Del Bunker franquista al Búnker constitucional.

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En los años setenta, antes y después de la muerte de Franco, el Régimen se dividía entre los llamados reformistas, aquellos que entendían que la mejor estrategia para que nada esencial cambiara, pasaba por impulsar diversas reformas en la estructura jurídico-política del franquismo y el llamado Búnker, que consideraba que no había que hacer nada mas allá de una adaptación a los tiempos y planificar la continuación del franquismo sin Franco. La desaparición física del dictador, era un hecho, que incluso los más fanáticos del Régimen comprendían que no tardaría mucho en ocurrir, a pesar de su tremendo pesar por tal cuestión.


El desdoblamiento por primera vez en la historia del Régimen, a principios de la década de los setenta, de los cargos de Jefe de Estado, que siguió manteniendo Franco, y de Presidente del Gobierno que pasó a manos del Almirante Carrero Blanco,era un paso clave en ese proceso de adaptación del Franquismo.


La ejecución del Presidente del Gobierno español, Almirante Carrero Blanco, por ETA en 1973, dio al traste con esa linea estratégica y situó toda la responsabilidad de los cambios necesarios, desde el propio Sistema, en manos de los reformistas, entre los que se encuadraban a su vez personajes del Régimen con visiones relativamente diferentes, desde Fraga a Adolfo Suarez, pasando por Martín Villa y por supuesto el propio Juan Carlos, que anteriormente había estado estrechamente vinculado a Carrero Blanco y sus proyectos.

 

 

La renuncia de sectores muy importantes de la oposición democrática al Franquismo, especialmente el PCE y la representación política de las burguesías vascas y catalanas. El PSOE era bastante irrelevante en aquel entonces, posibilita, en confluencia con el proyecto reformista de los sectores mayoritarios del Régimen franquista, la articulación de la gran operación política que se dio en llamar la “transición española” cuyo mayor logro, según sus apologetas, fue la construcción de un Sistema democrático en base a un proceso constituyente, también “impecablemente” democrático, según su versión.

Es evidente que ese guión que nos cuentan nada tuvo que ver con la realidad real.

Las elecciones de junio de 1977, ni se hicieron en libertad, numerosas organizaciones políticas seguían siendo ilegales, por ejemplo las que hoy son segundas fuerzas mas votadas en Euskadi o Cataluña, ni se convocaron como Cortes constituyentes. Y cuando se abrió esa posibilidad, fue con un conjunto de limitaciones tales: Intocable el carácter monárquico del Régimen, intocable el papel del ejército, intocable el conjunto del aparato represivo policial y judicial,…, que realmente impedían un auténtico proceso constituyente, merecedor de tal nombre.

 

Hoy más de tres décadas después, aquello que diversas organizaciones y muchas gentes ya señalábamos por aquel entonces, se ha convertido en una obviedad para amplísimos sectores de la sociedad,

La Constitución de 1978, ni es fruto de un autentico proceso constituyente, ni es democrática. Es por ello que no sólo no tiene legitimidad de origen, sino que no es útil como marco jurídico-político para organizar la vida de las sociedades de los Pueblos del Estado Español, así como sus relaciones entre ellos.

La puesta en marcha del proceso destituyente-constituyente, impulsado por la Coordinadora del 25S, los procesos por el derecho a decidir en Cataluña y Euskadi, no son sino expresiones políticas diversas de la necesidad sentida, cada vez más imperiosa, de un cambio de Sistema político, económico y social.

 

El apoyo mutuo y la confluencia de esos procesos destituyentes-constituyentes, puestos en marcha en el Estado Español, es el único camino para que ese cambio de Régimen sea materializable.

 

Los antiguos reformistas del Franquismo ya congraciados con los inmovilistas de aquel Régimen, se han convertido en el Búnker constitucional, son  aquellos que consideran, por otra parte con razón, a la Constitución del 78 como un instrumento inamovible y especialmente útil para la dominación y explotación de los diversos Pueblos bajo su jurisdicción.

Aquellos que hoy se sitúan en una estrategia de adaptación de la Constitución del 78 a los nuevos tiempos, tal como ocurre con sectores del PSOE o IU, están simplemente condenados al más estrepitoso fracaso, primero por que no hay, y difícilmente habrá en el futuro, demanda social significativa en esa dirección. Y segundo por que no tienen el menor margen objetivo de maniobra en esa dirección, menos que la que tuvo la encabezada por Carrero Blanco.

 

Lo único que podrá conseguir la estrategia de ”los reformistas”, a lo peor es lo único que pretenden, es despistar durante algún tiempo a algunos sectores del movimiento popular. En nuestra manos está el impedirlo.

 

Hoy sólo hay dos alternativas viables sobre la realidad: Búnker constitucional con el Gobierno de Mariano Rajoy al frente y todo lo que ello supone, o proceso de ruptura democrática que abra un escenario de libertades, derechos y justicia social para las ciudadanas y ciudadanos y Pueblos del Estado Español.

 

Por ello luchamos los comuneros y comuneras del S. XXI.

 

Izquierda Castellana

Castilla a 24 de diciembre de 2013

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