Se cumplen 75 años del inicio de la Batalla del Ebro.

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El 25 de julio de 1938 el ejército de la República iniciaba la mayor batalla jamás librada en tierras de España.

En febrero de 1938 las fuerzas fascistas habían logrado dividir en dos el territorio de la República llegando hasta el Mediterráneo, tras romper las defensas republicanas muy debilitadas tras la Batalla de Teruel. En ese contexto el Presidente de la República, Manuel Azaña, comienza a plantearse una rendición pactada, partiendo de la idea, completamente errónea, de que se podría lograr una paz justa y sin rencor con el fascismo.

La opinión de Azaña no es compartida por el presidente del Gobierno, el doctor Juan Negrín, que era plenamente consciente de que la guerra emprendida por Franco era una guerra de exterminio. Negrín además estaba convencido de que el inicio de la II Guerra Mundial era inminente y que, una vez estallase ésta, la República dejaría de estar sola en el combate contra el fascismo. En ese contexto ordena al general Vicente Rojo, el mejor estratega del ejército popular, que diseñe una operación que permitiera  aliviar la presión sobre Valencia, volver a unir el territorio de la República y que sirviese para demostrar a las democracias europeas que la guerra no estaba perdida.

Vicente Rojo diseñó la que se convertiría en la mayor batalla jamás libradas en tierras hispanas, una batalla que fue el anticipo de las que habrían de librarse pocos meses después en Europa.

El 25 de julio, 100.000 soldados del Ejército Popular y miembros de las Brigadas Internacionales cruzaban el río Ebro en la primera gran operación de vadeo de la historia, tomando completamente por sorpresa al ejército fascista apostado en la ribera occidental del río. Estas tropas eran las mejores de que había dispuesto el gobierno democrático durante toda la guerra y tenían en común su alto compromiso, ya que estaban integradas y dirigidas mayoritariamente por comunistas, siendo el jefe de este ejército el joven teniente coronel Juan Modesto.

Entre los mandos militares del Ejército Popular que participaron en esta batalla hay que destacar al que fuera vecino de Móstoles, Pedro Mateo Merino, que estuvo al mando de la 35 División Internacional, unidad que logró la mayor penetración en territorio enemigo y que fue la última en retirarse. Desde las páginas de este periódico le rendimos nuestro más sincero homenaje y recuerdo, así como a todos aquellos que, como escribió Pedro Mateo, lucharon “Por vuestra libertad y la nuestra”

 

 

 

 

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