Coca no es cocaína

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Las tradiciones indígenas de Bolivia fueron reivindicadas luego de una intensa batalla por su reconocimiento. Las políticas neoliberales de Gobiernos anteriores siempre apostaron a la eliminación de los cultivos de coca, además de considerarla una droga, a su productor un narcotraficante y al consumidor un narcodependiente.

 

 Foto: APLa hoja de coca es el sustento de miles de campesinos en Bolivia.

En ese empeño, la hoja de coca era vinculada al narcotráfico, obviando por completo sus componentes nutritivos y que es una práctica ancestral que ha identificado por siglos a la cultura andina.

Pero ese escenario cambió. La reciente reincorporación del Estado Plurinacional de Bolivia a la Convención de Estupefacientes de la ONU, con una excepción que permitirá el masticado de hoja de coca (acullico), fue una victoria histórica celebrada en todo el país. La Convención entrará en vigor para Bolivia el próximo 10 de febrero.

De los 183 estados parte de la Convención, solo 15 objetaron el reingreso de Bolivia, entre ellos EE.UU. Y era de esperar debido a la contribución malsana de Washington a la campaña que juntaba a la hoja de coca con drogas ilícitas como la heroína.

La batalla librada por el Gobierno de Evo Morales finalmente dio sus frutos. Al conocer la noticia, el mandatario calificó el hecho como “un triunfo internacional de Bolivia frente al Imperio”.

Morales, líder sindical de los campesinos cocaleros de Chapare (centro), en su voz nativa de indios exclamó: “Kausachum coca, huañuchum yankis”, el grito de guerra de los cocaleros que significa “viva la coca y mueran los yankis”.

Durante una masiva jornada de festejos, que tuvo su centro en Cochabamba, el Mandatario andino aseveró que ese triunfo era “para que el mundo reconozca que la hoja de coca no es veneno, no es estupefaciente, es parte de nuestra vida y de nuestra cultura”.

El periodista y escritor boliviano, Alex Contreras Baspineiro reseñaba en un artículo que “violando los derechos humanos y pisoteando la soberanía nacional, se trataron de imponer desde esferas gubernamentales diferentes planes, como el Plan Trienal, Plan Quinquenal y otros, con el objetivo de acabar con las plantaciones de coca en determinado tiempo”.

Contreras recuerda que en 1961 la hoja de coca fue penalizada porque era considerada por los países desarrollados “un veneno”, y ningún gobierno boliviano hizo gestiones, como el actual, para que no se le confunda intencionalmente como estupefaciente. Como consecuencia Bolivia se retiró temporalmente de la Convención a mediados del 2011.

 

El uso de la hoja de coca trasciende el mero hecho de mitigar las sensaciones de cansancio, hambre o sed, sino que en realidad es un acto ritual con profundas implicaciones sociales. Es por ello que la reciente despenalización del acullico, es, como calificara el presidente, Evo Morales, “una victoria de esta revolución cultural que llevamos a cabo”.

LAURA BÉCQUER PASEIRO

 

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