¿Podremos? (I)

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Es algo muy evidente que el Imperialismo capitalista ha aprovechado y sigue aprovechando la gran crisis económica, que su propio sistema generó, para imponer una restructuración de los modelos sociales y políticos a nivel internacional, pero también a nivel de cada estado del mundo occidental.

Esa reestructuración busca un cambio radical en la correlación de fuerzas a nivel global, pero también en el interior de cada Estado, con unos claros objetivos: destruir o debilitar al máximo aquellas estructuras, ya sean institucionales, ya sean movimientos populares organizados, que se oponen frontal o incluso tibiamente a la expansión y profundización del neoliberalismo y del neofascismo que le acompaña.

Esta perspectiva es la que nos puede permitir comprender, y además actuar en consecuencia, sobre aquello que está ocurriendo en Venezuela, Brasil, Argentina…; pero también en la orilla sur del Mediterráneo y en el Sur de Europa.

En ocasiones esa intervención del imperialismo se ha hecho y se sigue haciendo a sangre y fuego, como en los casos de Irak, Libia o Siria… En otras ocasiones lo hacen mediante sostenidas campañas de sabotaje económico y desestabilización mediática, tal como está ocurriendo ahora, muy especialmente en Brasil y Venezuela. Los objetivos son siempre los mismos.

En el caso del mundo iberoamericano, en el que incluimos obviamente al Estado español, hay un elemento de una gran significación social y política: las grandes burguesías correspondientes, las oligarquías locales y los instrumentos institucionales que controlan -y muy especialmente el poder mediático- son aliados incondicionales de esa política imperialista que entre otras cosas busca la liquidación de la soberanía de los propios estados a los que afecta. Eso a las oligarquías locales les da exactamente igual, porque su teórico patriotismo verbal es simplemente “postureo”. El caso del Estado español es paradigmático de esta posición, combatiendo a los diversos movimientos populares que tienen una práctica de resistencia real a la política humanicida y liberticida del imperialismo capitalista.

Esta reflexión que hacemos sobre la actual coyuntura internacional serviría en buena medida para lo ocurrido en otros momentos de la historia. Simplemente recordemos el Plan Cóndor, aplicado en Latinoamerica a través de la imposición de Dictaduras Militares, por supuesto con la colaboración de los ejércitos y las oligarquías de cada país en los años 60 y 70 del pasado siglo: Uruguay, Bolivia, Chile, Brasil, Argentina…. por citar algunos casos significativos. Pero ciertamente en la actualidad tienen una serie de particularidades que conviene señalar. Empecemos por el Estado español.

El Estado español ha sido tradicionalmente, excepto en los años de estabilidad de la Dictadura franquista, un espacio de preocupación para el capitalismo occidental y muy especialmente a partir del momento en que, mientras en otros estados de Europa el fascismo avanzaba con un gran apoyo electoral, aquí se derrotaba de nuevo a la Monarquía Borbónica y se proclamaba la II República. La victoria del Frente Popular en febrero de 1936, así como la resistencia heroica de los Pueblos del Estado frente al levantamiento militar-fascista de julio del mismo año, que tuvo la complicidad desde los inicios de su preparación por parte de los gobiernos fascistas existentes en Europa, pero también de otros teóricamente democráticos, como el caso del británico, reforzó la imagen de que los Pueblos del Estado español se caracterizan por su rechazo frontal a la opresión y a la injusticia. Aunque desde muchos y diversos púlpitos nos hayan pretendido convencer de lo contrario. Esa percepción les llevó a tener un seguimiento extraordinariamente estrecho del llamado proceso de Transición y en ello siguen.

Lo que está ocurriendo en estos momentos en este Estado es de una gravedad democrática tan extrema, que si las fuerzas políticas con presencia significativa en el Parlamento Español tuvieran un mínimo de sensibilidad democrática, tendrían que estar llamando a la movilización social en las calles. Pero por supuesto, ni lo han hecho ni lo van hacer.

Hay muchas cuestiones de entre las que están ocurriendo de excepcional gravedad, pero nos vamos a referir especialmente a dos:

La primera es el desprecio absoluto a la voluntad popular expresada en las urnas el 20 de diciembre, que demanda la articulación de un Gobierno de cambio progresista para el cuál -es cuestión simplemente de saber sumar- da la aritmética parlamentaria. Sobre esta cuestión ya hemos reflexionado en varias editoriales anteriores y nos ratificamos en lo dicho.

La segunda es la negativa del actual Gobierno en funciones a ser controlado por las Cámaras, en la que según dicen reside la Soberanía Nacional, por la peregrina razón de que, precisamente, al estar en funciones el actual Gobierno y no haber sido nombrado por el actual Parlamento, éste no tiene capacidad para controlarlo. Además lo dicen sin reírse a carcajada limpia, aunque esto seguramente lo harán una vez que se ha acabado la entrevista correspondiente.

¿Y que hace el Parlamento? Pues absolutamente nada. Su Presidente, el señor Patxi López, dice que va a plantear un conflicto de competencias ante el Tribunal Constitucional. Y la derechona española tiembla de miedo ante tan tremenda amenaza.

Si el Parlamento Español no estuviera constituido por una mayoría de eunucos políticos denunciaría lo que es una actitud de claro talante golpista, pero obviamente tenemos lo que tenemos a nivel institucional.

Desde siempre hemos estado convencid@s de que sólo con la movilización, la lucha y la organización popular se consiguen cambios en cualquier ámbito, desde el sectorial o barrial, hasta el político general, pero el devenir de las cosas nos lo confirma día a día.

Sólo con Poder Popular conseguiremos un cambio favorable para los Pueblos y Trabajadores/as digno de tal nombre.

¿Podremos aguantar la embestida del imperialismo y sus gestores en el Estado español y conseguir el cambio?

Tal como se dice en el titular de este editorial, tendremos que poder, porque si no, simplemente no hay futuro. Irak o Siria están mas cerca de lo que nos imaginamos.

En una segunda parte de este editorial reflexionaremos sobre cómo hacerlo.

Izquierda Castellana

Castilla a 21 de marzo de 2016

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