«Ley mordaza»: puro y duro estado policial

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Poca broma. El panorama que presentan los poderes constituidos del Estado español está repleto de amenazas y motivos para la preocupación. El Ejecutivo es percibido como una mafia. El Legislativo es un monumento a la inoperancia porque la mayoría absoluta del PP impide que sirva de nada. Y el poder judicial está desprestigiado. La corrupción se desparrama y a un escándalo le sucede otro mayor indicando descomposición. La combinación de la corrupción con los devastadores efectos de la crisis ha socavado definitivamente la credibilidad de su clase política y la legitimidad de los cimientos del Estado. Y es precisamente en estas coyunturas, en estos claroscuros, donde los neofranquistas y su agenda involucionista, en definitiva, los monstruos, adquieren todo su relieve.

 

La nueva Ley de Seguridad Ciudadana que ha aprobado el Congreso español mediante el rodillo parlamentario de la mayoría absoluta del PP es, en efecto, una monstruosidad. Equivalente a la franquista Ley de Orden Público promulgada en 1959, incompatible con los estándares europeos de libre reunión y manifestación, basa su esencia en la sanción administrativa contra la movilización ciudadana. En otras palabras, potestad para imponer arbitrariamente multas astronómicas con el objetivo de quebrar la voluntad colectiva de las protestas, criminalizar y silenciar los medios de expresión del legítimo hartazgo e indignación de la ciudadanía. Es decir, puro y duro estado policial.

Con esta ley, la genética franquista del PP vuelve a mostrarse con todos sus excesos represivos y su voluntad de criminalizarlo todo. Además de mostrar su insensibilidad con la explosiva realidad socio-económica, cree que cerrando todos los cauces a la expresión de la indignación popular puede hacerse fuerte e imponer nuevos giros de tuerca sobre otros derechos fundamentales. Pero es una apuesta equivocada. Con ese autoritarismo tan extremo no podrán contener una realidad que ya se les ha ido de las manos. Poniendo un precio individual a la protesta no evitarán que esta se haga mucho más ingeniosa, amplia y colectiva.

 

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