Los pueblos pierden hasta el 20% de habitantes en el invierno

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La sangría poblacional que sufre la provincia de Zamora cobra tintes más dramáticos en los meses de otoño e invierno, cuando el número de habitantes de hecho en el medio rural, es decir, residentes en las localidades, experimenta un descenso del 20% respecto de las cifras que recoge en los censos el Instituto Nacional de Estadística (INE), según avanza Juan Andrés Blanco, el director la UNED en Zamora, que está elaborando un estudio de campo.

La prospectiva que lleva a cabo el equipo de profesionales del centro zamorano pretende “averiguar el número real de habitantes asentados realmente en el medio rural, que vive en sus pueblos todo el año”, explica el subdirector del centro asociado, Arsenio Dacosta, un análisis que abarcará diferentes entidades locales de la provincia, en la que hay 504 núcleos de población, algunos despoblados ya; y 248 municipios.

El equipo, del que forman parte Blanco, Dacosta y Rubén Sánchez, con visitas personales a las entidades locales, analiza la población de hecho que permanece en los pueblos durante otoño e invierno, sistema que “se hace directamente hablando con los vecinos que residen en el núcleo de población”, una tarea que viene marcando una tendencia a la baja “importante”, de ese 20%, derivada de diversos factores.http://www.abc.es/Media/201301/26/belchite--644x362.jpg

Los datos del padrón, del censo, se ven sensiblemente mermados, lo que demuestra que el mundo rural languidece durante el otoño y el invierno fundamentalmente, lo que “vendría a indicar que es muy difícil recuperar la economía, ya que la localidad tiene 20, 30, 50 vecinos viviendo, y revertir la situación, estamos ante un problema muy grave”, declara el director de la UNED. Y cuya solución pasa por medidas efectivas que dinamicen la economía.

Por el momento, el estudio viene confirmando que “muchos de los empadronados en los pueblos no viven en los domicilios que figuran en los censos”, donde se inscriben, a veces, “por afectos”, agrega Dacosta.

La existencia de una nada despreciable “población flotante, que no reside en el lugar todos los días del año, contribuye a dar una imagen desoladora del municipio”. Se trata de “personas que trabajan toda la semana fuera” de su pueblo y solo regresan el fin de semana; “o de ancianos que se van a pasar el invierno fuera” en busca de las comodidades de Zamora, Benavente, Toro o ciudades de otras provincias.

“Muchos de estos pueblos van a perder todo tipo de actividad y no quedará nadie”, lamenta Juan Andrés Blanco, quien se detiene en el aspecto positivo de las facilidades de comunicación, “que permiten que la gente se relacione con el entorno, que no se quede sola en su pueblo”. Una ventaja para que se estreche la vinculación en los ámbitos comarcales, “los que se quedan se relacionan más que antes, con más gente de otros pueblos”. No obstante, el problema de socialización es más que una sombra, “es muy grande, no hay un lugar de encuentro en estos pueblos que haga la función que antes cumplía el bar”.

Premio Memoria

Blanco efectuó este análisis tras la presentación del V Premio Memoria de la Emigración Castellana y Leonesa, creado en el marco del convenio suscrito con la Junta, en la modalidad de relatos autobiográficos, no novelados, de emigrantes españoles, que se incorporarán a los casi 400 que tiene ya la UNED para conocer las experiencias de los zamoranos que tuvieron que irse para sobrevivir. Las cartas o espistolarios son otro elemento que “nos importa mucho”, subrayó Blanco, porque describen, a veces, la dureza de aquellas vidas. En esta modalidad se puede participar con un mínimo de cinco misivas. Otras modalidades son la fotografía, con un mínimo de 10; y el material audiovisual, grabaciones domésticas originales o reproducciones óptimas de estas de 120 minutos máximo. El premio será la publicación del material ganador.

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