Hipotecar y desahuciar: redondeando el negocio

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Desahucios 15M

Encierro del 15M en la sede de Caja España, en Fuente Dorada (Valladolid). Foto: cedida por el 15M

C. Chávez

Valladolid

El sueño y el derecho de tener un piso propio, aprendido de nuestros padres, llevó a España a construir más que en Francia y Alemania juntas, como decían con orgullo algunos ministros, de manera que mientras unos hacían grandes negocios con ello, otros se metían sin saberlo en un agujero de complicada salida. Parece que durante los años de la burbuja inmobiliaria, las hipotecas y los créditos de todo tipo, es decir, el endeudamiento, eran el gran negocio al alcance, literalmente, de todo hijo de vecino.

De hecho, entre 1998 y 2007 se formalizaron más de 8 millones de contratos hipotecarios en España, según datos de Ada Colau y Adrià Alemany recogidos en su libro “Vidas hipotecadas”, lo cual no fue más que una consecuencia del impulso enorme que se le estaba dando a este negocio desde gobiernos, instancias internacionales, bancos, constructoras y gurús de la economía. De hecho, en Valladolid, a pesar de mantener su población o perderla ligeramente desde hace años, la tasa anual de crecimiento de viviendas entre 2001 y 2006 fue de en torno al 2 por ciento, según un estudio realizado por el profesor de la Universidad Autónoma de Madrid, J. Vinuesa, para el extinto Ministerio de la Vivienda, lo que arroja en la actualidad un saldo de casas vacías de casi 18.000, como publicó el 9 de enero el periódico ‘El Día de Valladolid’.

En este contexto, llama más la atención que ahora, las cifras vayan a la inversa y que ya se cuenten por cientos de miles las personas que han sufrido la ejecución de su hipoteca, o sea, que se han quedado sin casa por no poder pagarla. Desde 2007, según datos de la Plataforma Antidesahucios (PAH) y del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) cerca de 400.000 familias se han ido a la calle. Solo en Valladolid el año acaba con cerca de 900 desahucios.

Michael García, de 36 años, podría ser, en breve, una de estas personas. Hijo de padres españoles emigrantes en Alemania, se compró en 2006 un piso de 60 m2 en Valladolid con su pareja, con una hipoteca de 245.000 euros (el 100 por cien del valor del inmueble), teniendo dos trabajos con los que escasamente llegaba a los 1.500 euros mensuales. “Vendimos nuestra casa en un pueblo cercano –explica-, para comprarnos otra en el centro, pero con lo que sacamos solo nos llegó para pagar el papeleo del crédito. Es lógico que quisiésemos tener nuestra casa: es lo que nos habían enseñado”. La hipoteca se la concedió UCI (Unión de Crédito Inmobiliario), una entidad de crédito de BNP Paribas y Banco Santander, que ha sacado cuantiosos beneficios con el negocio de la titulización de préstamos (12.000 millones hasta 2011, según su página web).

Titulizar es una operación financiera por la cual, un banco, por ejemplo, junta en un mismo paquete hipotecas y otros créditos y luego los vende a otras entidades en los mercados. Esto es lo que hace que, a menudo, si uno contrató su hipoteca con UCI, el dueño de ésta no sea tal entidad sino General Motors, por ejemplo. “El problema –continúa García- es que al poco tiempo se me detectó una enfermedad, por la cual ya no puedo trabajar más. El Estado me ha reconocido la incapacidad y gracias a que llevo trabajando desde los 16, puedo percibir una pensión de unos 750 euros. Así que, cada vez, se me hacía más difícil pagar las cuotas. Desde el principio, las mensualidades eran altas, de unos 1.200 euros, pero con esto pagábamos una parte de los intereses y otra de amortización de la hipoteca. Mi pareja ayudaba también. Después, fueron subiendo los intereses y desde hace tres años, pago la misma cantidad pero solo por los intereses. Y ya llevo pagados cerca de 85.000 euros”.

