El autor de la muerte de Yolanda González es colaborador de las FSE

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El diario «El País» desveló ayer que Emilio Hellín Moro, condenado a 43 años de cárcel por la muerte a tiros de la joven bilbaina Yolanda González hace 33 años en Madrid, es colaborador habitual de varios cuerpos policiales, incluida la Ertzaintza. Tras una nueva identidad -aunque mantiene los mismos apellidos-, es uno de los principales asesores de la Guardia Civil, imparte conferencias y, según el citado diario, es el Ministerio de Interior quien paga sus servicios.

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GARA | BILBO

El reportaje firmado por José María Irujo publicado ayer en «El País» bajo el titular «La vida oculta del asesino de Yolanda» desvela que «un excriminal de la ultraderecha, condenado a 43 años por asesinato, trabaja para los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado en casos judicializados y forma a sus agentes en técnicas forenses de espionaje y rastreo informático».

Se trata de Emilio Hellín Moro, condenado en 1982 por la muerte de Yolanda González, una militante del PST natural de Deustua y residente entonces en Madrid, a quien secuestraron él y otros miembros de Fuerza Nueva con la participación del policía español Carlos Rodas, y a la que dieron muerte después en un descampado, donde la tirotearon a corta distancia. Posteriormente dijeron que sospechaban que «era de ETA».

Emilio Hellín Moro esconde su pasado, según indica el rotativo madrileño, tras una nueva identidad bajo el nombre de Luis Enrique Hellín Moro, concedida en un auto dictado por el Registro Civil de Madrid en enero de 1996, poco después de su salida definitiva de la cárcel. En el DNI de Luis Enrique Hellín figura la misma fecha de nacimiento y en la misa localidad que en el del ultra condenado.

Luis Enrique Hellín Moro es «el experto informático que niega ser el excriminal pese a su extraordinario parecido físico», señala el citado artículo, al tiempo que reproduce un encuentro en la oficina de su empresa, New Technology Forensics.

En una conversación con el periodista, que pregunta por Emilio Hellín, niega que sean la misma persona, e incluso mantiene que «murió hace tres o cuatro años». «Somos familia» responde el ultraderechista de 63 años ante la insistencia sobre las coincidencias entre ambas identidades. «`Es una historia complicada porque somos hijos de la misma madre, pero de distinto padre. Luego juntamos los apellidos… ¿Sabe? Líos de familia que prefiero no comentar’», señala, y atribuye a que «nuestro abuelo era inglés» el haber añadido una «g» al apellido en su currículo que aparece en Linkedin.

El encuentro concluye cuando el periodista pide que le muestre su DNI para demostrar que no es Emilio Hellín. «La conversación ha terminado» responde el aludido. Según el mismo artículo, en el departamento de defunciones del Registro Civil de Madrid no consta la muerte del militante de Fuerza Nueva Emilio Hellín.

«Tampoco la Dirección General de la Policía ha expedido en los últimos años ningún carné de identidad a su nombre. Sí lo ha hecho, en cambio, a nombre de Luis Enrique Hellín Moro», precisa el diario, que añade que el cambio de nombre consta en el acta de nacimiento depositada en el Registro Civil de Torre de Miguel Sesmero, un pueblo de Badajoz.

«Luis Enrique Hellín Moro es ahora uno de los principales asesores del Servicio de Criminalística de la Guardia Civil, participa en investigaciones judicializadas sobre terrorismo y delincuencia, imparte cursos de formación a agentes de este cuerpo, de la Policía Nacional, el Ministerio de Defensa, Ertzaintza y Mossos d’Esquadra, da conferencias a miembros de las Fuerza y Cuerpos de la Seguridad del Estado en organismos oficiales y cobra por sus servicios del Ministerio de Interior», afirma «El País», al tiempo que comenta que en su currículo figura también su actividad como perito en la Audiencia Nacional y en numerosos juzgados de distintas ciudades.

Últimamente, Hellín habría impartido numerosos cursos y talleres de formación para la Guardia Civil sobre «teléfonos espías» y la obtención de pruebas en Mac., iPhone, iPod, e interpretación de datos binarios obtenidos de teléfonos móviles. Según «El País», participó también en el rastreo de llamadas en el «caso José Bretón».

«Todo lo que le hemos pedido»

Instancias militares de alto grado consultadas por el diario madrileño reconocen que los servicios prestados por Hellín son habituales y de gran relevancia para distintos cuerpos. «Le pedíamos apoyo sobre cómo rescatar información de teléfonos móviles en casos judicializados que estaban bajo nuestra custodia y control. También colaboraba, y me imagino que sigue colaborando, en la formación de nuestros hombres», admite el comandante de la Guardia Civil Ramón García Jiménez, para quien Hellín es «uno de los técnicos civiles más formados y va más adelantado en determinados campos de investigación».

«No conozco el pasado de este señor, solo sé que ha respondido siempre a todo lo que le hemos pedido», afirma el mismo mando, destinado en el Ministerio de Interior.

Otra significada intervención de quien ejecutara a Yolanda González se remonta al año 2008, cuando participó en un seminario sobre nuevas tecnologías del Instituto Universitario de Investigación en Ciencias Policiales. Uno de los responsables del seminario, ligado a al Policía Científica, asegura al diario que no conoce ni recuerda a Hellín. «Vendría invitado por otros miembros del instituto», asegura. Asegura «El País» que Hellín tomó parte en la formación de policías y guardias civiles junto al hoy juez de la Audiencia Nacional Eloy Velasco y a Matías Bevilaqua, informático que fue detenido e imputado en una trama de compra y venta de datos confidenciales desarticulada por la Policía, en la que están implicados varios detectives.

Dos tiros en la cabeza a menos de un metro y permisos carcelarios

El estrecho vínculo de Emilio Hellín con las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado viene de antiguo. El 1 de febrero de 1980, un policía, Carlos Rodas, acompañó a cuatro militantes de Fuerza Nueva: el mismo Hellín, Ignacio Abad, Félix Pérez y José Ricardo Prieto, en el secuestro y muerte a tiros de Yolanda González. La condujeron en coche a un descampado, donde Hellín le disparó dos tiros en la cabeza a menos de un metro y ordenó a Abad que la rematara. Y antes de ser detenido, según recoge «El País», Hellín descansaba en Gasteiz alojado en la casa de inspector de policía amigo suyo.

Tanto Hellín como Abad reconocieron su participación en los hechos y alegaron que el crimen era la respuesta a la muerte de seis guardias civiles y que pensaban que Yolanda González militaba en ETA.

Igualmente singular es la crónica de su estancia en prisión tras ser condenado a 43 años de cárcel por aquellos hechos. Relata «El País» que meses después de su encarcelamiento Hellín protagonizó un intento fallido de fuga, que le valió la clasificación como interno especialmente peligroso. Pero en 1987 consiguió huir aprovechando «un polémico permiso de seis días», con el que tuvo tiempo suficiente para embarcar junto a su familia rumbo a Paraguay. Allí residió tres años bajo la protección del régimen de Alfredo Stroessner y trabajó para los servicios secretos de la dictadura militar.

En 1990 fue entregado al Estado español y en 1993 volvió a obtener un permiso carcelario de siete días tras una evasión y dos intentos de fuga. Salió en libertad en enero de 1996. GARA

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