La crisis por Navidad: los comedores sociales, más llenos

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Desde 2008, el número de personas que acude a los comedores sociales en España aumenta, sin visos de remitir. La mayoría de usuarios tiene que solucionar antes un problema: el paro.

Voluntarios de Cáritas en un comedor social de Valladolid – Foto Flickr

25 de diciembre. Tíscar no da abasto entre las llamadas, los recados y la comida de Navidad, que se le quema. “Sí, nos vemos allí, hasta ahora”. Trajina con el abrigo puesto, preparada para salir de casa en breve. Cuando tiene todo listo, abre la puerta de la calle y camina hasta la madrileña Verónica, 11.

“Tenemos montada la marimorena”, dice. Y efectivamente, del edificio de la comunidad de San Egidio entra y sale gente sin interrupción. Las neveras de plástico se acumulan en el portal y obstaculizan el paso. Todos se saludan y parlotean. Cerca de las 13.30, los voluntarios de esta asociación, dedicada a prestar ayuda a personas en riesgo de pobreza, van saliendo y trasladan el guirigay y toda la comida a varios lugares: unos, a la iglesia donde está el Jesús de Medinaceli, otros a un restaurante en la calle Embajadores.

“En cada sitio comeremos mil personas“, explica Tíscar, coordinadora del servicio, rodeada de voluntarios que le preguntan, afanosos, todo tipo de dudas. “Normalmente prestamos asistencia todos los miércoles a las personas que vienen a nuestros comedores, pero el día de Navidad es especial, y se merecen una comida”, afirma. Para muchos de ellos, la tercera parte, según calcula, serán los únicos alimentos que ingieran hasta el día siguiente.

La escena se vuelve a repetir el 31 de diciembre por la noche, el 1 de enero… No es posible publicar imágenes de la escena, por respeto a la privacidad de las personas a las que se atiende. Los voluntarios reparten en cada mesa refrescos, bandejas de canapés, bocadillos, embutidos… También algún instrumento navideño. “Se rifan las panderetas”, comenta Toño, uno de los miembros más jóvenes de la asociación.

La lacra del paro

El 71% de las personas atendidas en Cáritas está en paro y su horizonte vital es pesimista: casi el 60% prevé que irá a peor. Si en 2005 el número de personas que atendía esta asociación era de poco más de 400.000, en 2008, con España ya entrada en crisis económica, se elevó hasta las 600.000. 2012 cerró con más de 1.200.000 personas registradas en el servicio de acogida.

De las necesidades primarias, la alimentación es lo más demandado con diferencia. El 89% de los atendidos por Cáritas acuden para tomar una comida, de los que un tercio carece de ingresos de cualquier tipo. El siguiente problema a resolver por las ONGs es la vivienda. Estas dos necesidades suelen ir parejas, pero desde 2008 se ha registrado un repunte de un 10% en la atención en temas relacionados con la vivienda de inmigrantes y personas solas y sin hogar.

Tíscar subraya la alta cifra de personas que atienden por la simple necesidad de compañía que tienen. “La soledad es un problema muy extendido, y muy dañino cuando se une a la falta de ingresos”, dice. Además de las mil personas acogidas en los comedores, un centenar de ancianos y personas solas almuerzan o cenan estas fechas en compañía de voluntarios.

La cena de Navidad, a 1 euro

Tanto desde las ONGs como desde las instituciones se tratan de paliar estas situaciones. Incluso la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, se sumó en Nochebuena a las buenas causas y congregó en Nochebuena en el Palacio de Cibeles a 200 personas sin techo en una cena. Pese a todo, no son pocos quienes aplacan fugazmente el hambre con pocos recursos.

Una empleada de un establecimiento que la norteamericana McDonald’s tiene en Madrid asegura que, aunque no puede dar cifras exactas, el número de clientes los días de Nochebuena o de Año Nuevo es “un poco menor al de un día entre semana”. Según relata, mientras los trabajadores del restaurante de comida rápida celebran entre ellos las fiestas, se pueden ver familias, la mayoría, de inmigrantes, sentados a las mesas.

“Al principio te choca, porque tú estás trabajando un día muy poco apetecible y piensas “qué mala suerte he tenido”. Luego ves que en realidad eres afortunada por tener un trabajo y no estar cenando una hamburguesa de un euro el mismo día de Navidad”, dice esta camarera.

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