BERTÍN OSBORNE Y LA DESPOBLACIÓN EN ZAMORA

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Podría parecer una más, pero no. La noticia destapaba el pago de 14.520 euros a Bertín Osborne por presentar, en calidad de representante de la “Marca España”, una gala de premios a emprendedores organizada por la Diputación de Zamora, en la que se repartían un total de 4.000 euros. Esto es, los premios desembolsados por la Diputación apenas llegaban a suponer una cuarta parte de los honorarios que esta misma Administración pública pagaba por la presencia física de Bertín Osborne. Una extravagancia más. Otra pequeña muesca en el surrealista edificio del esperpento en el que se está convirtiendo la acción política en la singular democracia española.

Pero no. Y es que la noticia desborda interés y oportunidades; gracias por eso Bertín. El caso es altamente didáctico y representativo de la realidad sociopolítica que enmaraña la realidad de las provincias castellanas. Nos alecciona sobre el significado del éxito en la sociedad actual, asociado a la imagen, a la marca, al continente independiente del contenido. Todo un clásico que por repetido no debería dejar de sorprender. El del neoliberal militante viviendo a costa del dinero público, sin aportar nada creativo, sin producto, sin ideas, sin fondo, pero con posición (económica, social y/o familiar) y buenos contactos. Agarraderas suficientes para triunfar. El que desdeña al Estado como agente político secando la teta de lo público en su único beneficio privado. Lo que no sería posible sin esos mismos neoliberales dominando las Administraciones públicas. Actuando cada vez con menos recato.

El éxito en este ejemplo es atribuible sin ningún género de dudas al presentador del acto, que ingresará 7 veces más que los ganadores del certamen que, por cierto, presentaron una interesante idea colectiva sobre creación de una web de libros usados concebida con un enfoque de economía colaborativa; y a los que el dinero empleado en los honorarios del representante de la Marca España les ayudaría a convertir su idea en un proyecto y, quién sabe, si incluso en una realidad tangible. El objetivo de la convocatoria consistía en aportar ideas para fomentar el espíritu emprendedor en la provincia de Zamora, sin embargo más bien parecería que la Gala era el objetivo en sí.

El qué importa, pero en este caso hay que hablar también del dónde. Si tenemos en cuenta el lugar en el que ocurren estos hechos, la provincia de Zamora, y la institución implicada, la Diputación Provincial, la noticia, además de ser de difícil digestión, parece indefendible en términos políticos; en tanto que ocurre en uno de los territorios más afectados por la despoblación de toda Europa Occidental, representativo de la triste, preocupante y tal vez irreversible realidad demográfica de buena parte del medio rural de las provincias castellanas. Asimismo apunta a la ineficacia de la que debería ser una de las instituciones públicas más implicadas en revertir o mitigar dichos problemas, las Diputaciones Provinciales.

Para entender el significado y la dimensión de la despoblación en la provincia de Zamora hemos elaborado un visor cartográfico donde se ha representado en un mapa la variación porcentual de la población total a escala municipal entre el año 2008 y el año 2017, periodo que va desde el estallido de la crisis económica hasta el dato más reciente disponible (Padrón Municipal de Habitantes a 1 de enero de 2017). En el visor, además de la variación de población absoluta y relativa, se pueden consultar los datos de población en otras fechas significativas, como es el año 1950 (antes del éxodo rural) y el año 1981 (al comienzo del periodo autonómico, ya dentro del Régimen del 78). Datos que aparecen cuando se despliegan las tablas asociadas a las capas representadas. En el visor también se encuentra disponible una capa con la densidad de población en el año 2017 y otra capa con la distribución de los núcleos urbanos agrupados por rangos de población para su representación y con los topónimos correspondientes.

Con mayor o menor intensidad, los datos y análisis estadísticos sobre la provincia zamorana son extrapolables al resto de provincias castellanas, especialmente al conjunto de Castilla y León. Entre 2008 y 2017, la provincia de Zamora ha perdido 20.000 habitantes, lo que supone un descenso del 10% respecto al comienzo de la crisis. En este periodo inferior a una década, el 94% de los municipios zamoranos han perdido población, lo que incluye no solo a espacios rurales de llanura y montaña sino también a la capital de provincia y las dos principales cabeceras comarcales, Benavente y Toro. Además, la intensidad de estas caídas es bastante significativa. Y para quien guste de emociones fuertes puede comparar los datos actuales de población con los del año 1950. Para el conjunto de municipios zamoranos las cifras de descenso demográfico del periodo autonómico (1981-2017) son muy similares a las alcanzadas en la época del éxodo rural enmarcado en el llamado periodo desarrollista (1950-1981), concretamente un 21% y un 23% respectivamente. Pero además, en casi un 60% de los municipios de la provincia de Zamora la pérdida de población ha sido incluso mayor en el periodo autonómico que durante el éxodo rural, proceso que incluye a la capital de provincia. No solo se ha mantenido la intensidad del éxodo rural sino que en buena medida tiende a incrementarse y en los últimos años se ha generalizado, extendiéndose desde las zonas rurales a los principales centros urbanos, especialmente a las capitales. Todas las capitales de provincia de Castilla y León, salvo Ávila, han perdido población en el periodo 2008-2017.

Para una lectura global o al detalle de los datos consúltese el visor cartográfico haciendo clic en la imagen inferior.

Aplicación elaborada con el software libre QGIS. Datos del Instituto Nacional de Estadística INE. Elaboración propia, Pablo Arroyo.

