Al fiscal no le gusta Gamonal

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Por Basilio el Bagauda

Nunca fue de Ley ni de Orden que la Guerra de Troya, repetida insaciablemente, fuera ganada por los troyanos. Lo suyo es que una vez colocado el infausto equino de madera dentro del castillo, de sus tripas salieran los futuros vencedores hoplitas regando de sangre las calles de la mítica ciudad y tomando el cetro de poder. Aún así en la primera guerra troyana los griegos tuvieron que pagar su precio tras la desaparición del semidios Aquiles y su desafortunado talón.

En Gamonal los griegos perdieron y el castillo fue salvado…

Por eso la Fiscalía, máquina de guerra de las élites tantas veces delictivas… y exculpadas, quiere vengar que el cuento en Gamonal no acabara igual: el barrio se llenó de caballos metálicos con psicodélicas luces azules dispuestas para crear la parálisis. De ellos salían furibundos guerreros comprometidos para acabar con la disciplinada aventura de unos cuantos troyanos envalentonados por el apoyo masivo de todo un pueblo y entregados a defender la causa: ¡¡GAMONAL NO QUIERE BULEVAR!!


Noche tras noche aumentaba el número de soldados pero las embestidas volvían a repelerse. Los combates eran cada vez más encarnecidos y las tropas desplegaban todo su poder ante las temibles piedras de la Intifada.

No hubo tregua… no hubo esquina, ni calle, ni portal ni fachada que no fuera marcada por las huellas de la batalla.

Finalmente se produjo el milagro: los azules y sus caballos desaparecieron, el caudillo compungido anunció la derrota y su financiero arrugó la frente y se retiró a su palacio de invierno. Hemos, en cualquier caso, hacer notar en esta historia que los azules griegos no perdieron a su “Aquiles” venido a menos, entre otras cosas porque éste ni si quiera se acercó por el campo de batalla, entregado como estaba a dejar en ridículo a toda la ciudad en cada una de sus apariciones públicas en el “show business”.

Pero el Imperio de la Ley, que para eso es imperial, no iba a dejar las cosas así: hacer salir al Poder con el rabo entre las piernas tiene un precio alto que pagar…

La Fiscalía, nuestra fiscalía, no soporta el color ni el calor del fuego que escupían los escondites de nuestras miserias. No supo ver la metáfora: la basura de las inmoralidades públicas desaparecía ante el fuego eterno y limpiaba las indecentes conciencias.


La Fiscalía no puede consentir noches de cristales rotos, de heridos escaparates que sólo protegían la codicia y la ambición.

La Fiscalía no cree que sea de Ley que se use la fuerza y se obstruya a quien corresponde el monopolio de la violencia en una tierra donde el monopolio es la única Ley.

La Fiscalía y sus fiscales claman Justicia, se ajustan a Derecho, se sienten proporcionales pero inflexibles contra aquellos que buscan violentar la paz social y el silencio de los corderos, o en expresión rajoyana la mayoría silenciosa.

Al fin y al cabo son sólo tres años, 1095 días, tan sólo 26280 horas…

La Fiscalía se alerta ante la posibilidad de que las calles sean tomadas por hordas de jóvenes embozados con sus capuchas y armados de piedras hasta los dientes.


En nuestro ya triste país la Justicia no es ciega. Que piensen muchos de sus jueces y sus tribunales, que no lo son para muchos de los que creemos en la JUSTICIA, que si ellos no quieren ni saben frenar la impunidad y la ignominia muchos otros lo harán, y que la violencia, esta violencia que con tanta animosidad persiguen y prejuzgan, no es más que el producto de la desesperación, la desilusión y la injusticia acumulada durante mucho tiempo.

Que no crean muchos de esos jueces y fiscales, en su ignorante y prepotente visión del mundo, que los hijos de las clases trabajadoras no ven y perciben en su entorno que la Ley es una telaraña que atrapa a los humildes y débiles insectos y se rompe irremediablemente ante el paso de un elefante, y que ante la corrupción y su inexistente persecución sólo queda la unión y la desobediencia.

Don Santiago exige su deuda de sangre dada la gravedad de la afrenta: 3 años…

Ahora que la farsa está montada dirán aquello de que caiga todo el peso de la Ley sin querer recordar que varía en función de quien sea el que esté sentado al otro lado de la dichosa balanza.

Quizás para el Sr. Mena no sea buen momento de recordar que quien estaba detrás del negocio del bulevar era la misma persona que años antes fuera condenado por sus corruptelas en el negocio del ladrillo y la obra pública. Quizás será demasiado para usted recordar que el pájaro salió de la jaula en mucho menos tiempo de lo que pide usted para los hijos de los trabajadores.

Quizás, ya tan sólo quizás, no sea este un buen momento para hacerle refrescar la memoria ante la ausencia de la Fiscalía tras la grabación del hijo del exconvicto agradeciendo los deberes prestados al Concejal de Urbanismo, hoy nuestro Alcalde, vuestro “Aquiles”, mientras le regalaba un viaje pagado a la siempre glamurosa Costa Azul.

Quién sabe si usted hubiera intervenido cuando el proyecto exacto del bulevar, tras ganar un concurso cuando menos polémico, coincidía con un proyecto aparecido meses antes en el periódico propiedad del exconvicto.

Supongo que nunca tuvo tiempo de comprobar que había detrás de todo eso aunque si lo tuvo a lo largo de toda esta maravillosa legislatura para archivar denuncias y pedir sobreseimientos en los tribunales cada vez que un concejal del equipo de gobierno se metía en algún problemilla.

Hágaselo mirar Sr. Mena porque a veces la violencia es también el resultado de la mendacidad y la cobardía. Y sí, también de la omisión de la Justicia.

El escritor Chesterton decía que “los niños (y yo añado los fiscales) son inocentes y aman la Justicia mientras que la mayoría de los mortales no lo somos y preferimos la misericordia”. Sólo espero que esta vez también elija la misericordia…

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