pero en el 016 se “empeñaron” en que tenía que ir a la de Patraix porque es la que le correspondía a Sara, pese a estar a 2,5 kilómetros y en medio de un polígono industrial.

Distancia de la comisaría de Abastos de la Policía Nacional a la comisaría de Patraix, en València
Distancia de la comisaría de Abastos de la Policía Nacional a la comisaría de Patraix, en València (LVD)

Siguiendo las instrucciones, fueron al centro de salud. “El médico le hizo un interrogatorio, desde mi punto de vista, muy despectivo, cruel e inhumano para tener delante a una mujer a la que han agredido, han amenazado con matarla con un cuchillo y en muy malas condiciones psicológicas. Le preguntó, por ejemplo, que cuántas veces la violaba su marido y cómo era”, lamenta. La voluntaria entiende que “tienen que hacer su trabajo” y “rellenar la ficha”, pero reclama profesionales especializados y con “tacto” para tratar con mujeres víctimas de violencia machista. Era la tercera vez en pocas horas que Sara, con contaba -y revivía- su infierno.

De ahí fueron a la comisaría de Patraix en el coche de Ana Flores. Eran ya las diez de la noche. “Está en medio de la nada, a oscuras y sin farolas. La comisaría estaba apagada”, recuerda. Consiguieron que les atendiera un policía, quien les dijo que el centro cerraba por la noche por falta de efectivos. Las remitió a Abastos. “No me lo podía creer”, dice Flores.

Entonces volvieron a llamar al 016 para exponer su queja. Le dijeron que lo sentían, pero que no lo sabían porque no les habían avisado. “Si yo no llego a estar con esta mujer, ella no se va a ir andando en medio de un polígono industrial y de noche para poner una denuncia. Se habría vuelto a su casa”, sostiene.

Violencia machista
Violencia machista (lolostock / Getty Images/iStockphoto)

A su llegada a la comisaría de Abastos, un agente les informa de que “hay mucha gente esperando” y que si quieren, que se vayan “a casa a cenar” y luego vuelvan. “¿Me estás diciendo que vuelva a su casa, que cene con su marido y que luego lo denuncie? Igual no vuelve porque ya la ha matado”, dice Flores que le respondió, molesta. Además, recordó al policía que las denuncias de violencia machista “tienen prioridad sobre cualquiera”. Sin embargo, insistieron en que volvieran más tarde. “Que si no podía ir a su casa, que me la llevara a la mía o que nos fuéramos por ahí a tomar algo y luego volviéramos”, relata y añade que, mientras tanto, Sara estaba agotada del largo proceso y le insistía en que se quería ir.

Una vez más, llamaron al 016 para exponer el caso. Incrédulos, les confirmaron que tenían “prioridad” para denunciar. Finalmente los policías aceptaron que entraran ellas en cuanto acabaran con la denuncia que llevaban entre manos (solo había un agente en la puerta y otro escribiendo los partes).

Entonces uno de los agentes comenzó a explicar, “uno por uno” a todas las personas que estaban esperando, que había una denuncia de violencia machista y que hasta dentro tres o cuatro horas no iban a poder presentar la suya, ya que “son muy largas”. “Normalmente en estos casos la mujer está con la cabeza agachada, muerta de miedo y de vergüenza. ¿Te puedes imaginar cómo nos miraba todo el mundo? Les entiendo, llevaban igual dos horas esperando porque les habían robado el móvil, y ahora les decían que les tocaba estar tres horas más. Eso hace que la gente se te ponga aún más en contra”, explica Flores.

Una mujer llora ante un agente de la policía
Una mujer llora ante un agente de la policía (Yuri_Arcurs / Getty Images)

Por fin ante el agente, le hizo un test a Sara para comprobar que era víctima de violencia machista. Contó su historia y determinaron que sí. Entonces llamaron a un abogado de guardia, que se presentó media hora más tarde. Sara volvió a detallar los abusos de su pareja, por quinta vez en un día, mientras el policía instructor tomaba notas. Finalizado el discurso, el agente le leyó la denuncia, que una vez conforme, firmó la mujer. Eran las 3 y media de la mañana cuando terminó el proceso, doce horas después de haberlo iniciado.

Ana Flores acompañó a Sara a su casa, ya que el hombre se había ido. Al día siguiente lo encontraron en su puesto de trabajo, se celebró un juicio rápido y le impusieron medidas cautelares. Sara encontró empleo y un piso de alquiler, donde vive con sus hijos. “De él solo sé que no la molesta”, asegura la voluntaria. El juicio (no el exprés) todavía no ha tenido lugar.

