La corrupción no pasa factura

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No vamos a hablar de Barcenas, ni de Ana Mato, ni de nada que hoy esté en el candelero mediático. Hoy vamos a hablar de alguien mucho mas cercano por procedencia que no por temporalidad, de Peña y su partido “Solución Independiente”.

Peña


Corria 1987, por aquel entonces el PP se camuflaba bajo las siglas AP(Alianza Popular), en las elecciones Autonómicas y municipales, AP y PSOE quedaron en un empate técnico y pese a que el PSOE recaudo mas votos que AP un burgalés llamado Peña cedió el apoyo al partido de José María Aznar para aupar a este a la presidencia de la comunidad en Valladolid con la promesa de que a los siguientes comicios burgaleses para la alcaldía AP cedería su representación en SI y no se presentaría a estos comicios. Peña ya era una manzana podrida ebria de poder, el caso de la construcción era una patata caliente. Para las siguientes elecciones, las de 1991, a Peña ya le había estallado el caso de la construcción, el descaro de los hechos y numerosas declaraciones hacen que en 1992 sea condenado e inhabilitado, pero Peña fue aceptado en las filas del PP pese a que era sabida su corrupción. La promesa de José María Aznar de ceder a exclusividad de la derecha burgalesa no se cumplió en su totalidad y Peña encabezo las listas del PP por Burgos dejando a un lado su partido. Peña volvería a ganar las elecciones de 1991 hasta que en 1992 tras la condena de inhabilitación no tubo mas remedio que retirarse de la política sucediendolo al frente de la alcaldía Valentín Niño.

Las siguientes elecciones, las del 94, el PP volvió a ganar pese al descaro de pactar y ceder poder a un corrupto. Veinte años después, el PP sigue barriendo en las urnas, incluso Peña después de haber estado inhabilitado y condenado ha conseguido representación en el Ayuntamiento.

Si amigos, ni en esta lúgubre ciudad llamada Burgos ni, según parece, en la península en la que vivimos la corrupción pasa factura. Votar es un ejercicio que asombrosamente no castiga o al menos no lo ha hecho nunca aquí. Estamos condenados a repetir esta historia, ya sea con otros personajes y otros escenarios. ¿La masa es idiota?, ¿No espabilamos?, ¿Será necesario cambiar las reglas del juego?, ¿Alguien sigue pensando que votar cambiará las cosas?

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