La mitad de las muertes violentas de mujeres son por asesinatos machistas

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Mientras que los índices generales de violencia se han reducido en los últimos años, los crímenes de género apenas lo han hecho

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De las más de 2.000 mujeres que han muerto de forma violenta en España desde 1999, el 52,5% fue a manos de su pareja o ex pareja. Esta proporción, que se repite año tras año en nuestro país, es una tónica habitual en las sociedades más desarrolladas, donde la violencia machista destaca por encima del resto de motivaciones homicidas. En ese mismo periodo, una de cada seis del total de muertes por agresión en España ha sido causada por violencia de género.

Rosa Cobo, profesora de sociología de la Universidad de La Coruña y directora del centro de estudios de género y feministas de la misma universidad, explica que se trata de un fenómeno “extraordinariamente complejo y, además, global”.

A ellos los matan en las calles y a ellas en su casa. Así resume la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC, por sus siglas en inglés) el capítulo dedicado a las diferencias de género en su estudio sobre mundial sobre el homicidio. “La desigualdad y el papel histórico de la mujer en la sociedad hace que éstas sean más vulnerables a la violencia en ámbito doméstico mientras que los hombres suelen ser víctimas de la violencia fuera del hogar”, explica otro informe elaborado en 2016 por el Instituto Europeo de Prevención y Control del Crimen.

Si bien a nivel mundial la violencia ejercida por la pareja o ex pareja causa el 13,5% de los homicidios, entre las mujeres el porcentaje asciende a un 38,5% frente al 6,3% entre los hombres, según un artículo publicado en 2013 en la revista médica británica The Lancet. El informe elaborado por la UNODC llegaba a la misma conclusión: las mujeres tienen un riesgo mucho mayor de sufrir violencia en el contexto familiar o del hogar que los hombres. En Europa, siguiendo este informe, más de la mitad de las muertes violentas de mujeres las causa la violencia de género, una proporción similar a la española.

A día de hoy, el 80% de las víctimas de homicidios intencionados a nivel mundial son hombres. La reducción general de los índices de violencia en las sociedades más desarrolladas está contribuyendo a cerrar esa brecha de género: mientras que la tendencia para los hombres es claramente a la baja, las muertes violentas de las mujeres se mantienen estables desde los años 80 hasta nuestros días. “El lento descenso [de las víctimas femeninas] pone de relieve la dificultad de erradicar las prácticas y comportamientos que con demasiada frecuencia están arraigados en la cultura y la sociedad mundial”, reza el informe de la UNODC.

En este sentido, Cobo destaca la importancia de la educación. “Puedes meter dinero para atender a las mujeres agredidas, medidas penales para los agresores, pero la violencia contra las mujeres difícilmente se podrá desactivar si no se utiliza la educación como herramienta fundamental”, afirma. “La educación hay que situarla en el centro de cualquier tipo de política”.

La debilidad de la ‘paradoja nórdica’

A nivel mundial, el 38,5% de las muertes violentas de mujeres fueron causa de violencia de género. En los países más ricos, este porcentaje es algo mayor: alcanza el 41%. Este fenómeno -países desarrollados donde los niveles de violencia se han ido reduciendo progresivamente y en los que el índice de violencia de género varía poco año tras año- es actualmente objeto de estudio.

Dos autores españoles, Enrique García y Juan Merlo, investigadores, respectivamente, de la Universidad de Valencia y de la de Lund (Suecia), emplearon el término ‘paradoja nórdica’ para definir este efecto en Noruega, Suecia, Finlandia y Dinamarca. En los países nórdicos, que cuentan con los índices de igualdad entre hombres y mujeres más altos del mundo, la proporción de víctimas de violencia de género es mayor que en otros menos igualitarios. La conclusión de su estudio era que una mayor igualdad de género puede estar relacionada con más violencia, o no: “Posiblemente la igualdad de género no tenga nada que ver con la mayor prevalencia de violencia por parte de la pareja o ex pareja en los países nórdicos y la explicación se pueda basar en una tercera variable no tenida en cuenta, como por ejemplo, las diferencias en el patrón de consumo de alcohol”. Asimismo, incidían en la necesidad de investigar más.