Hace poco se enteró de que el tipo de interés que se le aplica, el IRPH Cajas, es de los más altos. Se trata de un índice elaborado a partir de los datos que aportan las cajas mensualmente sobre el tipo medio de interés al que están concediendo préstamos. Si las conceden a un tipo bajo, el IRPH será bajo, como sucedía en 2006, y la ventaja, según sus vendedores, es que no oscila tanto como el euríbor.

Stop Desahucios En cualquier caso, Michael García paga ahora más de un 5 por ciento de interés, lo cual es considerado por muchos especialistas como cláusula abusiva. A pesar de que desde hace tiempo su familia le ayuda, pues su pareja murió y ahora está solo y sin poder trabajar, en septiembre de 2012 la situación comenzó a ser insostenible y ya no pudo pagar más: “Entonces fue cuando recurrí al grupo Stop Desahucios y sus abogadas me están ayudando ahora”, comenta preocupado. Tal y como afirma, él quiere pagar, pero no puede, por eso le ha ofrecido ya a UCI, a través de los abogados del movimiento 15M Valladolid, devolver la vivienda en pago de la deuda, una dación.

Pero la entidad se niega. Sin embargo, no le preocupa tanto que él se quede en la calle como que también desahuciasen a su madre, pues ella consta como avalista. Pero lo peor del asunto no es que pierda su vivienda sino que, además, tras haber pagado una parte del crédito, y ya sin techo, siga debiendo al banco el resto del préstamo que se le concedió en su día, independientemente de que los inmuebles se hayan depreciado ya casi un 50 por ciento desde 2008, como anunciaba hace unos días la agencia Standard & Poor’s.

Por eso, el juez de 1ª Instancia de Valladolid, Ignacio Martín Verona, por cuyas manos han pasado cientos de procedimientos de estas características, no solo habla de un negocio redondo sino de una situación que podría vulnerar los principios de nuestra Constitución: “Me planteé hace un par de años presentar un recurso de inconstitucionalidad de los procedimientos judiciales de desahucio, del hecho de que te quiten la casa y sigas debiendo dinero al banco, pero un juez de Tarragona ya se había adelantado. Y sucede que el propio sistema se defiende: el Tribunal Constitucional lo declaró conforme a la legalidad”.

Michael García aun no ha entrado en proceso de desahucio, está intentando negociar con la entidad, pero según él, le dicen que “únicamente podría negociar si saldase la deuda”, por lo que corre el peligro de verse en un juzgado. El hecho de que estos procedimientos judiciales, en opinión de muchos jueces, incluidos los del Consejo General del Poder Judicial, sean, cuanto menos, anómalos radica en que, según la ley, “cobrar un crédito resulta un procedimiento privilegiado y agresivo frente al deudor, pues dota al préstamo hipotecario de mayor eficacia de aplicación que una sentencia judicial, pues el deudor no tiene posibilidad de oponerse”, tal y como se explica en el informe “Propuestas para la agilización de los procesos civiles”, de octubre de 2012, encargado por el propio CGPJ a siete magistrados e ignorado por él mismo después.

Martín Verona lo corrobora: “El problema de los jueces, muchas veces, es que no hay oposición [se refiere a que el demandado no opone recurso alguno, no se defiende], el proceso va encarrilado, el propio demandado mete la cabeza debajo de la tierra y el procedimiento es muy sangrante (…) Tiene unos requisitos formales que se cumplimentan por el banco, donde se informa de tu situación de impago, cuánto has dejado de pagar, después de eso, se te requiere para que pagues y si no lo haces, directamente se va a la ejecución y la subasta. Ahí acaba la ejecución por el bien, la casa, que es la garantía de pago del crédito, pero supone el 60 por ciento. Y después empieza la ejecución por el resto, que es donde te embargan el sueldo a partir de 970 euros (…) Y los motivos de oposición son muy limitados: o el error en el cálculo de la deuda o que no pertenece la vivienda al ejecutante, al banco”. Por eso, aunque a Michael no le pudiesen embargar su pensión de 750 euros al mes, una vez subastada su casa, sí podrían arrebatarle la casa a la madre, como avalista que es.

