Las torturas de la CIA fueron más brutales de lo admitido e ineficaces

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Las torturas aplicadas por la CIA en el marco de la «guerra contra el terror» puesta en práctica por George W. Bush tras el 11S fueron más brutales de lo que sus agentes indicaron al Congreso y a la ciudadanía y , además, resultaron ineficaces, según el informe hecho público ayer por el Senado.

GARA WASHINGTON

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El Comité de Inteligencia del Senado de EEUU hizo público ayer un informe sobre las brutales técnicas de tortura que la CIA usó para interrogar a sospechosos tras los atentados de 2001, lo que preocupa a la clase política estadounidense y a algunos aliados de Washington.

El informe, publicado tras cinco años de recopilación de documentos e investigaciones, aborda los métodos de interrogatorio a sospechosos de pertenecer a Al Qaeda retenidos en instalaciones secretas en Europa y Asia en los ocho años posteriores al 11S.

Esas personas fueron sometidos a técnicas que incluían el ahogamiento simulado, agresiones sexuales, «alimentación» e «hidratación rectal» forzosa, mantenerles durante períodos prolongados en posiciones incómodas, impedirles dormir y otros métodos que fueron aplicados en centros de detención clandestinos manejados por la CIA en distintos puntos del planeta, como Polonia y Rumanía, y en la prisión de la base militar que EEUU tiene en la bahía de Guantánamo, en la isla de Cuba.

Los detenidos sometidos al «submarino» eran atados a una tabla y se les llenaba la nariz y la boca de agua, a veces durante 30 minutos y varias veces al día, provocándoles convulsiones y forzándolos a vomitar, llegando incluso a la inconsciencia.

Entre otras técnicas, varios detenidos mencionan bofetadas, puñetazos, golpes, sometimiento a temperaturas glaciales y duchas de agua fría, a posiciones incomodas y dolorosas durante largos períodos y privación de sueño durante más una semana.

También se citan simulaciones de ejecuciones, así como el uso de una pistola y de un taladro para aterrorizar a Abd Rahim al-Nashiri. Un agente también habría amenazado con matar a la familia de Cheij Mohammed.

Las torturas y métodos de interrogatorio utilizadas por la CIA fueron «mucho peores» de lo que se había reconocido públicamente hasta ahora, apunta el informe de 525 páginas que incluye párrafos tachados para proteger información confidencial -su versión clasificada tiene más de 6.000 páginas- y que apunta que la CIA impidió que el Congreso y la Casa Blanca tuvieran acceso a información sobre lo ocurrido.

Los brutales métodos de interrogatorio «no fueron una forma eficiente de adquirir información precisa u obtener la cooperación de detenidos», añade el informe, que apunta que la CIA insistía en la eficacia del sistema.

El informe, divulgado pese a que el secretario de Estado, John Kerry, advirtió la semana pasada sobre el impacto negativo que podría tener para los intereses estadounidenses en el mundo, también denuncia que la CIA «no llevó un conteo profundo o preciso del número de personas que detuvo, y del número de detenidos que no reunían las condiciones mínimas para ser detenidas».

El documento contiene duras revelaciones sobre el programa secreto que puso en marcha el Gobierno de George W. Bush (2001-2009) para interrogar a las personas consideradas sospechosas de tener vínculos con Al Qaeda tras los ataques del 11S.

«Sitios negros»

Los detenidos considerados de gran valor fueron interrogados por la CIA en lugares secretos, «sitios negros», antes de ser trasladados a la prisión de Guantánamo, en 2006.

Un informe del Parlamento europeo de 2007 acusa sobre todo a Polonia y a Rumania de haber albergado, entre 2003 y 2005, centros secretos de detención en Kiejkuty, nordeste de Polonia, y en Bucarest.

Polonia nunca ha admitido oficialmente la existencia de cárceles secretas de la CIA en su territorio. Sin embargo, en julio, la Corte Europea de Derechos Humanos condenó a Polonia por «complicidad» en las torturas sufridas por un palestino y un saudí.

Un centro en Antaviliai, en Lituania, visitado por parlamentarios europeos, también es sospechoso de haber albergado una cárcel secreta de la CIA.

Lo mismo ocurre con Tailandia y Afganistán.

El informe del Senado estadounidense señala que EEUU pagó a terceros países para mantener sus operaciones en secreto, pero no dará nombres de los estados donde tuvo cárceles secretas.

El informe apunta que altos cargos, entre ellos los exdirectores de la CIA George Tenet, Porter Goss y Michael Hayden, proporcionaron repetidamente información falsa y exageraron varias veces el valor del programa de interrogatorios en las sesiones informativas secretas celebradas tanto en la Casa Blanca como en el Congreso, además de en discursos públicos.

