POR UN PROCESO DESTITUYENTE – CONSTITUYENTE EN CASTILLA

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El Pacto Federal Castellano firmado el 15 de junio de 1869 en Valladolid, fue un paso determinante en el Proceso Destituyente de la I Restauración y que dio lugar a la proclamación de la I República.

De nuevo vivimos tiempos Destituyentes que nos llevarán a la liquidación de la II Restauración Borbónica, que no es sino el Régimen del 78,  y a la proclamación de la República Castellana.

Adjuntamos el documento elaborado sobre esa efemérides – el Pacto Federal Castellano – , por la UPC con motivo de su celebración el 15 de junio de 1991.

INTRODUCCIÓN AL PACTO FEDERAL CASTELLANO POR LA UPC

El día 13 de junio de 1.869, una gran manifestación popular, más de siete mil personas según los periódicos de la época, recorría las calles de Valladolid para apoyar la firma del Pacto Federal Castellano, que los representantes republicanos de las diecisiete provincias de Castilla, rubricarían dos días después.

Eran aquellos, momentos cruciales, en una lucha que hoy desgraciadamente perdura, entre aquellos – los sectores sociales más privilegiados y sus representantes politicos- partidarios de mantener el viejo régimen monárquico con todas sus secuelas de corruptelas y delimitación al ejercicio de las libertades, y los partidarios de levantar un nuevo régimen político capaz de poner freno el sinfín de desmanes, organizando la sociedad de abajo a arriba, y poniendo como pilar básico de esa organización los derechos de las personas y de los pueblos.

Actualmente esa lucha sigue estando vigente, porque los frutos que el actual sistema político produce, no pueden estar más podridos.

 

Desde la UPC, vamos a impulsar la conmemoración de ese acontecimiento principal de nuestra historia cual es la firma del Pacto Federal Castellano, no solo desde el punto de vista de recuperar la historia propia, cosa ya de por sí importante, por que un pueblo que pierde sus raíces pierde su identidad, sino también para proyectar esa historia en el presente, y sobre todo que ese conjunto de experiencias, las de aquellos que nos precedieron en a lucha por una CASTILLA LIBRE Y SOBERANA y la nuestra actual, nos sirvan a no tardar mucho para conseguirla.

Corría el año 1868 y la movilización popular conseguía que Isabel II, cabeza de la monarquía borbónica en aquel entonces y tatarabuela del actual rey, tuviera que abdicar el Estado Español camino del exilio.

El régimen que ella coronaba, también era como éste una monarquía constitucional, el de la constitución de 1.845, pero también como en muy buena medida el actual, estaba al servicio de las clases más privilegiadas y de toda clase de elementos corruptos, que parasitaban y vampirizaban a la sociedad civil a través de los aparatos del Estado, incluyendo por supuesto entre estos a la institución parlamentaria.

Aquel régimen después de poco mas de veinte años de funcionamiento, había dado tantas muestras de podredumbre e incompetencia para resolver los problemas del común de los ciudadanos que pereció bajo la presión popular.

Sin embargo, las fuerzas y sectores sociales que mantenían ése sistema no perecieron, sólo fueron derrotados momentáneamente.

El pueblo es generoso siempre en sus victorias, a diferencia de la reacción que ha demostrado una bestial crueldad a lo largo de nuestra historia, cuando ellos han sido los ganadores.

Una de las corrientes políticas mas importantes que contribuyó a la caída de la monarquía borbónica y su constitución de 1845 fue la republicana.

Efectivamente, durante los años anteriores a 1868 había venido extendiéndose y madurando el movimiento republicano en el El Estado Español que contaba entre sus bases sociales a una nutrida representación de todos aquellos sectores que pueden articular un proyecto social progresista: Trabajadores de la ciudad y del campo, profesionales, intelectuales …

La caída de Isabel II abre paso a un periodo de enfrentamientos que va a durar hasta 1.873, entre los partidarios de mantener el viejo régimen con nuevas caras, proyecto que cristalizará en el breve reinado de Amadeo de Saboya y la mayoría de la población, empeñada en construir un nuevo sistema político. Esta lucha culminará, en esa fase histórica con la proclamación de la REPÚBLICA FEDERAL, el 2 de Febrero de 1.873.

