Las CUP, la alternativa necesaria

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Las CUP ofrecen, como no podía ser de otra manera, una clara vinculación entre la reivindicación nacional y la transformación social; su programa no solo habla de independencia, por supuesto de una independencia al margen de la Unión Europea y de los Estados y bloques imperialistas, sino de poder popular, de ruptura democrática y de nacionalización de los sectores estratégicos de la economía catalana
Las CUP, la alternativa necesaria

Las próximas elecciones al Parlament de Catalunya del 25 de noviembre son algo más que unas meras elecciones autonómicas. Desde las masivas manifestaciones del 11 de septiembre, Diada Nacional de Catalunya, parece que las cosas no van a volver a ser igual. CiU se ha desmarcado con un discurso en apariencia soberanista, reclamando una consulta sobre el futuro estatus político de Catalunya (“derecho a decidir”) y un Estado propio dentro de la Unión Europea, justificado en la negativa del Gobierno español del PP a negociar un pacto fiscal. Todo ello ha motivado una convocatoria electoral que aparenta más ser un plebiscito sobre el llamado “derecho a decidir” que un mero trámite electoral en una comunidad autónoma.

Este “giro soberanista” de CiU responde a diversas motivaciones relacionadas con las inquietudes políticas de la clase social a la que históricamente ha representado en estos momentos de crisis sistémica, pero de lo que no cabe duda es de que con este desmarque CiU pretende por un lado tapar su desastrosa y antipopular gestión en el Gobierno de la Generalitat y, por otro, apropiarse de lo que podríamos llamar el malestar nacional catalán, expresado masivamente en la pasada Diada. Un malestar muy sentido en amplios sectores del pueblo catalán que ven como desde los distintos Gobiernos españoles desprecian las diferentes reclamaciones no sólo económicas o políticas sino también sociales y culturales, como hemos dicho, muy sentidas en el conjunto del pueblo de Catalunya, por eso hay que calificarlo de malestar nacional, y por eso, se ha pasado en Catalunya del llamado “independentismo sociológico” a un independentismo más real y político, un movimiento popular.

Lógicamente, las opciones de derechas, sean estas españolas o catalanas, pretenden hacer del debate soberanista una cortina de humo con la que ocultar los intereses de clase a las que representan. Sin embargo, al contrario de lo que pretenden las opciones burguesas, el debate soberanista es inseparable del debate social y más en tiempos de crisis. Todo proyecto nacional es un proyecto de sociedad el cual dependerá, en última instancia, de la clase que encabece el movimiento de reivindicación nacional, como ya explicaron los clásicos del marxismo.

Frente al enfrentamiento de las opciones de derechas, CiU frente a PP, el PSC tiende a desdibujarse con discursos contradictorios, sin un liderazgo claro, con una propuesta “federalista” que no se sabe cómo se va articular, desgastado todavía por su gestión en la Generalitat y seriamente perjudicado por su referente español: el PSOE. Mientras, ICV y ERC se presentan como los defensores de los derechos sociales unos, y los otros como los garantes del derecho a decidir y de la independencia, pero ambas formaciones, a pesar de sus buenas perspectivas electorales, no están en condiciones de defender ni de garantizar nada tras su paso por el gobierno tripartito catalán. Por último, Ciutatans con su lerrouxismo y su demagogia pretenderá recoger todo el voto españolista que por diversas circunstancias no irá a parar ni al PSC ni al PP.

Pero frente a estas opciones, en estas elecciones, la izquierda independentista (Esquerra Independentista) presenta una opción electoral con posibilidades de conseguir representación: las Candidatures d’Unitat Popular-Alternativa d’Esquerres (CUP-AE). Diferentes encuestas dan a las CUP hasta 3 escaños (El País, La Vanguardia, El Periódico de Catalunya, etc.), de ser así sería la primera vez que la Esquerra Independentista entraría en el Parlament después de candidaturas como fue la del Bloc d’Esquerra d’Alliberament Nacional (BEAN) con Xirinacs a la cabeza, que a pesar de despertar ilusiones y esperanzas se quedó a las puertas del Parlament. Las CUP ofrecen, como no podía ser de otra manera, una clara vinculación entre la reivindicación nacional y la transformación social; su programa no solo habla de independencia, por supuesto de una independencia al margen de la Unión Europea y de los Estados y bloques imperialistas, sino de poder popular, de ruptura democrática y de nacionalización de los sectores estratégicos de la economía catalana. Por eso, están siendo silenciados, por eso los grandes medios de comunicación tratan de invisibilizar esta candidatura, descentrando el debate soberanista, alejándolo de los proyectos sociales y de los intereses de clase que representan.

Una breve visión histórica de la Esquerra Independentista

Hacer un breve repaso histórico por el desarrollo de la denominada Esquerra Independentista se presenta a priori como una tarea harto complicada. Desde que en 1968 naciera el Partit Socialista d’Alliberament Nacional (PSAN) hasta la actualidad se han sucedido multitud de siglas correspondientes a escisiones, candidaturas, nuevos proyectos políticos, intentos de reagrupación política, etc. Los inicios de la actual Esquerra Independentista se sitúan en el mencionado PSAN, este partido se puede considerar de alguna manera como la matriz de donde han surgido multitud de organizaciones, proyectos unitarios, etc. El PSAN actualmente es un partido testimonial que forma parte de Solidaritat Catalana per la Independencia (SI), el inconsistente y voluble proyecto creado por el ex Presidente del Barça Joan Laporta, por tanto, poco o nada queda ya de aquel partido comunista e independentista, a pesar de que en su logo luzca una hoz y un martillo, que surgió de los jóvenes izquierdistas que militaban en el Front Nacional de Catalunya (FNC). A pesar de ello, sin el PSAN, sea hoy lo que sea, no se puede entender la actual Esquerra Independentista ni el proyecto de las CUP.