Los mismos autores afirman que, según los datos disponibles, la desigualdad de género está relacionada con índices más altos de violencia sobre la mujer por parte de la pareja, y que ésta se reduce a medida que aumenta la igualdad, como ocurre en países con rentas altas. Entonces, ¿por qué en países donde las diferencias entre hombres y mujeres en áreas como la economía, la educación, la salud o el empoderamiento político se ha reducido casi completamente, se mantiene la prevalencia de la violencia dentro de la pareja? No hay una respuesta clara.

Cabe la posibilidad de que las sociedades más desarrolladas, como las nórdicas, tengan también menos tolerancia a la violencia y, por tanto, una percepción distinta de ésta. “Por ahora no tenemos nuevos datos publicados sobre la paradoja nórdica. Eso sí, estamos poniendo en en marcha un programa de investigación para aportar más luz a este fenómeno“, cuenta Enrique García. Este nuevo estudio, afirma, pretende adoptar una perspectiva más compleja y multidimensional que vaya más allá de la simple comparación de promedios entre países y que añada técnicas cualitativas para determinar cuáles son las causas del problema y entender mejor el fenómeno.

La falta de datos lastra la toma de medidas

Lo que se desprende de las investigaciones sobre homicidios relacionados con la violencia de género es que los datos disponibles son insuficientes y desiguales. De la importancia de esta carencia hablaba la presidenta de la Sociedad Española de Epidemiología, Carmen Vives Cases, en su comparecencia en el Congreso con motivo de la creación del Pacto de Estado contra la Violencia de Género: “Conviene prestar apoyo institucional explícito a la investigación a través de un registro de feminicidio que permita cuantificar la magnitud del problema y generar políticas”.

Para empezar, no existe una definición consensuada de «feminicidio». La Real Academia de la Lengua Española lo define como el «asesinato de una mujer por razón de su sexo». El Instituto Europeo para la Igualdad de Género distingue entre la definición general y la estadística, menos inclusiva. La ausencia de una definición homogénea entre los Estados miembros de la Unión Europea complica el estudio del fenómeno y la búsqueda de soluciones.

Casos como el de Diana Quer, por ejemplo, no se cuentan en la estadística oficial. El recién alcanzado Pacto de Estado contra la violencia de Género ya contemplaba la ampliación del término para incluir a las mujeres que sufren violencia machista sin que exista relación con el agresor. El jueves pasado, la presidenta del Observatorio Contra la Violencia Doméstica y de Género del Consejo General del Poder Judicial, Ángeles Carmona, anunciaba que a partir de ahora incluirían a estas mujeres también como víctimas de violencia de género, si bien la primera estadística no llegará hasta 2019.

La socióloga Rosa Cobo lamenta que hasta ahora no haya habido el mismo grado de conciencia social ni de preocupación política que sí ha habido, por ejemplo, para las víctimas de ETA. No obstante, matiza que nuestro país ha mostrado “mayor preocupación” por este tipo de violencia que otros países europeos, aunque ésta “debe ser ampliada y, sobre todo, dotada de recursos”. También el Pacto de Estado aboga por incluir a las mujeres cuyos hijos han sido asesinados por una motivación machista, como sucedió en el caso de Ruth Ortiz.

Si estos casos comienzan a incluirse, el porcentaje de víctimas mortales fruto de la lacra machista supondría bastante más de la mitad del total de asesinadas en el país. Así, el observatorio de la sociedad civil Feminicidio.net, que trata de paliar la falta de información, detalla los datos de 98 feminicidios ocurridos en España en 2017, 41 más de los que cuentan las cifras oficiales, sumando mujeres y niños víctimas de violencia machista.

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