En este contexto, de lucha entre los defensores de un régimen caduco lleno de privilegios y corruptelas, y el movimiento republicano representantes del sector más dinámico de la sociedad civil, en el que se da la firma del Pacto Federal Castellano.

Este Pacto Federal Castellano tiene pues dos claros objetivos :
– Reafirmar la necesidad de un cambio de régimen.
– Garantizar que el nuevo sistema político que se constituya reconozca institucionalmente la identidad de Castilla como pueblo diferenciado, es decir con derecho a su propia articulación política.

Ambos objetivos quedan bien explicitados en el texto del citado pacto, así en su artículo primero dice: “La asamblea de representantes de la Federación Castellana reconoce y declara que la forma de gobierno que entraña y ha de realizar el ideal del partido republicano, es la República Democrática Federal.”…

Y en el cuarto: “La Federación castellana se constituye por la unión de diecisiete provincias congregadas… Esta federación se compone de los dos Estados de Castilla la Vieja y Castilla la Nueva.

El Estado de Castilla la Nueva lo constituyen las provincias de Albacete, Ciudad Real, Cuenca, Guadalajara, Madrid y Toledo.”

El Estado de Castilla la Vieja lo constituyen las provincias de: Ávila, Burgos, León, Logroño, Santander, Palencia, Salamanca, Segovia, Soria, Valladolid y Zamora.

La IRepública en cuyos trabajos constitucionales se recoge el contenido del Pacto Federal Castellano supondrá la última ocasión en la que institucionalmente se reconozca la realidad nacional de nuestro pueblo. Como es bien sabido aquélla experiencia democrática es liquidada por al fuerza de las armas para dar pie a la restauración de la monarquía borbónica.

La restauración borbónica que va a tener su sustento jurídico en la constitución de 1876 durará hasta 1931 con la proclamación de la II República.

En esa etapa llamada genéricamente “LA RESTAURACIÓN” y durante la cual van a reinar Alfonso XII, su viuda regente y Alfonso XIII, bisabuelos y abuelos respectivamente de Juan Carlos I, se van a dar rasgos de gran similitud en el funcionamiento del sistema político con respecto al actual, que al fin y al cabo no es más que una “SEGUNDA RESTAURACIÓN”

Los rasgos más sobresalientes de aquella restuaruación, superponibles al actual, serían los siguientes:

  • La corrupción política generalizada.

  • La existencia de un sistema formalmente democrático por el hecho de estar basado en el sufragio universal pero que en la práctica, al existir tal cúmulo de limitaciones y recortes al uso de los derechos políticos, así como al estar los representantes elegidos no al servicio y bajo el control de sus electores si no al mandato de las elecciones de sus partidos, ese sistema se convierte en la práctica en una tiranía real.

  • El poder apabuyante de la partitocracia articulada a través de las grandes formaciones políticas, antaño partido conservador y liberal hoy PSOE y PP, que han constituido una casta osbre puesta a la sociedad civil a la que día a día pretenden anular más y más, incrementando sus privilegios corporativos y disminuyendo los derechos del común de los ciudadanos.

  • La desagregación cada vez mayor del sistema político de amplios sectores sociales.

Es interesante traer aquí a colación del manifiesto escrito por Pérez Galdós el siete de octubre de 1909.

… “ ya es hora de oponer a los atrevimientos de nuestros gobernantes algo más que el asombro seguido de resignación fatalista, algo más que las maldiciones murmuradas algo más que las protestas, semejantes a los cohetes que estallan con luces y ruidos apagándose en un cobarde silencio

… no temamos que nos llamen anarquistas o anarquizantes, que ésta resucitada inquisición ha descubierto el ardid de tostar a los hombres en las llamaradas de la calumnia.

Ya nos han dividido en dos castas, buenos y malos.

No nos turbemos ante esta inmensa ironía. Rellenemos las filas de los malos que burla burlando, a la ida contra el enemigo, seremos los más y a la vuelta los mejores”

Es importante traer este pronunciamiento de Galdós, por que hoy como en aquéllos momentos hay que ponerse andar, hay que decir ya basta.

La sociedad castellana tiene que retomar su papel de protagonista del propio devenir, las gentes tenemos que pasar a ser los actores de nuestra propia existencia.

