Democracia o monarquía.

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La operación “abdicación” se ha puesto en práctica con el entusiasmo del conjunto de la jungla mediática, entusiasmo que en algunos medios ha llegado a tal paroxismo que incluso ha supuesto dejar en mal lugar al viejo rey, para ensalzar al nuevo. ¿Pero ha cambiado algo sustancial en el escenario político? No lo creemos.

Todo el proceso de abdicación ha demostrado una vez más el servilismo hacia el poder con el que actúan los medios de comunicación, los grandes partidos del Régimen y otras instituciones, pero incluso entre esas estructuras han empezado a aparecer grietas significativas, que no harán más que ir aumentando. Nos estamos refiriendo al PSOE o a las propias fuerzas de Seguridad del Estado, en las que comienza a observarse entre ciertos sectores un cierto hartazgo del papel de mamporreros del Pueblo trabajador y defensores de un sistema de privilegios y corrupción, que el Régimen les obliga a jugar.

La crisis, cada día más evidente, del Régimen del 78 a la que asistimos no es fruto de las últimas elecciones europeas. Hacer esa interpretación es confundir de forma grotesca las causas con las consecuencias. Los resultados de las últimas elecciones europeas, en la que no olvidemos que el dato más sustancial es que la mayoría de la población con derecho a voto optó por la abstención, ha sido una expresión más, por cierto no de las más importantes, de la crisis progresiva y acelerada en los últimos tiempos del Régimen monárquico post-franquista.

Es momento de reflexionar con rigor y tener claro cuales han sido y son los elementos claves en el proceso de deslegitimación-destitución del actual sistema político; para ello tenemos que remontarnos a los inicios de la transición, momentos en los que, en contra de lo que nos quieren hacer creer, se conformaron movimientos políticos y sociales que se opusieron de forma coherente y contundente al secuestro de la democracia para las gentes y los Pueblos que supuso el proceso de transición. Esos movimientos tuvieron especial apoyo popular en Euskal Herria o Galicia, pero en mayor o menor medida estuvieron presentes en todos los Pueblos del Estado.

Los déficits democráticos que los movimientos populares rupturistas denunciaron desde el principio, se fueron poniendo cada vez más de manifiesto ante cada vez más amplios sectores de la sociedad. La corrupción estructural, los tremendos déficits democráticos, las prácticas de terrorismo de Estado, las formas represivas propias de una dictadura incluyendo la tortura y los malos tratos sistemáticos en comisarias y cuartelillos, fueron cuestiones que tuvieron su continuidad, como tantas otras cosas, desde el franquismo al Régimen del 78.

Sin esos movimientos populares la reforma del franquismo hubiera triunfado y hoy no estaríamos hablando de procesos destituyentes-constituyentes.

 

 

Un conjunto de factores que abarcan desde los cambios generacionales de la sociedad, hasta la intensificación y mayor descaro en las prácticas de corrupción sistémicas, así como su mayor repercusión informativa, pero muy especialmente el estallido de la crisis y la puesta en marcha por parte del bloque dominante de políticas antipopulares y de desmantelamiento de aquellas conquistas alcanzadas en sanidad, educación, pensiones, derechos sociales en general… han acabado de configurar un escenario en el que la necesidad de un cambio con mayúsculas está ya en la conciencia de la mayoría. Pero llegados a este punto, nos tenemos que preguntar ¿Cuál es el cambio posible y necesario? y ¿Cómo podemos hacerlo?

En los últimos tiempos se nos ha hablado mucho del modelo Syriza y del máximo interés en construir una Syriza a la española. Reflexionemos un poco sobre la cuestión, ¿Desde que existe Syriza en Grecia han mejorado las expectativas para el movimiento popular o han mejorado las condiciones de vida del Pueblo Trabajador Griego? La respuesta a estas dos preguntas es ‘no’; por el contrario el movimiento popular -la movilización popular- ha decaído de forma sustancial en Grecia, porque Syriza, desgraciadamente, ha servido fundamentalmente para institucionalizar el conflicto social. Por otra parte las condiciones de vida de la población no han mejorado en absoluto, sino que el deterioro social se ha cronificado y las fuerzas fascistas se están haciendo con parte de la calle, porque ellos sí le dan importancia a esas cosas.

El Estado español desde luego no es Grecia, ni los equivalentes de Syriza que han surgido aquí tienen comparación desde el punto de vista cuantitativo con esa fuerza electoral, que no política, pero a los que ponen toda su ilusión en ese tipo de fenómenos mediático-electorales les hacemos un llamamiento para que reflexionen sobre la auténtica utilidad que para el pueblo trabajador griego está teniendo Syriza.

Como decíamos, en el Estado español las cosas para el poder constituido son mucho más complejas que en Grecia y la realidad de los movimientos populares, con o sin expresión electoral, es mucho más madura. Los movimientos populares y la lucha en general tienen un alto grado de confrontación con el actual Régimen de muy difícil neutralización simplemente sacando conejos de la chistera, aunque tampoco hay que despreciar la interferencia y capacidad de distracción de esos juegos de magia política.

Respondiendo a las preguntas que nos hacíamos al inicio de esta segunda parte del artículo. A la primera -el cambio posible y necesario hoy-, la respuesta es que el proceso destituyente del actual Régimen y la consiguiente puesta en marcha de procesos democráticos constituyentes en los diversos Pueblos del Estado y en el conjunto de éste, crearán un escenario muy favorable no solo para el avance de la construcción de un sistema democrático, sino para la profundización de las conquistas sociales y mejorarán las condiciones para avanzar en proceso socialista. En cuanto a cómo podemos hacerlo, sólo hay un camino cierto: la lucha y el empoderamiento popular; los procesos electorales pueden tener su importancia, incluso en un determinado momento pueden ser el marco para escenificar el cambio, pero sin organización popular, sin lucha popular, cualquier cambio profundo y significativo es imposible.

Iz.Ca. desde luego está concebida, construida y preparada para intervenir en la organización y en la lucha popular, esa es nuestra especialidad y a ello nos dedicamos en cuerpo y alma. Si pensáramos que el campo esencial para el cambio de este Régimen corrupto y neofranquista estuviera en los procesos electorales, nos hubiéramos especializado en ese frente, pero la experiencia general y la nuestra propia nos confirma lo acertado de nuestra línea de trabajo y de nuestras convicciones.

En los últimos catorce años, desde que existimos, los movimientos populares en los que hemos estado presentes han conseguido importantes victorias, sectoriales o locales. No conocemos en nuestra tierra –Castilla– que por vía electoral, al menos hasta ahora, se hayan conseguido victorias comparables, dicho sea esto con toda la humildad posible.

La experiencia de esas luchas parciales nos ha forjado para poder afrontar en las mejores condiciones la lucha global en la que ahora estamos inmers@s.

Izquierda Castellana

Castilla, a 27 de junio de 2014

 

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