De este modo, el propio Tribunal de Justicia de la Unión Europea afirmó en noviembre pasado que la ley española sobre desahucios viola la directiva 93/13 UE. Este ha sido el motivo por el que, como explica Martín Verona, “muchos jueces han paralizado ya los procesos en marcha a la espera de que el Tribunal de Justicia de la Unión Europea tome alguna medida al respecto”.

El corazón del asunto, se encuentra tan lejos como en la Ley Hipotecaria de 1909, que luego fue refundida en sucesivos decretos. Martín Verona resume: “Con una perspectiva histórica viene a fortalecer la garantía, cuál es el alcance de que para que un banco te preste, no solo pongas tus bienes sino todo lo que puedas tener después, ya que no te liberas de la deuda entregando el bien, (artículo 105) y salvo que se establezca una cláusula en la hipoteca diciendo lo contrario, tú vas a responder de tu deuda con todos tus bienes”. Sin embargo, donde se establecen las normas y los pasos a seguir en el proceso de ejecución de una hipoteca es en la Ley de Enjuiciamiento Civil del año 2000, estableciéndose la subasta del inmueble como forma de devolución del crédito.

También se expone aquí como mera posibilidad el hecho de que el demandante (el banco), si no ve satisfecha toda la deuda con la venta de la propiedad, pueda pedir al juez que se ejecuten el resto de bienes del deudor, petición que se produce en la mayoría de los casos. “Con la ley en la mano –sentencia Martín Verona- no podemos hacer casi nada, solo posteriormente, después de que te echen puedes plantear un juicio ordinario y ahí se podrían valorar las condiciones del préstamo. Pero ahora con las tasas judiciales, las costas son aun mayores, así que nadie se va a meter en eso”. Es en este punto donde el grupo StopDesahucios del movimiento 15M hace hincapié, pidiendo reformar la Ley de Enjuiciamiento Civil y la Ley Hipotecaria, como punto de partida para empezar a poner freno a la avalancha de lanzamientos de pisos.

Luis Miguel Durán, integrante de dicho grupo, suma a la reforma de estas leyes algunos puntos de la Constitución “para que el derecho a la vivienda digna sea real y no solo una cosa en el papel”. Él es un miembro muy activo en los tres ámbitos de trabajo del grupo: “Nos planteamos tres líneas: la jurídica, con documentación de bancos, jueces, ver en qué momento está el proceso de ejecución hipotecaria, etc.; luego está la política, o sea, cómo influir en los políticos para que apliquen las cosas que reclamamos: la dación en pago, la moratoria para deudores de buena fe, alquileres sociales y que se respete el artículo 47 de la Constitución [referente al derecho a la vivienda]; y la tercera, que incluye a todo el 15M, son las acciones de calle: ocupación bancaria, impedir un desahucio o ir a la puerta de los juzgados para que no echen a la gente”.

15M Valladolid desahuciosEncierro del 15M en la sede de Caja España, en Fuente Dorada (Valladolid). Foto: cedida por el 15M

De hecho, cuando hace unos meses se ocupó, en Valladolid, la sede de Caja España-Duero durante 16 horas para exigir el fin de los desahucios, él fue uno de los que participó. “En estos momentos –continúa- en la asesoría llevamos unos 80 casos de deudores de buena fe [personas que quieren hacerse cargo de la deuda pero no pueden] y la mayoría son mileuristas, gente con situaciones muy precarias o en paro. Y cuando te pones a mirar las cláusulas de los contratos que firmaron, te das cuenta de que nadie sabía lo que firmaba”.

