Indignación ante los cánticos y silencio ante las agresiones

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Lo más llamativo de la indignación generalizada por los cantos ofensivos de un sector de la hinchada bética es que se ha dirigido a quienes insultan a la joven maltratada por el jugador Rubén Castro, pero ha eludido cuidadosamente al maltratador mismo. Indigna la ofensa verbal a la víctima, pero no la conducta fáctica del verdugo.

El gran revuelo de esta semana se ha producido, como se sabe, por la difusión de un vídeo donde se oye a los cráneos privilegiados de la hinchada sur llamar puta a la exnovia de Castro y justificar la conducta violenta de éste. Pero lo cierto es que no se produjo indignación ni revuelo alguno cuando se conoció la detención del jugador en el verano de 2013 por pegarle a la joven, ni tampoco cuando el fiscal pidió dos años de cárcel contra él por varios presuntos delitos de maltrato ni, finalmente, cuando la juez del caso dictó auto de procesamiento.

 

Mensaje de agradecimiento del Betis a su afición con la imagen de Rubén Castro, en la temporada pasada.Mensaje de agradecimiento del Betis a su afición con la imagen de Rubén Castro, en la temporada pasada.

UNA COMPASIÓN SIMULADA

No se trata ya de que asistamos a una indignación retardada: se trata de que asistimos a una indignación ficticia, ¿pues cómo llamar a una indignación que se siente espoleada por las palabras pero no por las cosas, por los cánticos ofensivos pero no por los golpes efectivos? Es una indignación ficticia porque simula una compasión por la víctima que en realidad está muy lejos de sentir.

Es cierto que distintas personas e instituciones han condenado el ya célebre cántico ‘Rubén Castro alé, Rubén Castro alé, no fue tu culpa, era una puta, lo hiciste bien’, donde los cantores no solo ofenden a la exnovia de Castro, sino también a las propias putas al considerar que el hecho de serlo autoriza a maltratarlas, aunque no es probable que esta última derivada se les haya pasado por la cabeza…

PREDICAR SIN EL EJEMPLO

En efecto, ha habido condenas contra los cánticos, pero no las ha habido contra el jugador. Sobre su conducta personal presuntamente delictiva no se ha oído ni una sola palabra pública: ni ahora ni cuanto estalló el caso. Y ello a pesar de que Rubén Castro es una persona pública. Y no una persona pública cualquiera: se dedica a una actividad como el fútbol que es, como se ha recordado tantas veces, el lugar donde tantos centenares de miles de niños y jóvenes se socializan y aprenden las pautas y los ejemplos que los guían para convertirse en personas.

El presidente del Betis dijo ayer mismo que los cánticos le parecían ”francamente repugnantes”, y es esa condena, sin duda sincera, lo que los medios de comunicación han resaltado. No han subrayado, en cambio, en sus titulares lo verdaderamente significativo de la declaración de Juan Carlos Ollero, que es cuando dijo que el procesamiento de Rubén Castro “es un asunto personal del jugador” que “no atañe al club como institución”. ¿Personal? ¿Un presunto delito de violencia de género es un asunto personal?

CANTAR, PEGAR, CONDENAR

En realidad, lo que piensa el presidente del Betis es lo que parecen pensar los que condenan a quienes han cantado ofensivamente contra la mujer, pero no a quien le ha pegado reiteradamente. El mundo del fútbol dice estar contra la violencia de género pero siempre, eso sí, que ello no le suponga coste alguno. Si el precio es apartar a su mejor jugador dejándolo en el banquillo, entonces ya no está dispuesto a pagarlo. No es imposible que el Betis hubiera sido realmente duro con el jugador si éste no fuera tan determinante para el juego del equipo.

Pero el reproche también vale para el mundo de la política: si el precio resultante de la condena es ponerse en contra a la afición bética, que podría tomarse muy mal que quisieran privarla de su goleador, ese precio la política no está dispuesto a pagarlo. Ciertamente, ni al fútbol ni a la política se les puede pedir todo en materia de ejemplaridad: pero al menos sí se les puede exigir que no simulen ser mucho más ejemplares de lo que realmente son.

¿Son sinceras las condenas públicas de los cánticos machistas? ¡Por supuesto que lo son! ¿Son útiles? ¡Por supuesto que no! Lo serán el día que los niños, los jóvenes y los adultos que llenan los campos de fútbol vean con sus propios ojos que, ante un caso de violencia de género, su club no solo dice algo, sino que además hace algo.

 

Antonio Avendaño / 24 feb 2015

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