La despoblación del medio rural, como la sostenibilidad ambiental, viene siendo desde hace algunas décadas un término recurrente en los discursos, propuestas y grandes ideas de políticos y de un amplio espectro de los denominados agentes sociales. Igualmente ha sido un campo académico prolífico, coto de los correspondientes intelectuales de diversas ramas de las ciencias sociales, que han profundizado en su conocimiento, con ideas y términos reproducidos en sinfín de publicaciones divulgativas y académicas, unas brillantes y otras insustanciales y repetitivas. Se pueden contar por decenas, seguro que por cientos, las jornadas, cursos, congresos, simposios y similares organizados en los últimos años para hablar de la despoblación del medio rural en Castilla. Toda esta prolífica actividad política, institucional y académica sostenida con fondos públicos ha contribuido sin duda al necesario estudio de la despoblación y ha profundizado en la comprensión de sus causas y consecuencias, pero, a tenor los datos, no ha sido capaz ni tan siquiera de frenar su avance.

Pero no todo han sido fracasos. El despoblamiento ha creado un sector de actividad dedicado al despoblamiento, el problema es que este también se ha concentrado en el medio urbano. En las ciudades encontramos las sedes de consejerías, diputaciones, empresas y universidades. En las ciudades tienen sus espacios de vida familiar, profesional y de ocio las personas que en alguna medida están o han estado implicadas en la lucha contra la despoblación. Sin ir más lejos, esta reflexión también se está haciendo desde un barrio de una capital de provincia. Normal en un país con una población abrumadoramente urbana. Pero no solo es eso. Los tiempos de la despoblación y la sostenibilidad ambiental como tema de moda han corrido parejos a un intento progresivo de traslación de modelos de vida y esquemas de pensamiento urbanos al medio rural en cuestiones relativas a la alimentación, la conservación y disfrute de la Naturaleza, la relación con los animales, la cultura y las tradiciones populares. Un paradigma cultural que, en demasiadas ocasiones, lleva asociado cierto menosprecio cuando no ridiculización del habitante del mundo rural desde algo parecido a una superioridad moral asignada al cosmopolitismo urbanita y que muchas veces solo es consecuencia del puro desconocimiento. Un alejamiento, en definitiva, del lugar desde el que se “piensa” el medio rural y la propia realidad, humana y natural, que caracteriza los espacios rurales.

Tras décadas de análisis y propuestas sobre la despoblación en el medio rural castellano: ¿Acaso no hemos creado una marca despoblación, como si lleváramos años concediendo un premio a la “lucha contra la despoblación” donde lo más importante era la gala de presentación? ¿Tiene aspectos positivos la despoblación? ¿Cómo repercute y va a repercutir en los próximos años la despoblación en el medio natural? ¿Por qué no vive la gente en el medio rural? O mejor aún, ¿Por qué la mayor parte de las personas viven en las ciudades? ¿Acaso en una sociedad donde la desigualdad aumenta a un ritmo de vértigo, casi en la misma medida en que es asumida, y donde la pobreza, la precariedad laboral y el desempleo afecta a capas mayoritarias y crecientes de la población, no se han convertido las ciudades en el mejor entorno para la supervivencia, para la pura subsistencia? ¿Acaso no debemos plantearnos si aún es reversible el proceso de despoblación en las provincias castellanas, si no deberíamos asumir como inevitable el escenario demográfico de estancamiento y pérdida de población y gestionarlo de la mejor manera?

Las causas de la despoblación en Castilla desde mediados del siglo XX son múltiples: históricas, geográficas, sociales, culturales, pero sobre todo son económicas y políticas. Y si bien todos estos factores han intervenido a lo largo de diferentes ciclos históricos, la actual situación debe mucho al periodo conocido como la España de las Autonomías y al papel marginal en lo económico y lo político asignado en ella a los territorios castellanos. El final de la crisis demográfica, de la crisis en general, difícilmente se va materializar manteniendo las mismas políticas y los mismos protagonistas que han monopolizado todo el conglomerado de poder dentro de marco autonómico y estatal del actual Régimen. Tampoco manteniendo el mismo modelo territorial surgido de la Constitución de 1978 que ha sido nefasto para los intereses de las provincias castellanas. Incluso, tal vez deberíamos empezar a asumir como inevitable la profundización de la despoblación de las áreas rurales y abordarla de la mejor manera desde unas estructuras políticas-administrativas más adecuadas a la gestión del territorio, en cuanto a su dimensión y competencias, donde la proximidad vaya de la mano de la soberanía. Lo ocurrido en Zamora con los premios emprendimiento, muestra como una escala territorial como la provincia, que puede ser muy efectiva para enfrentar los graves problemas políticos y socioeconómicos en los territorios castellanos, incluidos los retos demográficos actuales y futuros, se muestra ineficiente. Con una Administración púbica, como es la Diputación Provincial, que dispone de escasos recursos económicos, escasas competencias y ha sido tradicionalmente dominada por responsables que malgastan y dilapidan en base a intereses privados el escaso crédito (económico y político) disponible.

Cabe aclarar que Bertín Osborne no es responsable de la despoblación en Zamora. Pero su aparición estelar en el Teatro Ramos Carrión es paradigmática de la realidad social y política que vivimos al finalizar la segunda década del siglo XXI. Nos ha servido de estímulo para reflexionar sobre la crisis demográfica en las provincias castellanas a partir de la cruda realidad de los municipios de Zamora. Para tratar de entender, por ejemplo, por qué una parte sustancial de las personas más cualificadas de este difuso país, los castellanos y castellanas en las que con buen criterio y rendimiento invertimos nuestros recursos económicos para su formación académica y profesional, lo que están emprendiendo, fundamentalmente, es la huida.

 

 

Pablo Arroyo. Geógrafo.

Valladolid, enero de 2018

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