En efecto, este extremo resulta verdad incluso para las personas que vendían esas hipotecas, como explica A. H., un ex agente de financiación que pidió permanecer en el anonimato y que trabajó durante los años álgidos de la burbuja para entidades de crédito como Epicas, del grupo inmobiliario Tecnocasa y Dcredit, del grupo Redpiso. “Soy economista –afirma- y te digo que la mayor parte de las veces ni los propios financieros sabían en qué consistían los productos que vendían, ni de tipos de interés ni nada”. Su trabajo consistía, por un lado, en buscar personas que necesitasen un crédito y que, en muchas ocasiones, por no tener suficientes ingresos o contar ya con deudas, no podían acceder directamente a un banco, y, por el otro, a entidades que concediesen ese tipo de créditos arriesgados.

Pero la situación, como él reconoce, aunque era muy laboriosa, no resultaba tan difícil. El propio Banesto, por ejemplo, en su informe anual de 2001 se refería así al riesgo: “Se trata del ejercicio de un nuevo paradigma: mientras que antes los riesgos se afrontaban diciendo ‘no’ a las pérdidas, ahora debemos maximizar la relación riesgo-rentabilidad”. Y esto es lo que hacían todas las personas del sector inmobiliario.

desahucio ZaratánConcentración en Zaratán (Valladolid) contra el desahucio de una mujer y su hijo. Foto: cedida por el 15M

También para esto se inventó la titulización que decíamos más arriba. De hecho, UCI, en su página web muestra cómo una buena parte de las operaciones juntadas en paquetes y vendidas en el mercado, tal vez hipotecas como la de Michael García, estaban catalogadas, según agencias de rating como Fitch, con triple C, es decir, basura financiera pura y dura. Con esta entidad A. H. llegó a firmar varias operaciones, pero también con Caja Madrid, Bancaja o la Caja de Ahorros del Mediterráneo: “Cuando un cliente necesita a una financiera es porque son operaciones realmente difíciles y ellos por sí solos no se la pueden conseguir (…) De hecho los bancos tienen productos para este tipo de personas, gestionados por los API (Agentes de Propiedad Inmobiliaria): Banesto, por ejemplo, tenía una hipoteca llamada Hipoteca Plus, que directamente cumplía los requisitos de una financiera americana, pues esos préstamos se titulizaban en Estados Unidos”. El modo de trabajo para hacer firmar a un cliente un crédito y encontrar a un banco que lo concediese era el siguiente: “Las oficinas bancarias tenían objetivos, así que tú sabías qué directores estaban más apurados y cuáles menos, cuáles eran los directores que más defendían, los que tenían atribuciones para firmar operaciones, los que podían manipular más el sistema para que pudiese salir esa operación (…) Pedía las nóminas y el informe de riesgos al Banco de España para ver si tenía préstamos la persona. Normalmente, estos clientes ya tenían deudas. Así que lo que hacías era, si tenía préstamos, solicitabas otro con otra entidad, con este préstamo cancelabas el anterior y durante el espacio de un mes en el Banco de España no aparecía nada, pues el tiempo que tardaba el supervisor en actualizar sus informes. Luego lo llevabas a varios bancos y te decían lo que faltaba, un titular más o un avalista, etc. Muchas veces una sola persona no podía sacar el crédito, así que se incorporaba a otra persona, colándola como si fuese su pareja y así sacabas dos operaciones a la vez o, incluso, a veces tres con distintas entidades pero los mismos clientes”.