No podemos seguir dejando que secuestren nuestros derechos, para que ellos los parásitos del sistema aumenten sus privilegios.

Nos podemos seguir dejando que nos roben legal o ilegalmente para ellos poder enriquecerse.

Tenemos que empezar andar. gentes y los pueblos del Estado Español han demostrado en muchas ocasiones que tienen el dinamismo y la fuerza suficiente para luchar y vencer, ésta ocasión no ha de ser una excepción.

La conmemoración de la firma del Pacto Federal Castellano puede ser una ocasión para ponerse en marcha

Castilla 15 de junio 1991.

TEXTO DEL PACTO FEDERAL CASTELLANO

 

Una vez reunidos los representantes de las provincias castellanas, bien pronto vieron que todos coincidían en sentimientos y propósitos. La unión de los republicanos de las dos Castillas bajo una más fuerte y cuidadosa organización; la necesidad de estar todos tan conformes en la conducta como lo estaban en las doctrinas; el reconocimiento de que todos sus intereses eran solidarios y de que por tanto la ofensa hecha a uno ha de considerarse como ofensa hecha a todos; fueron desde el primer momento las aspiraciones manifestadas unánimamente; aspiraciones que debidamente expuestas dieron a conocer a la Asamblea:

 

Primero. La Asamblea de representantes de la federación Castellana reconoce y declara que la forma de gobierno que entraña y ha de realizar el ideal del partido republicano es la República democrática federal.

 

Esta forma, lejos de determinar el rompimiento de la unidad nacional, la exige y estrecha más íntimamente, una vez que la federación solo supone libertad de organizarse y vivir cada Estado como lo estime más conveniente, pero sin infringir ninguna de las verdades económicas y morales sancionadas por la justicia universal, ni mucho menos ninguno de los derechos individuales que constituyen y son inherentes a la personalidad humana.

 

Segundo. Siendo dogma del partido republicano que el convencimiento propio y su manifestación la soberanía popular lo que debe de determinar todos los actos políticos, los representantes de Castilla se adhieren a las manifestaciones de minoría republicana y de los pactos de Tortosa y Córdoba, respecto a la declaración de que todo ataque de índole general contra los derechos individuales proclamados por la revolución, será considerado como causa legitima de insurrección, sino se consiguiera la reparación debida por los medios legales.

 

Tercero. La Asamblea declara que la organización del partido a cuyo objeto deben encaminarse preferentemente todos los esfuerzos de los republicanos, debe consistir en la formación de las Juntas siguientes: Municipal o local, Distrito o Judicial, Provincial, de Cantón, de Estado, Federal y Suprema.

 

La Junta municipal se compondrá de los individuos que elija el partido de cada localidad. La de Distrito, de los representantes de cada Junta municipal. La Provincial, de los representantes de cada provincia. La de Cantón, de los representantes de cada provincia de las que se constituyan en Cantón. La de Estado, de los representantes de cada provincia, en tanto se constituyan los Cantones. La Federal, de los representantes de cada Estado. Y la Suprema, de los representantes de cada Federación.

 

La forma de elección y número de individuos con que se han de constituir estas Juntas, queda al arbitrio de cada una de ellas: sin embargo, la Asamblea recomienda como el mejor medio de elección, el sufragio universal directo para las Juntas municipales, y el voto de todos los individuos que compongan cada una de las Juntas, para su representación en la inmediata superior.

 

Cuarto. La Federación Castellana se constituye por la unión de las diecisiete provincias congregadas, y de cualquiera otra que se adhiera en forma legítima y solemne a este pacto.

 

Obligado a manifestar el partido republicano, que está unido por pensamiento y creencias comunes a Castilla por medio de sus representados, ha debido declarar cual es la forma de gobierno por cuya realización trabaja, y a fin de mostrar que no se mueve por ciego sentimiento, sino por íntima convicción, ha creído indispensable recordar, que el partido republicano proclama como su ideal la federación, no para destruir la unidad nacional que vincula tan altos ejemplos y tan memorables glorias, sino que, por el contrario, es federal, para afirmar y fundar más íntimamente esa unidad nacional que sobre la autonomía e independencia de la vida y organización y modo de administrarse y regirse cada provincia, están los altos principios de derecho y de moral, que tienten su manifestación en la justicia y en el entendimiento de honra nacional; así como está, dada la organización federal el gobierno central a quien corresponde la misión de conservar la nacionalidad española y garantizar los derechos individuales, como asimismo determinar servicios y obligaciones de carácter general.

