¿Por qué la izquierda no puede aceptar que la prostitución se construye sobre un racismo brutal?

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Un entrevistado admitió abiertamente que recurría a mujeres chinas en la prostitución para realizar una fantasía que tenía de ellas. “Puedes hacer mucho más con las chicas orientales …”

Varios de los “compradores de sexo” que he entrevistado me han dicho que a menudo seleccionan mujeres específicas en base a estereotipos racistas y colonialistas. Getty

No es ningún secreto que el comercio sexual está atravesado por la misoginia. La izquierda liberal y otros llamados “progresistas” a menudo se despiden de sus principios para apoyar un comercio global multimillonario basado en el dolor y la opresión de mujeres y niñas. Esto no sorprende teniendo en cuenta el sexismo de la izquierda, pero los mismos apologistas a menudo también guardan silencio sobre el hecho indiscutible de que las mujeres y niñas negras, latinas e indígenas de todo el mundo son las primeras en ser compradas y vendidas a la prostitución.

Durante una extensa investigación para mi libro sobre el comercio sexual, he conocido y entrevistado a mujeres y hombres que se resisten a la normalización del racismo dentro de la prostitución.

Conocí a Ne’cole Daniels en 2015, sobreviviente de la prostitución afroamericana e integrante de la organización abolicionista SPACE International en una conferencia en los Estados Unidos. Daniels lo tiene claro: el racismo sostiene los sistemas de prostitución en los Estados Unidos. “El comercio sexual es como el racismo. Están diciendo que algun@s valemos menos que otr@s”.

A Pala Molisa, un académico del Pacífico y activista contra la violencia masculina de Nueva Zelanda, se le ha acusado a menudo de ser “putófobo” desde que escribió sobre la prostitución como una forma de opresión. Molisa ha sido amenazado con perder su trabajo, blanco de una campaña de hostigamiento y acoso en línea, y acusado por los propagandistas de trabajo sexual de ser un “desgraciado sexualmente reprimido”.

Molisa dice que ha aprendido de su madre y de “otras hermanas indígenas” sobre la supremacía blanca y la base colonial de la prostitución.
“No sólo queremos que se responsabilice a los hombres por reducir las mujeres a ganado sexual. Queremos que se desmantele toda la institución de la prostitución, que es la base de la cultura de la violación patriarcal colonial”, dice Molisa. “El modelo dominante de la masculinidad bajo la supremacía masculina también está determinado por la raza y la clase, por el capitalismo y la supremacía blanca”.

Bridget Perrier es una activista nativa canadiense y superviviente de la prostitución. En 2015, Perrier apareció en televisión en el Reino Unido debatiendo con una miembra (blanca) del “Colectivo de Prostitutas de Inglaterra” (ECP). Perrier, que crió a dos hijos de las víctimas de Robert Pickton (asesino en serie) fue acusada por la portavoz de ECP de tener “sangre en las manos” por sus campañas para criminalizar a chulos y puteros. “Esto es sólo una mierda colonialista”, dice Perrier. “Estoy harta de que me digan que la prostitución es buena para mí y para mis hermanas indígenas cuando obviamente no es lo suficientemente buena para ellas mismas”.

Courtney, también una superviviente nativa canadiense, me dijo: “El comercio sexual se basa en el racismo y el colonialismo, así como en la misoginia. Para las mujeres nativas y afroamericanas, y todas las mujeres y niñas de color, es otra forma que tiene el hombre blanco de tomar lo que quiere de nuestras comunidades, nuestras culturas y nuestras almas”.

Varios de los puteros a los que he entrevistado me han dicho que a menudo seleccionan mujeres específicas en base a estereotipos racistas y colonialistas. La etnicidad misma se erotiza en la prostitución. Un hombre dijo: “Yo tenía una lista de razas a probar; las he probado todas durante los últimos cinco años, pero resultaron ser lo mismo”. Otro entrevistado admitió abiertamente que recurría a mujeres chinas en la prostitución para realizar una fantasía que tenía de ellas. “Puedes hacer mucho más con las chicas orientales, como una mamada sin condón y puedes correrte en la boca… Las veo sucias”.

La publicidad de servicios sexuales a menudo depende de estereotipos racistas y colonialistas. Durante una reunión con la Sociedad de Mujeres Asiáticas por la Igualdad en Montreal, me informaron de una investigación donde se analizaban 1.500 anuncios de prostitución en Internet. Se descubrió que el noventa por ciento de éstos utilizaba estereotipos racistas como factor de venta, como las mujeres asiáticas que se describen como “sumisas”, “exóticas”, “recién inmigradas”, “recién llegadas” y “jóvenes y con experiencia”. “Esto es lo que los hombres están buscando en las mujeres asiáticas”, dijo una miembra de los colectivos.

En el principal distrito del Barrio Rojo de Ámsterdam, donde la mayoría de las mujeres prostituidas que se muestran como carne en los escaparates de los burdeles son de Rumania y África Occidental, se ofrecen tan pocas mujeres nacidas en Holanda vendiendo sexo que los proxenetas colocan pegatinas con la bandera holandesa o “NL” (Países Bajos) en los ventanales con fines publicitarios. Las mujeres blancas holandesas se han convertido en una rareza.

La trata de esclavos está viva y goza de buena salud, pero ha sido reestructurada bajo el capitalismo neoliberal. Durante el acto de la prostitución, los cuerpos de las mujeres y las niñas son colonizados por los hombres que los usan. Cómo la izquierda puede ignorar este hecho, mientras afirma estar luchando por una sociedad igualitaria y libre de opresión, es algo que me supera. Puede que gran parte de la izquierda masculina no se preocupe demasiado por la opresión de las mujeres en situación de prostitución, pero ¿no podrían aceptar al menos, aunque sea con la boca pequeña, que el sistema prostituyente se sustenta en parte sobre un racismo brutal?

El libro de Julie Bindel The Pimping of Prostitution: Abolishing the Sex Work Myth se publicó en septiembre 2017 en Palgrave Macmillan

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