De este modo, en ocasiones una sola persona podía llegar a acumular hasta tres créditos, por lo que los propios bancos pugnaban por estar los primeros en la lista para así poder cobrar en caso de impago. Y para que todo el mundo se quedase contento con el negocio, cada cual se llevaba su porcentaje: “La inmobiliaria le sacaba un 4 por ciento de comisión por vender el piso y otro 4 sobre la financiación, es decir, sobre el préstamo hipotecario”. Pero luego también el tasador se llevaba su parte por el trabajo, el notario, y el banco sacaba los seguros de vida, las tarjetas de crédito, en definitiva, “una fidelización de por vida”, explica A.H. y continúa: “Nosotros también teníamos tasadores y si del valor del piso te daban el 80 por ciento, tú tenías que sacar para pagar al vendedor, la comisión de la inmobiliaria, la de la financiera y todos los gastos de la operación. O sea que tenía que ser una barbaridad de tasación para que todo el mundo pudiera ganar dinero. Y eso era lo difícil”.

De ahí que sea cierto el hecho de que durante los primeros años, el hipotecado se dedica a pagar los intereses, por lo que según los expertos es difícil que un banco, aun habiendo ejecutado una hipoteca, haya perdido dinero. El problema es que todos esos pisos aparecen como apuntes contables en las entidades, de ahí la reciente creación por parte del Gobierno del llamado “banco malo”, cuya misión es precisamente quitar de la contabilidad bancaria toda esa cantidad de ladrillo.

Ahora, según el agente de financiación, que trabaja para un banco hoy en día, la situación ha mejorado. Pero la última normativa del Banco de España, aprobada hace unas semanas, para controlar la solvencia de los deudores y el modo en el que se otorgan créditos da una idea de lo que antes no se hacía, pues recomienda informar a los clientes sobre el importe de las tasas y los gastos totales, establece la obligación de dar gratis asesoramiento sobre el contrato antes de firmarlo, obliga a dar el contrato al cliente y proveerle anualmente de información sobre los intereses que se le han aplicado, así como establece hasta el tamaño de letra que deben tener los contratos. desahucio ZaratánPancarta en el domicilio de los afectados de Zaratán (Valladolid). Foto: cedida por el 15M

Esto son cuestiones que se empiezan a aplicar ahora. Por desgracia, no tienen carácter retroactivo, como tampoco lo tienen las medidas “insuficientes”, según Bruselas, aprobadas por el Gobierno para paliar los desahucios, por lo que esas casi 5 familias desahucias en Valladolid al día seguirán redondeando “el negocio especulativo de un derecho fundamental como es la vivienda”, como dijo en octubre de 2012 Raquel Rolnik, relatora especial para la ONU sobre el Derecho a la Vivienda, en referencia a la burbuja inmobiliaria española, ante la Asamblea General del organismo internacional. Por eso, en palabras del juez Martín Verona, “lo importante es que aumente la presión social sobre el tema, que se hable de ello, para poder cambiar las cosas”.

Entrevista a un agente de financiación hipotecaria por C. Chávez

“Financieramente, una hipoteca es el negocio más rentable que puede dar un banco”

El entrevistado pidió permanecer en el anonimato, por miedo a represalias.

últimoCero: ¿Dónde trabajas ahora?

Respuesta: Trabajo en Banesto, en la Unidad Hipotecaria.

úC: ¿Y qué haces?

R.: Analizamos el marcaje de las operaciones, es un control a las oficinas de lo que marcan en el sistema, revisar el sistema de análisis que el banco tiene para conceder o no hipotecas. Lo hacemos para velar que esos criterios sean reales y se cumplan porque desde el ordenador de cualquier oficina bancaria esos criterios se pueden modificar, que ha sido lo habitual. A veces, el mal marcaje por intereses de objetivos de directores de oficinas ha implicado que el ordenador aprobase la operación. Hay unos algoritmos en el sistema basados en los ingresos, la estabilidad socioeconómica, datos laborales de la persona que pide el crédito, etc. y dependiendo de esto se aprueba el crédito o no.

úC: ¿Esos criterios se han falseado?

