Uno de cada diez niños en España puede estar en pobreza crónica toda su infancia

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Un informe de La Caixa alerta de la necesidad de activar políticas de ayuda familiares.

El grupo de los adolescentes es el que padece una mayor tasa de pobreza.

Uno de cada diez menores vive en una situación de pobreza crónica, unos 840.000 niños, en la que podrían permanecer durante toda su etapa de infancia y adolescencia si no se aplican políticas de ayuda a las familias.

Son datos de la investigación “Infancia, pobreza y crisis económica”, de la Colección de Estudios Sociales de la Obra Social La Caixa, que analiza en qué medida la crisis ha afectado al bienestar de los niños, estudiando aspectos como la tasa de pobreza, con datos del INE de 2004 hasta 2012.

El informe alerta de la cronificación de la pobreza infantil, sobre todo, en los niños que viven en un hogar con unos ingresos inferiores a 632 euros al mes, formado por una pareja y dos hijos.

El riesgo de pobreza se eleva con la edad de los niños, sobre todo de 14 a 17 años, y también entre los que son hijos de familias monoparentales, numerosas o hijos de origen no europeo.

La autora del estudio, la profesora de Economía de la Universidad de Girona, Sara Ayllón, calcula que con una ayuda de 1.000 euros al año por niño condicionada a la renta y destinada a los hogares actualmente pobres -sería el 0,9 % del gasto social- se conseguiría sacar a más de 400.000 niños de la pobreza.

Además, ha propuesto implantar una ayuda universal, similar a la que existen en muchos países europeos, y otras condicionadas al tipo de familias, entre las que incluye a las monoparentales o a las numerosas.

El estudio alerta de que uno de cada dos niños que viven en viviendas de alquiler son pobres.

Si se hace un seguimiento de las familias durante cuatro años seguidos -lo que denomina pobreza dinámica-, se aprecia que el 44 por ciento de los niños en España ha estado en esta situación en algún momento y uno de cada diez son pobres durante todo el periodo.

“Estos niños probablemente ya eran pobres antes y lo siguen siendo después de esos cuatro años”, ha señalado la investigadora, quien ha alertado de que “si no se les ayuda, pasarán toda la infancia en la pobreza”.

Cuando los padres no trabajan, las tasas de pobreza y privación oscilan entre el 50 y 70 por ciento. Así, en los hogares monoparentales con el progenitor en paro es de 54 % y si trabaja del 30 por ciento, mientras que en los hogares con ambos padres en paro es del 69 por ciento y en los que trabaja uno, es del 34 por ciento.

El estudio señala que los adolescentes son el grupo de edad dentro de la población infantil con la tasa de pobreza más elevada, con el 34 por ciento, mientras que los menores de 3 años tienen menos riesgo de pobreza, el 21 por ciento.

La profesora Ayllón ha destacado que a pesar de que su estudio se detiene en 2012, los últimos datos publicados por el INE de la Encuesta de Condiciones de Vida confirman estas conclusiones, ya se mantienen similares porcentajes, como la tasa de pobreza relativa del conjunto de la población del 22 % o el dato de que uno de cada tres niños en España es pobre (vive en familias con menos de 1.200 euros al mes).

“Los niños son los más perjudicados por los problemas derivados de la crisis económica, que tienen entre las causas la falta de una política familiar”, las tasas de paro o la caída de los salarios, ha dicho la investigadora, quien ha advertido de que se debería pensar en que los niños son el futuro de España.

Actualmente, España es el segundo país con la tasa de pobreza más alta de la UE, por detrás de Rumanía, concluye el informe.

Cuando la pobreza pone en riesgo la salud de los niños

Son la una y media de la tarde y empiezan a llegar los primeros niños al Centre Obert Gavina de Barcelona para comer. Hoy toca paella, pollo rebozado con ensalada y de postre un poco de sandía. La educadora social los acompaña a la mesa y mientras comen entablan conversación. La mayoría son estudiantes de secundaria, procedentes de institutos donde la jornada se hace de forma intensiva por la mañana y que por tanto, cuando llega el mediodía son enviados a casa, donde les esperan las familias, a veces, sin apenas comida que ofrecerles. Este centro, que se encuentra en el Raval, uno de los barrios de Barcelona más castigados por la pobreza y con un alto porcentaje de ciudadanos procedentes de otros países, lleva 35 años trabajando con niños y jóvenes en situación de pobreza y exclusión social.

La salud se pone a prueba cuando los niños viven en un entorno que, como señala Save the Children, compromete el desarrollo físico, mental, espiritual y social de los niños. Se pone en juego el derecho a disfrutar del más alto nivel de salud posible, afirman en un informe desde este organismo internacional.

Mientras se habla de recuperación económica el riesgo de sufrir pobreza es cada vez mayor. Según datos publicados recientemente por el INE aproximadamente 1 de cada 3 menores de 16 años está en riesgo de sufrir pobreza. En las niñas este dato es aún mayor. La organización Save the Children ha emitido un comunicado para exigir al Gobierno que “aumente la inversión para luchar en contra de la pobreza infantil”.

