España, a la cola mundial en el Foro de Davos en confianza en la clase política y cohesión social

Indice de Desarrollo Inclusivo 2018
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España aparece a la cola mundial en indicadores del Foro de Davos que, si no se corrigen, continúan abonando un terreno fértil para el populismo y la pérdida de competitividad. El Foro Económico Mundial arranca hoy en la localidad alpina y pone sobre la mesa de debate, entre otros, su informe sobre Competitividad, en el que España presenta falta de calidad institucional y un destacado y creciente descrédito de la clase política.

También deja mal parada a España el informe denominado Índice Mundial de Crecimiento Inclusivo, que pretende ser alternativa al Producto Interior Bruto como forma de medir el desarrollo económico. España es la única gran economía avanzada que retrocede en los últimos cinco años en crecimiento con cohesión social y aparece al final de la clasificación, solo empeorada por Italia, Portugal y Grecia, con la diferencia de que la tendencia de estos países no es hacia atrás como es el caso de la cuarta economía del euro.

En cuanto a confianza en la clase política, el Foro de Davos sitúa a España en el puesto 104 de 137 países, en tendencia a la baja, puesto que el pasado año ocupaba la ya muy rezagada plaza número 100. Por detrás solo aparecen Estados en los que la corrupción o la mala gestión gubernamental alcanzan altas cotas como Grecia, Italia, Colombia o Venezuela.

Éste es el resultado de una encuesta mundial que organiza el Foro y que coloca también a España a la cola mundial en otros indicadores sobre calidad de las instituciones, como el peso de la burocracia, la malversación de fondos públicos o el pago de comisiones ilegales. Este capítulo, junto a la ineficiencia del mercado laboral, perjudican la posición competitiva de España, que también figura entre los 15 países más endeudados del mundo al rondar el 100% de su PIB.

Con todos los indicadores a la vista, España queda finalmente en el puesto 34 en la clasificación internacional de competitividad tras retroceder dos peldaños con respecto al informe de 2017 y lejos de los 20 primeros países a los que aspira pertenecer. A favor juegan su alta puntuación en calidad de las infraestructuras, la mejora tecnológica y la potencia de su economía, entre otros factores positivos.

En cuanto al Índice de Crecimiento Inclusivo para la sociedad, se nutre de indicadores como el PIB y esperanza de vida, en los que España destaca. Pero también mide la inclusión, con ingresos medios de los hogares, pobreza o paro; y el desequilibrio entre generaciones, con tasa de ahorro, endeudamiento o intensidad en consumo de carbón. En estos pilares, España queda a la mencionada cola de los países avanzados.

Noruega, Islandia, Luxemburgo, Dinamarca y Suiza lideran este índice en el que Alemania aparece en el puesto 12 y Francia en el 18. España ocupa el puesto 26 de un total de 29 y con tendencia a descender. «Los bajos valores en este índice apuntan a economías que están acumulando problemas para el futuro», advierte el informe del Foro Económico Mundial.El texto agrega que «décadas de priorizar el crecimiento económico sobre la igualdad social han llevado a niveles históricos de desigualdad de riqueza e ingresos». Esta dinámica «ha provocado que los Gobierno pierdan el círculo virtuoso de un crecimiento fortalecido por ser más ampliamente compartido y generado sin dañar el medioambiente ni lastrando el futuro».

La conclusión general del Foro es alarmante. «Mientras que las economías más avanzadas experimentaron un crecimiento del PIB del 5,3% en el período 2012-2016, el índice de inclusión apenas mejoró un 0,01% y la igualdad intergeneracional, sólo un 0,66%». Si se pone el foco sólo en España, en ese período, su PIB mejoró en un 3,5% pero su Índice de Crecimiento Inclusivo retrocedió un 2,12%, una evolución sólo empeorada por Eslovenia.

«El retrato de las economías emergentes es también preocupante. Crecieron un 7% entre 2012 y 2016, pero la inclusión sólo lo hizo en un 4,6% y experimentaron un decrecimiento del 2,5% en desigualdad intergeneracional», subraya.

El Foro Económico Mundial arranca hoy en Davos con el lema Crear un futuro compartido en un mundo fracturado. La organización lo fundamenta en que «el entorno mundial ha cambiado dramáticamente: han emergido de nuevo fisuras geoestratégicas en múltiples frentes con enormes consecuencias políticas, económicas y sociales».

Klaus Schwab, presidente fundador del Foro, que inicia su reunión anual número 48, afirma: «Nuestro mundo se ha fracturado por la creciente competencia entre naciones y profundas divisiones en las sociedades. Sin embargo, la envergadura de los desafíos hace que las acciones concertadas, colaborativas e integradas sean más esenciales que nunca».

Acudirán 2.500 dirigentes internacionales, ya sea de países, empresas o fundaciones y se organizan cerca de 400 debates con cuatro temas estrella: cómo conseguir nuevos modelos de crecimiento económico con el cambio tecnológico y el deterioro medioambiental; cómo gestionar el orden mundial en un planeta que vuelve a ser multipolar; cómo superar las divisiones sociales; y cómo gobernar los avances tecnológicos con principios éticos y políticas que aseguren que toda la sociedad se beneficia y tiene igual acceso.

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