 

Mas no basta esta manifestación de nuestras aspiraciones: era preciso declarar la conducta a que debía arreglar sus actos el partido republicano de las dos Castillas, y sobre este particular, como la unión en propósitos y fines de todo el partido republicano es un hecho, la Asamblea creyó que no podía ni debía separarse de la determinada por la minoría del Congreso y por las repetidas declaraciones de los pactos de Tortosa y de Córdoba. Así, los representantes castellanos creen y en ellos han convenido, que no deben renunciar a la propaganda y predicación de sus doctrinas, y que como quiera que la experiencia aconseja ser precavidos con ojo vigilante, a pie firme, y con el arma al brazo, los republicanos de Castilla, por medio de sus representantes, se obligan y comprometen a defender los derechos individuales y el sufragio universal proclamados por la revolución de Septiembre. Respecto a este punto, en la Asamblea de representantes de Castilla no podía haber divergencia; todo por la República democrática federal; o salvar la honra de España o perecer en la demanda. Tal es el compromiso serio y formal que las diecisiete provincias castellanas han contraído, y a que sabrán responder obedeciendo fielmente al llamamiento del partido.

 

Para cumplir bien o íntegramente este propósito y hacer uniformes todos los movimientos del partido, y poder subvenir, así a sus necesidades de todo género y consideración, como a la mutua ayuda que exige la solidaridad unánimemente convenida y aceptada, era indispensable una organización, que a la vez que uniera todas las diferentes localidades y dejase a estas su entera independencia, fuera acostumbrándonos a la federación y creando así los intereses y las relaciones que han de servir a ésta de fundamento. A este proyecto responde la organización establecida, que aun cuando a la primera vista aparezca complicada, es por sí tan sencilla, que solo exige, para que el partido se mueva enérgica y unánimemente, actividad y buen deseo en los individuos que han de componer cada una de las Juntas.

 

Y como quiera que las circunstancias especiales del país y del partido republicano lo exigen, la Asamblea, haciendo uso de los amplios poderes a que está investida, ha nombrado, aunque con el consiguiente carácter de provisional e interino, y en virtud, hasta tanto que cada agrupación haga uso del derecho que la asiste. Los individuos que han de desempeñar estos.

 

Esta Federación se compone de los dos Estados: Castilla la Vieja y Castilla la Nueva.

 

Reconociéndose en todas estas provincias su autonomía é individualidad propia, podrá cada una agruparse con otra u otra según lo consideren conveniente, y una vez verificado esto, la agrupación que de estas provincias resulte formará un cantón.

 

Mas como quiera que esta constitución no puede ni debe hacerse hoy, la Asamblea debidamente congregada, en la cual, previas las discusiones consiguientes, y habidas en cuenta sus relaciones e intereses, se constituirán los cantones en el número y forma que se estime conveniente.

 

Quinto. La Federación Castellana queda desde este momento constituida y establecida para representar y velar por todos los intereses del partido republicano y para fomentar y cuidar estos se nombrarán dos Juntas de Estado, compuestas de tantos individuos cuantas sean las provincias confederadas, con residencia la una en Valladolid y la otra en Madrid, en representación de los dos Estados de Castilla la Vieja y Castilla la Nueva. Asimismo, se nombrará otra federal, compuesta de cinco individuos, que representará la Federación Castellana, y sostendrá relaciones directas con las federaciones de Tortosa y Córdoba.

 

Estas tres juntas, aunque tienen el carácter de interinas o provisionales, hasta que, elegidas las definitivas, entren estas en el ejercicio de sus funciones, gozarán de todas las facultades que tienen las Juntas en cuyo reemplazo se nombran.