En Catalunya, alrededor del 15% de la población se encuentra en riesgo de sufrir pobreza, según los datos del INE. En este centro del Raval atendieron el año pasado 241 niños y 159 familias. Del total, el 66% de familias atendidas estaba en el paro, casi un 16% no tenía acceso a ningún tipo de ingreso y más de un 40% no llegaba al salario mínimo interprofesional.

La Sociedad Española de Salud Publica y Administrativa Sanitaria (SESPAS) alertó en un manifiesto que el grado de pobreza infantil alcanzado en España “dejará efectos indelebles en la salud de los niños a largo plazo”. Su presidente, el doctor Ildefonso Hernández Aguado, asegura en una conversación con Catalunya Plural que la pobreza infantil tendrá efectos a corto plazo para los niños, pero, otros efectos que no dejarán huella ahora, se empezaran a detectar dentro de 40 o 50 años.

Atención sanitaria sin garantías

Son las cinco y empiezan abrir las puertas del segundo local del Centre Obert Gavina para recibir a los niños del barrio que han sido enviados por los servicios sociales o integrados en el grupo tras estudiar su caso particular. Se sientan en las mesas de las distintas aulas y empiezan a hacer deberes. En una mesa hay un niño de unos cuatro años que intenta, haciendo movimientos con los dedos, adivinar el resultado de ocho más dos. La educadora lo ayuda, mientras el resto va dejando las bolsas y cogiendo sitio. La niña que está sentada a su lado lleva un ojo tapado. Jordi Balot, director del centro, explica a este diario que los trabajadores del centro han acompañado a la niña junto a la familia, al medico, para ayudarles a comprender lo que tiene y asegurarse que recibe la atención necesaria.

Comedor del Centre Obert Gavina / ENRIC CATALÀ

Comedor del Centre Obert Gavina / ENRIC CATALÀ

Aunque el acceso al sistema sanitario público debería estar garantizado a todo el mundo, algunas de las familias atendidas en el centro del Raval no tienen tarjeta sanitaria, puesto que se trata de ciudadanos inmigrados sin una situación regularizada. Pero más allá de la cobertura médica, hay algunos servicios que la seguridad social no cubre y que afectan de forma directa a la salud. Es el caso de los medicamentos, que aunque entren por la seguridad social, el paciente tiene que pagar en muchos casos el 40% de esta medicina. “A menudo acabamos yendo a la farmacia a comprar Dalsy para dárselo a las familias que no pueden gastarse los 3 o 4 euros que les cuesta”, comenta Jordi Balot.

Fedaia (Federació d’entitats d’atenció a la infància i l’adolescència) en un informe realizado en 2012 en plena crisis, alertaba de las deficiencias higiénicas y de espacios propios, fruto de vivir en hogares poco adecuadas, sin espacio, sin calefacción o agua caliente, muchas veces en pisos insalubres. Esto, decían, se traduce, en muchos casos, en alergias o infecciones. Jordi Balot, director del centro Gavina, explica que tienen dos duchas donde a veces acuden familias para poder lavarse con agua caliente. También ofrecen productos higiénicos para mejorar la salud de estas familias, o obligan a los niños a lavarse los dientes antes de ir a casa.

En su informe, Fedaia habla de las revisiones odontológicas que no están cubiertas por el sistema público y  que muchas de estas familias en riesgo de pobreza no pueden pagar. Ildefonso Hernández recuerda que la salud dental puede acabar a la larga provocando otros problemas de salud. Otro ejemplo es el de la oftalmología. El precio de las gafas conlleva que algunos niños no puedan llevarlas o no puedan renovarlas cuando lo necesitan.

“La pobreza infantil causa, por supuesto, problemas al desarrollo intelectual del niño y por tanto a su trayectoria vital”, afirma el doctor Ildefonso Hernández. A este desarrollo intelectual deficiente se le suman los problemas de crecimiento, derivados de malas alimentaciones. Fedaia pudo constatar con su análisis que “los hijos de familias más vulnerables presentan unos índices de crecimiento por debajo de la media” y dicen que los niños están más débiles “debido a no tener acceso a tratamientos de salud que son necesarios”.

Nueva pobreza infantil, los efectos psicológicos

Desde el fatídico momento en que una familia recibe la carta que anuncia que pronto serán desahuciados de su hogar, hasta que llega el día, y durante la posterior reubicación, la familia, y por tanto los hijos, están sometidos a un contexto de presiones y estrés que daña la salud mental. Así lo corrobora Jordi Balot, quien indica que en el centro donde trabaja tenían el año pasado 20 familias desahuciadas y algunas en proceso de desahucio. Balot cuenta que el hecho de que algunos niños estén sometidos a desahucios, o a entornos con pobreza energética, o dificultades económicas severas, provoca, no solo enfermedades mentales, sino que los niños convivan con incertidumbre, inseguridad o miedo.

Un informe publicado reciente por Fedaia, que relaciona pobreza y salud mental, constata que ha habido un aumento del número de trastornos en niños, pero también un incremento de los niños que se ven afectados por problemas de salud mental.

