La derrota del Régimen Monárquico Español está a nuestro alcance.

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La derrota del actual Régimen Monárquico español no sólo es posible, sino que es una necesidad ineludible para que los Pueblos y clases trabajadoras del Estado Español puedan construir un futuro democrático digno, soberano y basado en la justicia social.

El actual Régimen, es conveniente recordarlo una vez más, es el fruto de una transición hegemoneizada por los sectores reformistas del franquismo que consiguieron la claudicación de una parte de la llamada oposición al franquismo por un “plato de lentejas”, que en este caso no era de lentejas sino de caviar.

El sector reformista del franquismo, mayoritario a la muerte del Dictador, ofreció a una parte de la oposición al franquismo, virtual en aquel momento, como era el caso del PSOE y UGT, o real como el caso del PCE o CCOO, la participación en todos los beneficios públicos y privados que traería consigo la participación en la construcción y gestión del régimen que hoy padecemos.

La evolución de las cosas hasta nuestros días, no han hecho más que poner de manifiesto este sintético y dramático análisis.

Por supuesto que la implementación de cualquier proceso contrarrevolucionario o revolucionario tiene en la práctica diversas complejidades que también hay que tener en consideración, pero el análisis de cualquier realidad nos exige llegar a conocer los elementos esenciales que configuran ésta. Lo demás es parte del ambiente y/o la escenografía.

La monarquía Juancarlista, simboliza la continuidad entre el franquismo y el actual régimen, por ello fue intocable durante el proceso de transición. Desde los primeros momentos de la puesta en marcha de la transición, movimientos políticos y sociales, especialmente en Galicia, Euskal Herria y Cataluña, pero también en el resto del Estado -Andalucia, Castilla y particularmente en Madrid-, se opusieron a lo que era una auténtica traición al movimiento popular de la resistencia antifranquista.

Esa oposición al modelo de transición, basado en la llamada “Reforma”, y de persistencia en la defensa de un proceso de Ruptura Democrática no salió gratis a los que la defendieron: miles de detenidos, multitud de asesinatos políticos, centenares y centenares de procesamientos políticos, prisión, torturas… De todas esas oleadas represivas casi nadie se quiere acordar ahora, simplemente porque ponen al descubierto demasiadas vergüenzas.

Ese sacrificio de muchas gentes, mantenido a lo largo de éstas décadas, ha ido sin embargo sembrando las semillas, que hoy en un campo ya bien abonado están empezando a germinar y que en no mucho tiempo veremos crecer con fuerza.
Sin las condiciones que hoy están creadas, en cuya maduración han jugado un papel esencial los nuevos movimientos sociopolíticos que irrumpieron en los dos últimos años en el Estado Español, sería imposible plantearse un auténtico proceso de ruptura democrático con el actual régimen. Pero sin aquellos movimientos populares, más o menos extensos cuantitativamente pero esenciales cualitativamente, que proceden desde los mismos inicios de la transición, esa empresa también sería imposible.

El otro tercer factor que no sólo posibilita sino que potencia el cambio, es que el propio Régimen está gravemente enfermo y ya le resulta imposible disimularlo.

Si el Régimen salido de la transición tenía en su carga genética todas las taras que hoy evidencia, comenzando por la corrupción y la falta de democracia, la evolución de su política internacional no hizo más que ahondar sus miserias.
La entrada -vendida- en la Unión Europea en base al compromiso de un desmantelamiento de los sectores productivos -industrial, agrario y ganadero- a cambio de una serie de ayudas temporales y de la adjudicación al Estado Español del papel de territorio dedicado a los servicios, se vio severamente intensificado con el tratado de Mastrich y con la ya total hegemonía del capital financiero pan-germánico en la actual UE, que lleva al Estado Español y a los territorios bajo su jurisdicción a una situación absoluta de subordinación política, económica y financiera, de ese proyecto neoimperial europeo encabezado por la señora Merkel.

Hoy las condiciones están maduras para iniciar una ofensiva estratégica, político-social, que conduzca a la derrota del régimen y a la victoria del movimiento popular. Sin ello no hay futuro; o mejor dicho, el futuro será de cada vez más paro, más precariedad, más emigración, más violencia de género, menos libertad, mas embrutecimiento. Es decir nuestro futuro es el infierno neoliberal al que nos conduce el capitalismo especulativo español e internacional, únicos beneficiarios de la actual situación.

La victoria popular, la ruptura democrática, la puesta en pie de un Proceso Destituyente-Constituyente y por el derecho a decidir nos abrirán “las puertas del cielo”, al que realmente aspiramos: “democracia popular y justicia social”.

IzCa

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