La rueda de la violencia machista: de la agresividad a la “luna de miel”

Ana Flores insiste en que “una víctima lo es siempre” y “no deja de serlo cuando pone una denuncia”. Generalmente, la ayuda y la comprensión social del entorno de la mujer es más intensa cuando llega el maltrato puro y duro -más si es también físico, y por tanto, visible-, animándola a denunciar.

Sin embargo, lamenta que después de dar este importante paso, el entorno “vuelve a su vida”, pese a que es realmente cuando más sola y frágil se siente la mujer. Por este motivo, si no tiene ningún apoyo, puede incluso plantearse la posibilidad de retirar la denuncia y volver con su agresor.

Flores explica que existe una “rueda” de la violencia machista: primero, hay cosas que no gustan al agresor; poco a poco, va enfadándose; después llega la agresividad, que se manifiesta de forma verbal, física o económica; pasadas unas horas o días, cuando él lo considera, llega la “luna de miel”. “Promete que no lo volverá hacer, que te quiere mucho y se arrepiente entre comillas, ya que pide perdón al mismo tiempo que culpabiliza a la mujer. Lo que tienes que hacer es no llevarme al límite, suelen decir”, expone.

Hija de una víctima de violencia de género
Hija de una víctima de violencia de género (Àlex Garcia)

Asegura que ese pico de agresividad “es el momento idóneo” para que el entorno se ponga del lado de la víctima, porque “es cuando ve que su vida está en peligro y es más fácil que ponga una denuncia”.

Además, subraya que “el infierno no se acaba nunca, sobre todo las mujeres que tienen hijos”. “Lo que queremos es que se les quite la custodia a los agresores, porque a veces, después de verles, vuelven con moratones y heridas o insultando a la madre. Además, tienes que verle o tenerle cerca un fin de semana cada 15 días y un día a la semana al Punto de Encuentro”, denuncia.

Hay que invertir dinero en salvar vidas”

Los casos de violencia machista que desgraciadamente no dejan de ser actualidad ponen de manifiesto escasa efectividad de la protección a las víctimas. La situación de la joven de 20 años que murió asesinada en Benicàssim -después de que su expareja la forzara a entrar en su coche y lo estampara contra una gasolinera- era de “riesgo elevado” según el Centro Mujer 24 horas de Castellón. La mujer tiroteada por su expareja en Elda cuando iba a recoger a su hijo al colegio también había denunciado en más de una ocasión y se había mudado, aterrorizada.

Ana Flores reclama que los juicios se celebren con más celeridad y que las órdenes de alejamiento no sean de metros, sino de kilómetros. A veces, son tan cortas que desde el otro lado de una calle el hombre puede estar amenazando a la mujer con gestos, asegura. Además, insta a “reestructurar los presupuestos” y a “invertir dinero en salvar vidas”, comenzando por la concienciación en las escuelas, donde subraya que se debe explicar, por ejemplo, que “si te miran el móvil no es porque te quiere, sino porque te controla”.

Imagen del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad para sensibilizar a los jóvenes contra la violencia machista y ayudarlos a detectar las primeras señales
Imagen del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad para sensibilizar a los jóvenes contra la violencia machista y ayudarlos a detectar las primeras señales (markgoddard / Getty Images)

La directora general del Instituto Valenciano de las Mujeres y por la Igualdad de Género de la Generalitat, María Such, sostiene que la prioridad de los profesionales es “la recuperación de la víctima”, que salga de la situación de violencia, y anima a que su entorno también de el paso de denunciar. Recalca que “aunque haya algún fallo del sistema, es un número muy reducido en comparación con las vidas que se salvan y es el primer paso para poner medidas de protección”.

Such denuncia la congelación de los presupuestos en esta materia por parte del Gobierno central, porque aunque las Comunidades Autónomas tienen competencias en asistencia, la protección policial y judicial depende del estado. Ve necesario, además, un “impulso legislativo” para modificar protocolos de detección de casos de violencia y que no se centren únicamente en la situación de las mujeres, sino que “pongan el foco en el agresor”, en sus antecedentes previos, especialmente en los casos donde previamente ha habido denuncia y orden de protección.

Alumnas del curso de defensa personal para víctimas de violencia machista en València
Alumnas del curso de defensa personal para víctimas de violencia machista en València (Raquel Andrés Durà)

Desde el Instituto Valenciano de las Mujeres, piden poner “el foco en el agresor” y analizar sus antecedentes previos

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