R.: Bueno, hay muchas veces que hay intereses desde la propia oficina, como hace años, cuando se firmaban muchas operaciones y la documentación económica de la persona no coincidía con lo que venía en el sistema. Eso se ha pasado por alto hasta que hubo un cambio de modelo cuando entramos nosotros hace 4 años, con el que prima más el control sobre la operación que el hecho de firmar. Pero en los bancos se ha colado mucha basura.

úC: Es decir: si el criterio de la nómina era mil euros, pues alguien escribía más y con eso colaba…

R.: Sí. Hay criterios mínimos de la operación: uno de ellos es el nivel de endeudamiento. Ahora éste se sitúa en el 35 por ciento. Es decir, que la suma de todos los costes de la operación no supere el 35 por ciento del dinero que uno tiene. De cada mil euros de la unidad familiar, que el pago de la letra no supere los 350 euros. Pero antes esta ratio se pasaba por alto completamente.

úC: Ahora lo controláis, pero antes trabajaste en otras entidades…

R.: Trabajaba en el otro lado del mundo bancario, en las financieras, las que les llevan las operaciones a los bancos. Yo tenía clientes que necesitaban un préstamo hipotecario e iba mercadeando con los productos por clientes que estaban dispuestos a pagar por los productos y a endeudarse por los bancos. Trabajan estas empresas mucho con las inmobiliarias.

úC: ¿Quiénes eran?

R.: Trabajaba para Epicas, una filial de Kiron, del grupo Tecnocasa. Después estuve en Dcredit, que es del grupo Redpiso. Al final, el cliente busca un piso, y la inmobiliaria le sacaba un 4 por ciento de comisión por obtenerlo y otro 4 sobre la financiación, es decir, sobre el préstamo hipotecario. Ahí buscabas los clientes que necesitaban una hipoteca y los bancos que la concediesen de manera que tú te llevases también tu comisión…

úC: ¿Te encontraste con situaciones complicadas?

R.: Sí. Todas eran complicadas. Cuando un cliente necesita financiación es porque son operaciones realmente difíciles y ellos por sí solos no se la pueden conseguir. Entonces hay que preparar las operaciones muy bien.

úC: ¿Qué clientes eran?

R.: Extranjeros sobre todo. Sudamericanos, marroquíes, españoles con problemas financieros y préstamos personales, con algún tipo de impago anteriormente. Eran operaciones complicadas…

úC: Personas que de primeras no hubiesen podido acceder directamente al banco…

R.: Claro. De hecho, los bancos tienen productos para este tipo de personas, gestionados por los API (agentes de propiedad inmobiliaria): Banesto tenía, por ejemplo, una hipoteca llamada Hipoteca Plus, que directamente cumplía los requisitos de una financiera americana, pues ese préstamos se titulizaba por los americanos. Para que nos entendamos, todas las hipotecas hacen un título y se venden en los mercados financieros. Es una parte poco sabida. Al final la única manera de crear dinero en el mundo financiero es en base a la deuda.

úC: ¿Y cómo era la manera de trampear los modelos analíticos?

R.: Todas las operaciones que yo he visto cuando trabajaba en las financieras estaban preparadas. En las oficinas bancarias tenían objetivos, así que tú sabías qué directores estaban más apurados y cuáles menos. Cuáles eran los directores que más defendían, los que tenían atribuciones para firmar operaciones, los que podían manipular más el sistema para que pudiese salir esa operación. No todos los directores son iguales y tú tenías tus contactos, pues eso influye a la hora de sacar las operaciones adelante. Y los objetivos de cada entidad y el perfil de cliente eran diferentes. Muchos bancos tenían también sus financieras, por ejemplo, Caja de Ahorros de San Fernando tenía Credifimo, su propia financiera. Así que toda la mierda de operaciones iba para Credifimo. Deutsche Bank tenía también la suya y el BBVA y el Santander, etc. Son financieras que sacaban créditos a tipos de interés muy altos. Entonces, pedía las nóminas y el informe de riesgos al Banco de España para ver si tenía préstamos la persona. Normalmente, estos clientes ya tenían deudas. Así que lo que hacías era, si tenía préstamos, solicitabas otro con otra entidad, con este préstamo cancelabas el anterior y durante un espacio de un mes, más o menos, en el Banco de España no aparecía nada, hasta que se renovaban sus informes. Luego lo llevabas a varios bancos y te decían lo que faltaba, un titular más o un avalista, etc. Muchas veces una sola persona no podía sacar el crédito, así que se incorporaba a otra persona, colándola como si fuese su pareja y así sacabas dos operaciones a la vez o, incluso, a veces tres con distintas entidades pero los mismos clientes.