Las conclusiones del informe «dejan claro cómo este programa era moral, legal y administrativamente un error». No obstante, Dianne Feinstein, presi- denta demócrata del Comité de Inteligencia encargada de presentar el informe ante el pleno del Senado defendió el papel de la CIA en su conjunto y apuntó a «unos pocos» encargados de ejecutar el brutal programa de interrogatorios, que no ha dudado de calificar como ejemplo de «tortura». Explicó que ningún agente ni responsable de la CIA informó entonces al presidente Bush sobre las técnicas que realmente estaban poniendo en práctica.

Dick Cheney, quien fue vicepresidente de Bush, defendió vigorosamente la crudeza de las técnicas utilizadas para interrogar a los sospechosos, argumentando que eran «totalmente justificadas» y necesarias para obtener información que permitiese salvar la vida de estadounidenses y otras personas en el mundo que pudiesen verse afectadas por ataques de Al Qaeda.

Valores de EEUU

El presidente de EEUU, Barack Obama, que desde que llegó al poder, en 2009, ha tratado de distanciarse de las estrategias del Gobierno de George W. Bush, afirmó ayer que la tortura es «contraria a los valores de EEUU».

El Gobierno que debió diseñar una respuesta a los ataques del 11S afrontó «opciones difíciles», apuntó Obama. «Nuestra nación hizo muchas cosas bien en esos años difíciles, pero algunas de la acciones tomadas eran contrarias a nuestros valores», apuntó. Por eso, añadió, «prohibí la tortura cuando asumí la Presidencia».

Sostuvo que esas prácticas no ayudaron a «los esfuerzos contra el terrorismo» ni a los intereses de seguridad nacional de EEUU. «Además, estas técnicas hicieron un daño significativo a la imagen de EEUU en el mundo e hicieron que fuera más difícil perseguir nuestros intereses con nuestros aliados y socios», subrayó.

Pero defendió el trabajo de los agentes de la CIA y no ordenará ninguna investigación.

Por su parte, el director de la CIA, John Brennan, insistió en que la aplicación de métodos brutales de interrogatorio ayudaron a prevenir atentados. Admitió que se cometieron «errores», pero añadió que la revisión de los métodos iniciada por la propia CIA llegó a la conclusión de que esos interrogatorios «produjeron inteligencia que ayudó a impedir ataques, capturar terroristas y salvar vidas».

Varios dirigentes del opositor Partido Republicano han cuestionado la conveniencia de la divulgación y el coste excesivo del informe (40 millones de dólares) para los contribuyentes.

«Pésima idea»

Uno de ellos, el presidente del Comité de Inteligencia de la Cámara de Representantes, Mike Rogers, dijo el domingo que la divulgación era «una pésima idea» y que «nuestros aliados nos dicen que provocará violencia y muertes».

El senador John McCain admitió, sin embargo, que «a veces la verdad es difícil de aceptar, pero los estadounidenses tienen derecho a ella». Reiteró que «la tortura produce más información errónea que fiable» y remarcó que supone «un insulto» para aquellos agentes de la CIA que «sí hacen bien su trabajo».

No obstante, el líder de republicano en el Senado, Mitch McConell, y el republicano de más alto rango en el Comité de Inteligencia de la Cámara Alta, Saxby Chambliss, consideraron que el informe «distorsiona la realidad» y tiene «motivaciones ideológicas».

Feinstein opinó que «nunca hubiera sido un buen momento para publicarlo», dado su contenido y la inestabilidad internacional en zonas como Oriente Medio, pero insistió en la necesidad de que sea utilizado «para restablecer los valores del país».

Naciones Unidas, AI y HRW piden el procesamiento de los responsables

El relator especial de la ONU contra el Terrorismo y para los Derechos Humanos, Ben Emmerson, Amnistía Internacional (AI) y Human Rights Watch (HRW) instaron a llevar ante la Justicia a los responsables de las torturas de la CIA recogidas en el informe hecho público ayer por la Comisión de Inteligencia del Senado de EEUU.

Según Emerson, «el informe confirma la sospecha de que hubo una política orquestada a alto nivel en la Administración de George W. Bush que permitió cometer sistemáticamente crímenes y violaciones del Derecho Humanitario». Indicó que al ser las identidades de sus autores conocidas, al menos por el Comité de Inteligencia, «es hora de pasar a la acción». «Los responsables de esta conspiración criminal deben ser llevados ante la Justicia con cargos proporcionales a la gravedad de sus crímenes», urgió Emmerson, quien subrayó que el hecho de que esas prácticas fueran autorizadas al más alto nivel «no es excusa».

AI estimó que el informe es «un duro recordatorio de la actual impunidad por las muchas abominables violaciones de los derechos humanos perpetradas en nombre de la `seguridad nacional’» y constató que pese a las «muchas evidencias, nadie ha sido llevado ante la Justicia por autorizarlas o cometerlas».

En esa línea, HRW insistió en que la tortura es «delito» y «no puede estar justificada en ningún supuesto», y agregó que «el informe demuestra que el argumento de que se necesitaban medidas extremas para proteger a los estadounidenses no es más que una ficción». Subrayó que si no se juzga a los responsables, «la tortura seguirá siendo una `opción política’ para futuros presidentes». GARA

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