Las manadas y el derecho a decidir

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Las circunstancias socio-políticas condicionan el que estemos altamente expectantes, como parte consciente de la sociedad, de dos resoluciones judiciales: el juicio a los cinco violadores autodenominados “la manada”, en forma de sentencia de instancia primera. Y en segundo lugar, en forma de resolución sobre el mantenimiento en prisión preventiva de vari@s Consellers de la Generalitat por parte del Tribunal Supremo, una vez que todo el proceso político-judicial sobre el ejercicio del derecho a decidir del Pueblo de Cataluña ha sido acumulado en ese Tribunal.

A primera vista pudiera parecer que ambas cuestiones no tienen nada que ver. Seguramente algunos de los comentaristas y/o tertulianos que condenan con todo merecimiento el comportamiento de “la manada” rechazarán la existencia de cualquier espacio común entre ambas cuestiones. Sin embargo en nuestra opinión las hay, y muy importantes.

En ambos casos hay un sustrato común, tal cual es el plano cultural; y cuando  hablamos del plano cultural no nos referimos al nivel de conocimientos o el nivel de erudición de los protagonistas de las resoluciones pendientes en la Audiencia Provincial de Navarra o sobre los que se va a pronunciar el Tribunal Supremo en los próximos días, que obviamente son muy diferentes. No, nos estamos refiriendo a la cultura hegemónica en el sector de la sociedad española que coincide en sus términos generales con las posiciones ideológico-políticas del bloque dominante español, con la derechona española, en cualquiera de sus expresiones orgánicas, incluidas las que se autodenominan de izquierdas. Esa cultura, o subcultura para ser más exactos, que rechaza y criminaliza todo lo que no comparte o comprende. Esa subcultura que  entiende la democracia como una cuestión estrictamente formal o normativa, vaciándola de todo contenido real y rechazando su esencia y significado principal: el gobierno del Pueblo. Esa subcultura que sobre la base de no comprender y rechazar la esencia del sistema democrático, se opone a una de sus fundamentales expresiones, sin complejo alguno porque no dan más de sí, cual es el Derecho a Decidir: de las mujeres, de los pueblos, del conjunto de la sociedad sobre la forma de Estado que queremos, etc.

Las defensas de los cinco acusados de violación grupal han argumentado, entre otras cuestiones, que la joven madrileña agredida en ningún momento expresó explícitamente su rechazo a ser violada, arguyendo incluso en algún caso que, por ejemplo, no les mordió el pene cuando le obligaban a practicar felaciones. No podemos excluir totalmente que en el intelecto de los cinco de la manada, y por desgracia en el de otros muchos, encaje a la perfección tal visión de los hechos, estando como están educados en el contexto “cultural” de esa fracción hegemónica de la España anclada en un pensamiento absolutamente arcaico y brutal.

Si se puede violentar la voluntad del conjunto de un Pueblo, negarle su derecho a decidir, y cuando aún así, después de esa negación al intentar avanzar en su soberanía se les aplica la represión pura y dura por vía policial, penal y administrativa, ¿qué tiene de extraño que cinco “machotes”, entre los que hay un guardia civil y un soldado profesional, no respeten el derecho a decidir de una joven sobre si quiere o no mantener relaciones sexuales en grupo?

Los argumentos para justificar la violación grupal que circulan en algunos medios y los que justifican la aplicación del artículo 155 en Cataluña y en general el conjunto de la ofensiva represiva sobre ese Pueblo, tienen muchos paralelismos. “¿Es que no se imaginaba lo que le iba a pasar si se metía en un portal con cinco hombres?” Dando por hecho  que si te dejas acompañar por hombres es que ya estás dando un consentimiento implícito a “ser follada” (sic) por ello. Mayor primitivismo social e intelectual es difícil de encontrar. En el caso de Cataluña se dice: “Ell@s se lo han buscado por poner a las instituciones catalanas al servicio del ejercicio de la democracia por parte de l@s catalanes, ¿pero en qué Estado se creían que vivían? ¿Es que acaso no saben que la Constitución del 78 establece unos límites claros, unas líneas rojas al ejercicio de las libertades? ¿Y que a quien desborda esos límites se les aplicará el Imperio de la ley?” Es decir de la represión pura y dura. Parece ser que los catalanes y catalanas no conocían suficientemente el carácter autoritario y tardofranquista del actual Régimen. Y probablemente la joven madrileña no sospecharía en su encuentro de los Sanfermines que estaba ante una manada de depredadores en serie, sin el menor respeto por los derechos humanos y en particular por los derechos de las mujeres.

En ambos casos, esperamos que la experiencia sirva para el aprendizaje colectivo. En el caso de las mujeres parece evidente que así está siendo; las impresionantes movilizaciones de los últimos días así lo confirman. En el caso del Pueblo Catalán comprobaremos en los próximas semanas la repercusión de esa gran experiencia social de avance hacia la República de Cataluña, abruptamente amputada, al menos de momento, por el Régimen del 78.

La sentencia del juicio sobre los cinco de la manada en Pamplona, que probablemente tardará en conocerse, y la resolución del Tribunal Supremo sobre la continuidad del encarcelamiento preventivo de los Consellers, son en sí mismas importantes, pero lo sustancial es conseguir el cambio político. El cambio republicano, que permita implementar socialmente, institucionalmente, aquellos valores, aquella cultura que ya practicamos los sectores sociales progresistas, por supuesto a contracorriente. El cambio que nos permita pasar del cortijo de la mafia, el irracionalismo y la brutalidad a la sociedad que nos merecemos, donde sean hegemónicos los valores del respeto a los derechos civiles, políticos… y sobre todo, el cultivo del pensamiento racional.

Castilla, a 30 de noviembre de 2017.


Izquierda Castellana

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