Una atalaya para el empoderamiento juvenil

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Participantes en el proyecto nos recibieron en el centro social. /R.B.T.

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ROBERTO BLANCO TOMÁS.

Vallecas tiene un nuevo espacio donde los jóvenes pueden desarrollar sus inquietudes y sentirse dueños de su destino, el Centro Social Okupado Juvenil Atalaya, que hemos visitado en compañía de algunas de las personas que participan en el proyecto. Recorriendo su interior, saltan a la vista las grandes posibilidades que ofrece, así como el enorme trabajo realizado hasta la fecha para acondicionarlo y el no menos enorme que les queda por delante. Currantes y decididos, estos jóvenes no se dejan intimidar: granito a granito están transformando este antiguo instituto, y en el proceso también se están transformando a sí mismos.

Sobre la idea de partida, Iker nos explica: “uno de los motivos fue continuar el legado transformador del pueblo castellano. La juventud de este barrio se sentía en la obligación de continuar con este legado generando un espacio distinto en el que se posibilite el empoderamiento juvenil, que las y los jóvenes empiecen a ser dueños de su futuro, y responder desde una óptica juvenil a los problemas que nos atañen, que son distintos y específicos”. Con este propósito, se pusieron manos a la obra y entraron en el edificio abandonado la noche del 18 de noviembre.

Los jóvenes han trabajado duro, y aún les queda tarea. /R.B.T.Nos lo cuenta Dani: “la iniciativa la toma Yesca. Durante los primeros días se sigue lo que hemos llamado ‘la estrategia del ninja’: no hacer ruido, que no se den cuenta de que estamos aquí… pero no salió bien. Vino la Policía, identificó a un montón de gente, y el 25 por la mañana se presentaron 50 antidisturbios de la Policía Municipal, sin orden judicial. Cortaron la cadena y entraron, no hubo nada que hacer. Entonces nos dimos cuenta de que dicha estrategia no era la mejor, que era preferible abrirlo a la gente de Vallecas. Así que hablamos con distintas personas, entramos de nuevo el 29 por la mañana, y ya por la noche le dijimos a todo el mundo que se viniese a conocer el espacio. Esa noche tuvimos un problema con la Policía: al parecer, desde que nos habían desalojado habían puesto seguridad privada, que no se dio cuenta hasta doce horas después de que habíamos okupado. A las doce de la noche aparcaron su coche ahí, nos dijeron que no podíamos estar aquí, y les dijimos: ‘pues está okupado’. Vinieron varios furgones de municipales, cortaron la calle, y como no tenían orden judicial y estábamos avisando a la gente de que había amenaza de desalojo, al final se fueron. De vez en cuando vienen, nos preguntan si les dejamos entrar, evidentemente les decimos que no, y ya está. Un compañero ha dado sus datos comunicando que está aquí, y así, si hay cualquier orden judicial, se la tienen que mandar y nos enteramos”.

Continúa Iker: “los primeros días fueron bastante tétricos: sin luz, sin agua, sin ventanas… Teníamos que ir con frontales para limpiar, y al principio nos agobiamos un poco porque parecía demasiado amplio para gestionarlo. Decidimos que íbamos a ir tranquilamente y planta a planta, y entonces nos centramos primero en adecentar la zona de la entrada y un sitio para dormir. Tuvimos que quitar miles de cristales y escombros, lidiar con miles de destrozos, ventanas rotas, lavabos tirados por ahí, libros de texto que fuimos apilando… Durante esos días no abrimos mucho: lo hicimos por grupos de afinidad y confianza y por el colectivo. Después ya abrimos a la gente, y la verdad es que vino absolutamente todo el mundo de Vallecas”.

“Luego la prioridad fue tener electricidad —sigue Dani—. Compañeros que saben un montón de este tema se pusieron manos a la obra, habiendo conseguido dotar a toda la planta baja con este recurso, y a la primera planta ya solo le faltan las aulas. También otra persona que sabe de fontanería ha acondicionado dos baños. Como nuestra media es de 20 años, incluso menores, no teníamos ni idea prácticamente de hacer nada, y gente más mayor nos ha ido enseñando cómo se suelda, cómo se corta con la radial… Y poco a poco pusimos las puertas, aseguramos la entrada, hemos estado levantando ventanas y aprendiendo a hacer cemento… Así, está siendo también una especie de escuela: estamos aprendiendo de hecho a hacer una casa”. “Es de lo que se trataba —apunta Iker—: ese empoderamiento juvenil que queremos no solo se consigue una vez el espacio esté rehabilitado, sino también en que las y los jóvenes de Vallecas sean capaces de rehabilitar por sí mismos el espacio”.

La cuestión de por qué “juvenil” y no “intergeneracional” es algo que quieren aclarar. Nos dice Iker: “aunque pueda participar gente de todas las edades, la gestión la van a realizar los jóvenes. No es por una cuestión de choque entre edades, sino porque pensamos que es muy importante y necesario para la transformación social que los jóvenes dispongan de sus propios espacios en los que reflexionar sobre sus propios problemas y darles soluciones por sí mismos. Creo que eso nos otorgará en el futuro una juventud más madura, capaz de rebelarse contra cualquier cosa que considere injusta. Y en torno a ese pilar, también al de volver a reivindicar Vallecas como un municipio y al de recuperar la cultura de nuestro pueblo, girarán las actividades que vamos a ir realizando. También actividades enfocadas en torno a la autogestión del propio centro: somos nosotros quienes vamos a sacar esto adelante, y eso también es un valor que queremos transmitir. Y, sobre todo, lo que pretende ser esta experiencia es una muestra de cómo queremos que sea la sociedad en la que queremos vivir, un prototipo que valga como ejemplo para Vallecas, para Castilla y para el resto del mundo. De la misma manera, nosotros también estamos reproduciendo otras experiencias: por ejemplo, en el pueblo catalán existen desde hace tiempo las llamadas ‘casas de jóvenes’. Éste es el primer centro okupado juvenil de toda Castilla, algo que nos enorgullece. Es verdad que existían ya centros así en otros lugares del mundo, y aquí hacía falta que alguien tomase la iniciativa. Es bonito que ésta salga de un municipio tan combativo como Vallecas, y pensamos que eso igual queda para la historia, lo que nos hace bastante ilusión”.

Nuestros anfitriones se despiden con un mensaje: “para la gente que quiera participar, debe saber que tenemos asambleas cada semana, que se pueden pasar, que pregunten… Tenemos Facebook, Twitter y una cuenta de correo. Las puertas del centro están abiertas de par en par para toda persona que quiera venir a construir”, invita Iker.

Contactoachada del antiguo instituto, hoy recuperado para el barrio. /R.B.T.

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