La generalización de la guerra una necesidad para el imperialismo

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Lo que podríamos llamar el capitalismo anglo-americano y su modelo económico el Neoliberalismo, hegemoneizado por los EE.UU., pero con una vasta red de alianzas estratégicas a nivel mundial que incluye a las monarquías árabes, Israel, Japón, Corea del Sur y desde luego el Reino Unido, entre otros, necesita a la guerra como único camino que potencialmente le permita salir de la gravísima crisis económica por la que atraviesa, así como para quebrar el proceso que lleva a China a la conquista de la hegemonía económica mundial.

En condiciones más o menos pacíficas o de conflictos militares de alcance local o regional, las cosas seguirán evolucionando tal como lo han hecho en los últimos diez años.

 

El imperio yanqui va perdiendo peso en el mundo, muy especialmente desde el punto de vista económico pero también político-militar y China progresa aceleradamente hacia la primacía económica, otras potencias emergen con fuerza indiscutible.

Las maniobras conjuntas de los ejércitos, armada y aviación incluida, de EE.UU. y Corea del Sur expresan, sin dejar mucho margen a la duda, que el imperio yanqui apuesta ya por un conflicto bélico en varios escenarios, seguramente como paso previo a una situación global de guerra.

 

Algunos analistas han venido considerando que los EE.UU. no estaban interesados, o no podían, impulsar varios escenarios bélicos simultáneamente, por una cuestión de estrategia militar, y/o de capacidad. Incluso actualmente interpretan que para aumentar la presión en la península de Corea necesitan aflojarla en Irán. Creo que es una opinión equivocada, no se tiene en cuenta que hoy, “la alternativa” para el imperialismo-neoliberalismo no es ya un conflicto regional en si mismo, como instrumento para controlar aquellos recursos energéticos, minerales, alimentarios, biológicos… o estas o aquellas vías de paso para la comercialización. Ello por supuesto sigue teniendo su gran importancia, pero lo esencial ahora pasa por la globalización de la guerra como instrumento para la recuperación de la hegemonía global y la destrucción de aquellos que la están poniendo en cuestión.

Los conflictos regionales, pues hay que seguir evaluándolos en función de sus objetivos específicos para ese marco territorial, pero hay que analizarlos en su proyección global, es decir como pasos progresivos hacia el conflicto militar global.

No podemos olvidar que en el siglo XX hubo dos guerras mundiales, ambas causadas por el imperialismo capitalista y que desde luego tenían objetivos claros de dominación global, no se justificaban fundamentalmente por conflictos regionales, aunque estos sirvieran ocasionalmente de pretexto o de impulso inicial.

El incremento de la escalada bélica en la península de Corea cuya responsabilidad principal recae en los yanquis y sus aliados en la zona, bajo el pretexto de controlar la amenaza militar que supone la República Popular de Corea, es una burda maniobra, como lo fue en su momento la invasión de Irak por la pretendida existencia de armas de destrucción masiva y los riesgos que ello suponía para los países de la región, tal como nos contaban a principios de los noventa del pasado siglo y por segunda vez a inicios del presente, y que justificaron la doble invasión y casi destrucción de aquel país. Como en aquel entonces el desconocimiento de lo que realmente ocurre, así como diversos aspectos de la idiosincrasia del Régimen y de la sociedad de Corea del Norte, extraños para la mentalidad occidental, favorecen la labor de intoxicación informativa.

Hay que tener en cuenta que la hegemonía mediática a nivel mundial es absolutamente favorable al capitalismo internacional y especialmente al imperialismo anglo-americano.

Evidentemente esa política de ampliación de los escenarios de guerra y su globalización generará fortísimas contradicciones sociales, incuso en aquellos Estados que impulsan aquella estrategia, por descontado en EE.UU. La movilización popular, la lucha popular en alianza con los Estados progresistas del mundo es lo único que puede parar la escalada guerrerista y llegado el caso transformar la guerra en revolución social.

La I Guerra Mundial fue el escenario que alumbró la Revolución de Octubre, la II Guerra Mundial fue el marco para el triunfo de la Revolución Popular China y otros numerosos procesos populares. En esta ocasión hemos de hacer todo lo que esté en nuestras manos para impedir un nuevo escenario de guerra global. La ruptura democrática en el Estado Español y la construcción de un auténtico sistema de democracia para las gentes y para los Pueblos, que  sitúe sus relaciones internacionales como un elemento de apoyo al reforzamiento del polo antiimperialista y soberanista que tiene en Latino América su mejor expresión, ayudará mucho en esta dirección. En cualquier caso si la guerra avanza que no quepa la menor duda que las revoluciones populares serán la respuesta más contundente a ella.

Luis Ocampo, Comuner@s. (escrito para Ultimo Cero“)

Para ampliar la reflexión ir al artículo” El Mundo en que vivimos”

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