úC: Jugabais con ese mes en el Banco de España en el que no aparecía nada…

R.: Sí. Había una deficiencia en el Banco de España que era la actualización de los riesgos, lo cual ahora se ha corregido. Este mundo es mucho más complejo que todo esto que estamos diciendo. Aquí está el Banco de España, están los tasadores, los de la inmobiliaria, los de la financiera, los del banco y cada uno tiene sus intereses. El de la inmobiliaria vende su piso y quiere su margen comercial, nosotros sacábamos el préstamo y así nuestro porcentaje y el tasador, también. Nosotros además teníamos tasadores y si del valor del piso te daban el 80 por ciento, tú tenías que sacar para pagar al vendedor, la comisión de la inmobiliaria, la de la financiera y todos los gastos de la operación. O sea que tenía que ser una barbaridad de tasación para que todo el mundo pudiera ganar dinero. Y eso era lo difícil.

úC: Vosotros ya teníais a tasadores…

R.: Sí. Y ellos la inflaban porque el volumen de operaciones que les daban estas entidades era muy alto. Entonces, Tecnocasa, por ejemplo, siempre trabaja con el mismo. Los bancos, aunque tenían un sistema aleatorio para elegir tasadora, de cada una de ellas, siempre se tenía un contacto. La cuestión era que todas la piezas tenían que salir bien para que se firmase una operación. Y el banco ganaba con estos clientes el seguro de vida, el seguro del piso, las tarjetas, es decir, una fidelización total.

úC: O incluso podía ganar el hecho de que al meter unos intereses de demora tan altos, en el caso de que se produjese un impago, se llevaría un buen pellizco…

R.: Sí. Está claro que financieramente es la operación más rentable que puede dar un banco. Porque te vinculas una persona casi de por vida y, encima, puedes crear un título con unas categorías en función del riesgo y luego lo vendes en los mercados financieros. Yo he visto cómo venían bancos suizos, como Credit Suisse, o financieras americanas, como la de General Motors, por ejemplo, a comprar operaciones de estas. En realidad, muchos bancos españoles eran simples intermediarios.

úC: Al hablar de las operaciones, decías que sabíais qué director tenía más atribuciones, etc. esto era para poder cerrar el negocio, ¿qué entidades eran estas?

R.: En Caja Madrid había directores que trampeaban hasta el sistema. Bancaja, que está ahora en Bankia; UCI (Unión de créditos independientes), que era del grupo Santander y BNB Paribas, pero luego se independizó y estos eran de lo peor. De hecho, tenían un préstamo que era la piedra, o sea, que si un director decía que se firmaba, no hacía falta ningún tipo de papel ni nada. Había casos muy extremos. Me acuerdo de una pareja que tenía una hipoteca en Bancaja y sus padres aparecían como fiadores y, entonces, se computaban los ingresos de ellos, una cosa que me parece increíble, pues tus ingresos son los tuyos y los de tus padres, los suyos. En condiciones normales, solo se computan los de los titulares, no los de los avalistas. La CAM también metía muchas cosas raras, sobre todo en las hipotecas a 50 años.

úC: El Banco de España actualizaba cada mes los riesgos, pero ¿había más control a parte de esto que me has contado?

