La coordinadora de Pajarillos celebra hoy su última protesta contra el narcotráfico

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Ningún movimiento vecinal ha protagonizado tantas protestas en la calle. Más de seiscientas, nada menos, acumulan los miembros de la coordinadora contra el narcotráfico de Pajarillos en sus diez años de existencia desde aquel lejano 2003, cuando comenzaron las movilizaciones ante la proliferación de los puntos de venta por el barrio. Pero toda historia tiene un final. Y el de esta llegará hoy. Será a partir de las ocho de la tarde, y desde el ya más que tradicional cruce de las calles Pavo Real y Faisán –en pleno corazón del barrio–, cuando partirá por última vez la pancarta blanca contra la venta de drogas portada por los ciudadanos más reivindicativos, sin duda, de la capital.

La coordinadora de Pajarillos celebra hoy su última protesta contra el narcotráfico

La tradicional pancarta de la coordinadora contra el narcotráfico de Pajarillos abrió cada una de las manifestaciones de los vecinos durante los últimos diez años. / G. V.

Los vecinos decidieron guardar, de forma cautelar, eso sí, sus pancartas después de valorar el significativo descenso del problema del narcotráfico en el barrio durante una asamblea celebrada a finales de enero. Así que los tradicionales gritos de ‘aquí se vende droga’ tronarán esta tarde por última vez por las calles de Pajarillos. La coordinadora, sin embargo, seguirá funcionando como tal, aunque más centrada ahora en la celebración de actos puntuales, como su cabalgata sin camellos de cada 4 de enero, la fiesta estival y la gala de entrega de premios –este año se celebrará el 2 de marzo en centro cívico Zona Este– a personas y entidades implicadas en la lucha contra la venta de drogas.

La decisión de poner fin a las protestas coincide con la celebración del décimo aniversario de la propia agrupación, que surgió al calor del malestar general que provocó entre los vecinos la dispersión de los focos de tráfico de estupefacientes a raíz de la desaparición del tristemente célebre poblado de La Esperanza –su última casa cayó el 17 de enero del 2003–. Apenas una semana después tuvo lugar la primera concentración contra las drogas protagonizada por el colectivo gitano del barrio. Eso ocurrió el 28 de enero. La mecha reivindicativa estaba encendida y el 11 de febrero llegaría una manifestación vecinal convocada por un grupo denominado ‘Jóvenes descontentos’. Después llegarían distintas asambleas de las que surgiría la coordinadora contra el narcotráfico –nació oficialmente el 6 de marzo–, aunque dos semanas antes ya habían decidido instaurar las protestas semanales de los martes, en las que visitaban una a una las casas de los camellos, que pervivirían hasta hoy.

La presión vecinal, sobre todo durante los primeros años, trajo consigo un incremento en paralelo de las operaciones policiales en el barrio hasta el punto de que en 2004 se creó una unidad específica –el Grupo de Vigilancia y Apoyo (Gruva)– para luchar contra el menudeo.

Golpes policiales y condenas

Los agentes sumaron más de medio millar de detenciones en cinco años –entre Pajarillos, Delicias y Pilarica– mientras los tribunales, a su vez, comenzaban a dictar sentencias históricas contra clanes como el de Los Monchines, cuyos miembros comenzaron a pasar por vez primera por la prisión provincial por delitos contra la salud pública. Todo aquello marcó un antes y un después en un barrio que poco a poco comenzó a recuperar la normalidad perdida durante la época de La Esperanza –en los años ochenta y noventa– y en los albores del presente siglo XXI.

Operaciones como la desarrollada el pasado viernes en la calle Mirlo de Pajarillos, donde fue detenido un matrimonio del clan de Los Paturros –con vínculos familiares con Los Monchines–, ponen de manifiesto que el narcotráfico sigue presente en el barrio, aunque los golpes policiales llegan ahora mucho más espaciados que durante aquellos primeros años de vida de la coordinadora, cuando llegó a detenerse hasta 176 personas en un solo año.

Los vecinos, por aquel entonces, se manifestaban cada martes por la tarde e, incluso, los viernes de madrugada celebraban ‘veladas’ para frenar la venta de droga con su presencia. Así fueron sumando y sumando actos de protesta, incluidas concentraciones ante los juzgados o en la Plaza Mayor –llegaron a reunir a 5.000 personas–, aunque el ritmo fue disminuyendo de manera paulatina a partir de 2008. Aún así continuaron saliendo un martes cada quince días o al mes, ya en 2012, hasta sumar la friolera de seiscientas. Pero toda historia debe tener un fin.

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