Contra el malinchismo político, o cómo tener expectativas de victoria y confianzas en nuestro pueblo.

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Malinche fue una joven azteca que durante la invasión de los conquistadores en Méjico (que por cierto, se hizo mientras Castilla se desangraba en la Guerra de las Comunidades), sirvió en la pequeña corte articulada alrededor de Hernán Cortés haciendo las veces de intérprete y consejera, considerándose que ayudó a los “hombres barbados de blanca piel” a tumbar al Imperio Azteca traicionando a su propio pueblo (el cuál, todo hay que decirlo, no le había dado muy buen trato). Desde entonces, se conoce en tierras mejicanas como malinchismo aquella postura tendente a minusvalorar lo propio y a sentir admiración desmedida por lo proveniente de otras culturas, sociedades o pueblos. Tomamos este préstamo lingüístico del otro lado del charco como antónimo del también importado galicismo “chauvinista”, que se aplica a aquel que antepone lo propio por encima de todo lo demás, auténtico cáncer del patriotismo carente de internacionalismo.

 


¿Por qué hacemos referencia a esto? Consideramos que existe cierta desazón entre buena parte de las clases populares en Castilla ante las situaciones límite que se dan en muchas familias. Este pesimismo ha saltado también sobre alguna de la gente más organizada y combativa, que parece renunciar a creer que sí que hay solución y gente válida para salir adelante, para generar futuro, para dignificar nuestras vidas. No hay un gen que haga a los pueblos de la Península ser biológicamente más corruptos, chanchulleros o fascistas que nuestros vecinos del Norte, como parece que algunos medios quieren transmitir para hacernos concluir que no tenemos remedio; lo que ocurre es que durante décadas el sistema maquillado tras la muerte de Franco nos ha bombardeado mediáticamente con las bondades de esta cleptocracia mientras premiaba los comportamientos de cierta gentuza: de cacareados patrioteros de banderín rojigualdo con cuentas en los Alpes, de tertulianas de silicona metidas a política o de empresarios que se permiten dar consejos para “mejorar los indicadores económicos” mientras pagan el sueldo a sus empleados en negro. Ahora, después de casi 40 años en los que ha costado romper esta dinámica, al Régimen se le ha acabado el combustible, y la máquina entera se ha gripado. Cuando una casa está llena de basura, lo lógico es limpiarla a fondo, no seguir conviviendo con la mugre o mudarse a otra más limpia. Las respuestas se encuentran aquí, en la construcción de un modelo propio que desde la honestidad, la justicia social y la equidad se adecúe a nuestras necesidades.

La conjunción entre el desmoronamiento del modelo económico especulativo (que ha arrastrado al productivo) y el de las estructuras del régimen del Estado, teniendo en cuenta las experiencias históricas similares, abre un contexto inmejorable para la ruptura en clave revolucionaria, democrática y popular. Lejos de ser un momento para abandonar, lejos de caer en el reflujo movilizador, hay que redoblar esfuerzos para la consecución de nuestros proyectos políticos e infundir este ánimo allá a donde cada joven rebelde vaya.

El 23 de febrero, Madrid asestará un golpe a los auténticos golpistas que se sientan en el Congreso, a los mismos que programan declaraciones del presidente del Banco Central Europeo a puerta cerrada. Al pueblo no lo paran ni el miedo, ni las amenazas, ni las presiones. El cerco, los muros o las vallas son para las ovejas, y ya es hora de recordar que Castilla no es un pueblo de hombres ni mujeres cobardes, sino uno con gran tradición de lucha, y lo más importante, de victorias. Tengamos ilusión y compromiso, al final sabremos dar la respuesta que nosotr@s merecemos y ell@s tanto temen.

Yesca, la juventud castellana y revolucionaria

12 de febrero del 2013

 

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