Alexandra Mariné, psicóloga del Servei d’Atenció a la Infància, que trata a menores afectados por la precariedad del entorno, afirma que además de la falta de elementos básicos en la vida de los niños en situación de riesgo de pobreza, hay a menudo en estos hogares un entorno emocional desequilibrado y alterado que afecta la evolución del menor y su sensación de seguridad, por esto habla de “nueva pobreza infantil”. Se trata de familias en riesgo de exclusión social con adultos que sufren trastornos mentales no diagnosticados y que tienen a su cargo jóvenes y niños. “Estos menores presentan des de trastornos ansiosos-depresivos, estrés postraumático hasta trastornos graves incipientes”, explica. Alexandra Mariné, que es  directora y psicoterapeuta de Espai per Créixer, un centro de Psicología infantil, adolescente y familiar, dice en declaraciones a Catalunya Plural que el hecho de que un niño crezca en este entorno hace que “el menor no sienta la seguridad necesaria para poder construir su identidad y esta falta afecta a todos los niveles de su bienestar psicológico y de su evolución”.

“Nos encontramos con niños abandonados en familia, desatendidos, que se convierten en adolescentes derrotados, niños que necesitan tener su espacio en el mundo, sentirse niños y jóvenes y no tener que proteger a sus adultos, como a menudo pasa”, explica. Con todo, esta psicoterapeuta, asegura que es difícil decir si un trastorno mental es más incidente que otro en los hijos de estas familiares, pero habla de “abandono de las tareas parentales” debido a los problemas económicos y de estrés a los que está sometida la familia y esto podría desencadenar, dice, en “trastornos más o menos graves en un futuro”.

Desde Fedaia también señalan que las familias que atraviesan dificultades económicas son más propicias a generar problemas de “alcoholismo, maltratos o desatención de los niños”.  De hecho, en el centro Gavina, en un 18% de las familias atendidas por el centro el año pasado se habían dado casos de violencia intrafamiliar.

A todo esto hay que añadir que la atención psicológica es uno de los servicios de más difícil acceso para las familias en situación vulnerable. Fedaia constata que desde la crisis económica ha habido recortes al presupuesto de los Centres de Salut Mental Infantil i Juvenil (CSMIJ). Jordi Balot denuncia que en muchas ocasiones cuando piden ayuda al CSMIJ estos no den cita hasta dentro de seis meses.

Una niña comiendo en el Centre Obert Gavina del Raval / ENRIC CATALÀ

Una niña comiendo en el Centre Obert Gavina del Raval / ENRIC CATALÀ

 

La alimentación, un derecho vulnerado

Los bocadillos, el yogur y la fruta están preparados para que los niños del Centre Obert Gavina los coman una vez terminados los deberes.

Nueve de cada 10 niños en riesgo de exclusión con hijos atendidos por la Creu Roja Catalunya sufren inseguridad alimentaria. Esta es la conclusión que se desprende del último estudio realizado por el Observatori de Vulnerabilitat de esta entidad. El 32% de las familias atendidas por Creu Roja Catalunya destina menos de 200 euros a la alimentación familiar, un dato que se opone a la recomendación de la Agència Catalana de Salut Pública que recomienda gastar entre 520 y 600 euros mensuales por familia con dos adultos y dos niños.

“La alimentación es una necesidad básica, con consecuencias nutricionales y con impactos sociales, emocionales y culturales”, además de las consecuencias sobre la salud, explica Melanie Cassarino, dietista-nutricionista de la Creu Roja Catalunya, a este diario. Dice que los niños que van al colegio sin haber desayunado y quizás tampoco cenado no rinden igual y a la larga conlleva problemas de salud. Explica que los nutricionistas en la Creu Roja intentan pensar dietas ricas en nutrientes pero con costes bajos: “hay alimentos baratos, como los huevos, las legumbres, la caballa o el pollo, que bien combinados pueden ofrecer una dieta equilibrada”.

No acceder a una dieta estructurada no solo tiene problemas en el crecimiento físico y en el desarrollo intelectual de los niños, un caso paradójico es el de la obesidad infantil generada por una mala alimentación, fruto, en muchos casos, del difícil acceso a alimentos ricos nutricionalmente. En 2014 España estaba entre los primeros países de la Unión Europa con mayores problemas de obesidad infantil. “Muchos de los alimentos calóricos pobres nutricionalmente son baratos” explica Ildefonso Hernández, que concluye que “la obesidad en nuestro país está muy ligada a desigualdades socioeconómicas”.

Hoy los educadores del Centre Obert Gavina se han asegurado de que los niños se han comido toda la merienda, puesto que saben que algunos de ellos no volverán a probar bocado hasta el día siguiente. A las ocho empezarán a recoger mientras los padres ya estarán fuera esperando a que sus hijos salgan para ir a casa.

“La pobreza infantil tendrá efectos a corto plazo para la salud de los niños, pero otros efectos se empezarán a detectar dentro de 40 o 50 años”

1 de cada 3 menores de 16 años está en riesgo de sufrir pobreza

Según un informe reciente de Fedaia ha habido un aumento del número de trastornos en niños, pero también un incremento de los niños que se ven afectados por problemas de salud mental

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