 

Sexto. En consecuencia con el anterior acuerdo, la Asamblea hizo los siguientes nombramientos:

 

Junta provisional del Estado de Castilla la Vieja

 

Por Ávila, D. Mariano Marcoartú Por Burgos, D. Felipe Corral Por León, D. Juan Téllez Por Palencia, D. Antonio Domingo Por Logroño, D. José Sáenz de Santamaría Por Segovia, D. Pedro Ochoa Por Salamanca, D. Tomás Roldán Por Soria, D. Lorenzo Ramos Por Santander, D. Prudencio Sañudo Por Valladolid, D. Lucas Guerra Por Zamora, D. Lázaro Somoza

 

Junta provisional del Estado de Castilla la Nueva

 

Por Albacete, D. Ramón López de Haro Por Ciudad Real, D. Manuel Moreno Por Cuenca, D. Pablo Correa Por Guadalajara, D. Cirilo López Por Madrid, D. Antonio Merino Por Toledo, D. Luis Villaseñor

 

Junta provisional Federal Castellana Por el Estado de Castilla la Vieja: D. Miguel Morayta y D. Antonio Merino Por el Estado de Castilla la Nueva: D. Francisco Valero y D. Mariano Villanueva

Presidente de la Asamblea Castellana D. José María Orense

 

Estas son, castellanos, las bases establecidas, estos los fundamentos primordiales, sobre los que creemos ha de asentarse sólidamente la organización de nuestro partido, y luego la reconstrucción de nuestra patria, los materiales, dispuestos están; los artífices, lo serán todos los buenos españoles, todos los amantes del pueblo, todos los demócratas republicanos.

 

Que cada uno ocupe su puesto, que cada cual trabaje con abnegación hasta el sacrificio, y si es necesario hasta el martirio.

 

Mientras se conserve al pueblo la libertad y francas las puertas de sus derechos, entremos por ellas a realizar la santa aspiración de que pende la felicidad de la patria. Pero si esas puertas se cierran por los que arteramente se han reservado la llave, no temáis, las escalas están preparadas, treparemos por el muro, y dentro o la victoria o la muerte.

 

La sangre de los Padilla, Bravo y Maldonado que corren por vuestras venas y el ardimiento de que guardan memoria estos pueblos de las comunidades, garantizan el éxito de nuestras aspiraciones y deseos.

 

Valladolid, 15 de Junio de 1.869

 

El presidente, José María Orense, representante por Madrid – El Vicepresidente Mariano Villanueva, representante por Toledo – El vicepresidente Manuel Pérez-Terán

 

 

 

 

Firmantes del pacto

 

Representantes por Ávila: Mariano de Marcoartú, Nicolás Hernández, Juan Paz

 

Representantes por Albacete: Francisco Valero, Ramón López de Haro, Mariano García, Antonio Ochando, Tomás Pérez, Ramón Moreno e Ignacio Villarino

 

Representantes por Burgos: Martín Barrera, Lucio Brogeras, Felipe Corral y Francisco Aparicio

 

Representantes por Ciudad Real: Dámaso de Barrenengoa e Ignacio Cortés

 

Representantes por Cuenca: Ramón Castellano y Pablo Correa

 

Representantes por Madrid: José María Orense, Antonio Merino, Ricardo Lupiani y Andrés Balló

 

Representantes por Guadalajara: Inocente Fernández-Abás

 

Representantes por León: Juan Téllez Vicén y Leocadio Cacho

 

Representantes por Logroño: Alberto Ruiz y Royo, José Sáenz de Santamaría y Tirso Crespo

 

Representantes por Palencia: Antonio Domingo, Ciriaco Tejedor, Casimiro Junco y Lorenzo González

 

Representantes por Salamanca: Tomás Roldán, Pedro Martín-Benitas, Anastasio Redondo y Aniano González

 

Representantes por Santander: Prudencio Sañudo y José María Herrán

 

Representantes por Segovia: Nicomedes Perier, Eloy Palacios y Pedro Ochoa

 

Representante por Soria: Miguel Morayta

 

Representantes por Toledo: Mariano Villanueva, Luis Villaseñor, Norberto García-Roco y José Beltrán

 

Representantes por Valladolid: Manuel Pérez-Terán, Lucas Guerra y Pedro Romero

 

Representantes por Zamora: Dionisio Guerra, Tirso Sainz de Baranda, Lázaro Somoza, Hermenegildo García, Juan Fernández-Cuevas y Cipriano Camerón.

 

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