La Infanta movilizó a todo el Instituto Nóos para colarse en Davos con la élite mundial

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Hace ahora casi un año, el pasado 8 de febrero, la infanta Cristina de Borbón vivió, sin duda, uno de los días más duros y amargos de su vida. Durante más de cinco horas, el juez José Castro le formuló, en su condición de imputada, cientos de preguntas, en un tono correcto pero muy incisivo, sobre los trabajos que tanto su marido como ella misma realizaron para el Instituto Nóos. Pero la Infanta, bien aleccionada por sus abogados de postín, no sólo se desvinculó por completo de la actividad de la asociación supuestamente altruista, sino que se parapetó tras la confianza ciega en su marido y un monocorde “no me consta”.

De haberlo sabido, Castro le habría preguntado, con toda seguridad, por su empeño en asistir en 2006, ocho años antes, al Foro Económico Mundial de Davos, una fundación sin ánimo de lucro que congrega, en la asamblea que celebra anualmente en esa localidad suiza, a los principales líderes políticos, empresariales e intelectuales del mundo, además de a cientos de expertos y especialistas en las más diversas áreas de conocimiento. De haberlo sabido, el juez le habría preguntado quién organizó, gestionó y financió los preparativos para que la hermana del rey Felipe VI se colara en tan exclusivo evento, aunque, probablemente, la Infanta habría vuelto a escabullirse tras el enésimo “no me acuerdo”.

A principios de 2005, una pequeña delegación del Instituto Nóos viajó a Ginebra para sondear un posible acuerdo de colaboración con el Foro de Davos y su organizador, la Schwab Foundation. Los lazos entre ambas instituciones eran bastante sólidos, y no precisamente por Iñaki Urdangarin o la infanta Cristina

De haberse acordado, la duquesa de Palma podría haberle contado a Castro que, a principios de 2005, una pequeña delegación del Instituto Nóos viajó a Ginebra (Suiza) para sondear un posible acuerdo de colaboración con el Foro de Davos y su organizador, la Schwab Foundation. Los lazos entre ambas instituciones eran bastante sólidos, y no precisamente por Iñaki Urdangarin o la infanta Cristina, sino, sobre todo, por dos recientes fichajes de Nóos: Pedro Ralda, que había sido subdirector de Davos y responsable de los foros regionales que se celebran en África, Asia o Latinoamérica, e Ignasi de Juan, íntimo amigo de la directora del Foro de Davos, Pamela Hartigan.

Tras ése y posteriores contactos en la capital suiza, el propio Foro de Davos propuso al Instituto Nóos que algún directivo de la entidad fundada por Urdangarin y Diego Torres participase en la siguiente edición, prevista para 2006, como miembro del jurado que entregaría los premios a emprendedores sociales. La idea de ser ella la protagonista entusiasmó a la infanta Cristina, miembro de la Junta Directiva de Nóos, y así se lo comunicó al resto de los miembros, entre ellos Carlos García Revenga, secretario personal de la infanta y enlace entre la Casa del Rey y el Instituto Nóos, y el propio Urdangarin.

A partir de ese momento, toda la maquinaria del Instituto Nóos, capitaneada para la ocasión por Ralda y De Juan, se puso manos a la obra para lograr el objetivo, después de que la Casa del Rey diese el visto bueno. De hecho, fue La Zarzuela quien propuso que la infanta Cristina acudiese al Foro de Davos no en nombre del Instituto Nóos, sino como representante de la Fundación La Caixa, en la que la hija del entonces rey Don Juan Carlos trabajaba. Sin embargo, toda la logística de la operación corrió a cargo de los directivos y empleados de la entidad que aseguraba no tener ánimo de lucro.

Pinche aquí para acceder a uno de los correos de Ignasi de Juan.Pinche aquí para acceder a uno de los correos de Ignasi de Juan.

A partir de ese momento, se desata un febril cruce de correos electrónicos entre el Instituto Nóos, la Schwab Foundation, la Casa del Rey, La Caixa y hasta La Moncloa. El 8 de julio de 2005, De Juan le envía un email a Hartigan, la directora del Foro de Davos, en el que le recuerda que el propio fundador y presidente del foro, Klaus M. Schwab, tiene que enviar una carta a La Moncloa, otra a la Casa del Rey y una tercera al Instituto Nóos comunicando de manera formal la participación de la Infanta en la edición del año siguiente.

Tres días más tarde, la subdirectora del Foro de Davos, María Hermoso, envía un email de respuesta a De Juan. “Hola, Ignasi. Tengo la carta casi lista para enviar. Digo casi porque, tal y como tú sugeriste, estará firmada por Klaus y Pamela. Klaus lleva unos días de viaje y no regresa hasta el jueves 14 de julio, en que firmará la carta y estará lista para enviar. Pamela ha salido hoy de viaje, pero ha dejado la carta firmada. ¿Coinciden estas fechas con tus planes?”. Pero el 22 de julio, el directivo del Instituto Nóos envía un nuevo correo para apremiarlas con el asunto de las cartas. Y, de paso, para sondear la posibilidad de algún buen negocio.

De Juan propone a Hartigan una próxima “visita a Suiza” de la Junta Directiva del Instituto Nóos para reunirse con ella misma y el patriarca de la fundación, Klaus M. Schwab, con el fin de “preparar algún convenio de buenas intenciones y colaboraciones futuras entre las dos instituciones. Nos encantaría afianzar el puente de colaboración que hemos empezado hace tiempo. Os invitaremos a nuestros actos, el Valencia Summit, y a participar muy activamente al Barcelona Summit de Salud”, un evento que jamás llegó a celebrarse.

Pinche aquí para acceder a otro de los emails.Pinche aquí para acceder a otro de los emails.

De Juan había aterrizado en el Instituto Nóos por recomendación de la escuela de negocios Esade. Se autoimpuso el cargo de director del Instituto de Salud, Ciencia y Sociedad, con un salario de 100.000 euros anuales y la obsesión, nunca materializada, de organizar en España una cumbre sobre Salud y Filantropía. Ralda, procedente del Foro de Davos, fue nombrado por Urdangarin y Torres director de Relaciones Institucionales de Nóos. Más adelante, ya como freelance, siguió colaborando con Urdangarin y Torres en la captación y gestión de patrocinadores, siendo sustituido por Víctor Ugarte, ahora director del Instituto Cervantes en Sidney.

Pero no fue la infanta Cristina el único miembro de la familia real que quiso codearse en Davos con la élite mundial. En 2004, justo un año antes, la Casa del Rey hizo gestiones ante la embajada española en Suiza para colar a Urdangarin en el foro mundial. Como ya reveló El Confidencial, Luisa Massuet, una de las ayudantes del duque de Palma en el Instituto Nóos, envió un correo a García Revenga con el encargo de que entregase al embajador español en Berna el curriculum del cuñado de Felipe VI para “ir adelantando lo de Davos”. Pero, finalmente, ni Urdangarin participó en la edición de Davos de 2005 ni la Infanta en la del año siguiente.

 

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