R.: Te suelen pedir un ASNEF (se refiere a un informe sobre tus deudas del fichero nacional de morosos creado por las entidades financieras españolas en 1967, asociadas en la Asociación Nacional de Entidades Financieras, donde no solo están bancos y cajas sino también eléctricas, telefónicas, etc.), un positivo de impagos y un informe de RAI (Registro de Aceptaciones Impagadas, se trata de otro fichero de deudores, pero de empresas y autónomos). Ahí ya ven cuál es tu calidad de pagador. Pero muchos bancos miraban Experian (otro fichero de morosos más, en el que se incluyen también datos de aseguradoras, administraciones públicas, inmobiliarias, etc.), pero no Asnef, y si tenías que pedir un préstamo y tenías una deuda registrado en uno de los dos, te ibas a un banco que sabías que uno de los dos no lo miraba. Y lo del Banco de España tardaba unos 30 o 40 días y si aparecía que no tenías un préstamo, te juntabas con otras dos personas y en ese periodo te daba tiempo a firmar tres operaciones con tres tíos al mismo tiempo: o sea, que en el Banco de España una persona pasaba de tener 0 en riesgos a tener 900.000 con tres hipotecas de 300.000 euros, tranquilamente. Tres hipotecas a una persona con tres entidades. Luego, cuando se actualizaba todo, los bancos se quedaban flipados, “¿pero cómo es posible que nos hayan metido este gol?”, decían. Y la mayoría de las veces aparecen los tres riesgos como carga de la vivienda. Es decir, la vivienda aparece en una nota como carga a favor de un banco, pero resulta que estaba a favor de otras entidades también. Por eso, los bancos luchaban, muchas veces, por estar en primera carga, es decir, ser ellos los primeros acreedores. Estar en la primera línea de la nota simple es una lucha que tienen todavía los bancos a la hora de ejecutar un piso. A veces un mismo piso servía de garantía para varias operaciones: imagínate, si hay dos hipotecas sobre una misma vivienda, es que han engañado al banco y eso es un problema para cobrar.

úC: ¿Seguís funcionando con objetivos de este tipo de cosas?

R.: No. Ya no. Tienen sus propios objetivos. Por ejemplo, si implantan un sistema nuevo de revisión, pues tienen que reducir las incidencias en tanto, por ejemplo. Pero esos porcentajes, normalmente no se cumplen porque luego las oficinas hacen lo que les da la gana.

úC: ¿Sufrías presiones para hacer más operaciones por los objetivos?

R.: Eso es el trabajo diario. Nosotros trabajábamos muchas horas, sin descanso e intentabas sacar todas las operaciones de todos los clientes que entraban en las inmobiliarias. Muchas eran imposibles y se lo decías al cliente. Pero luego está la ética de cada uno. Y a veces, llegaba el jefe y si tenía interés en que se firmase con una entidad determinada, te decía: “le tienes que convencer para que firme con éste”. Y yo cogía y les reunía en un bar y les decía que mi jefe les iba a contar cualquier cosa pero que realmente a ellos no les convenía por esto y por aquello. Iban a sacarte la hipoteca al principio para después ahogarte. Por eso, yo intentaba siempre informarles bien y les preguntaba si estaban convencidos, les ponía en guardia con la verdad por delante. Pero ni un 1 por ciento de la gente que trabaja en ese sector hacía eso: normalmente no tienen escrúpulos. Por eso, yo, en cuanto pude, me busqué otro trabajo con menos gente mala. Porque yo he visto cómo algunos de ellos, los financieros, han arruinado la vida a otras personas. Me acuerdo de una mujer de una inmobiliaria que le pedía poderes a sus clientes para poder firmar en su nombre los préstamos y así endosarles cuatro personales y una hipoteca. Eso es que te arruinen la vida. Ya no se puede refinanciar. Y soy economista y te digo que la mayor parte de las veces ni los propios financieros sabían en qué consistían los productos que vendían, ni de tipos de interés ni nada.

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