Podríamos hablar de toda una serie de proyectos políticos de diversa índole, desde el PSAN-Provisional, más tarde IPC, el MUM, el BCT, el BEAN, Nacionalistes d’Esquerres, MEN, el MDT con su posterior división en MDT-PSAN y MDT-IPC, Catalunya Lliure, la AUP, posteriormente la PUA, la reactivación del MDT en 1999, o la creación de Endavant-OSAN en el 2000, etc. Sin olvidar en este recorrido la trayectoria de la organización armada Terra Lliure cuyo accionar ha marcado en muchos momentos la vida y los ritmos de la Esquerra Independentista.

Fruto de este panorama de divisiones y de falta de consolidación de un proyecto político unitario, ERC consiguió reforzarse representando la única opción independentista y de izquierdas seria y fiable. No pocos ex militantes del PSAN, Terra Lliure, MDT o de Catalunya Lliure terminaron engrosando las filas de ERC, hay muchos y muy conocidos ejemplos de ello, pero  también aunque en menor proporción ex militantes de la Esquerra Independentista han engrosado las filas de ICV, PSUC, PSC y CiU.

Aunque la marca CUP lleva registrada desde 1987, siendo utilizada por el desparecido Moviment de la Esquerra Nacionalista (MEN) en elecciones municipales, es a partir del llamado “Proceso de Vinaroz” en el 2000 y con la creación de la Coordinadora de la Esquerra Independentista en el 2002 cuando las CUP adquieren una nueva perspectiva, es decir, como candidaturas municipales de la izquierda independentista. Las CUP cuentan con el sostén político de Endavant-OSAN, MDT y de la organización juvenil Arran, fruto de la unión de Maulets y CAJEI. Se podría afirmar que a través de estas candidaturas la Esquerra Independentista ha ido  cicatrizando sus heridas y sus divisiones, pero sobre todo, ha ido acumulando fuerzas respetando la pluralidad política e ideológica del movimiento, de hecho, las dos principales organizaciones políticas que participan en las CUP, Endavant-OSAN y el MDT, tienen vidas organizativas absolutamente independientes.

El malestar nacional catalán

Desde fuera de Catalunya casi siempre se tachan las aspiraciones populares catalanas como egoístas, incluso determinados sectores de izquierda las tachan automáticamente de burguesas. Todas esas visiones suelen confundir los intereses de clase que representan CiU y ERC con un sentimiento que hoy es ya un movimiento popular que se escapa a los intentos tanto de CiU como de ERC por controlarlo, aunque históricamente lo hayan reconducido. Tanto CiU como ERC han practicado un chovinismo sucio culpando de las desgracias catalanas a pueblos extremadamente oprimidos como el andaluz, haciendo un dibujo o más bien una caricatura grotesca de una Andalucía llena de vagos y vividores que derrochan el dinero alegremente en bares y tabernas que tanto sudor le cuesta ganar al pequeño y mediano empresario catalán. En este sentido, tanto ERC como CiU acuden a los tópicos del españolismo sobre Andalucía.

El economista catalán  Vicenç Navarro que no es precisamente independentista decía lo siguiente en un artículo: “El Estado del Bienestar (que incluye transferencias públicas como las pensiones, y servicios públicos tales como sanidad, educación, servicios sociales, escuelas de infancia, servicios domiciliarios, entre otros) en Catalunya está financiado por debajo de lo que le correspondería por el nivel de riqueza que tiene. Mientras que el PIB per cápita catalán representa el 110% del promedio de la UE-15 (los países de la Unión Europea de mayor desarrollo económico) su gasto público social por habitante es sólo el 73% del gasto público social promedio de tal grupo de países. Si en lugar del 73%, fuera el 110%, Catalunya se gastaría en su Estado de Bienestar 19.600 millones de euros más de los que se gasta ahora”. Y continua diciendo: “La explicación más común que se da en los círculos políticos más hegemónicos de Catalunya a tal retraso social es el déficit fiscal, es decir, a la diferencia de fondos que existe entre la aportación de los ciudadanos en Catalunya al Estado central a través de sus impuestos, y los fondos que reciben de él, una cantidad que la Generalitat de Catalunya calcula que es un 8% del PIB catalán, porcentaje referido en el lenguaje belicista de algunas formaciones políticas catalanas como “expolio”. Tal déficit fiscal existe y la resistencia por parte del Gobierno central a admitir que existe y/o a resolverlo está creando una enorme frustración y enfado popular, que junto con las decisiones del Tribunal Constitucional, eliminando elementos emotivamente muy importantes del Estatuto de Catalunya (tras haber sido éste refrendado por la población catalana) ha desembocado en un movimiento de claras raíces populares que protesta por la insensibilidad del establishment político español, basado en Madrid, hacia la excesiva centralización en la gestión de los impuestos y la oposición de tal establishment a reconocer el carácter plurinacional del Estado español.” (Causas del retraso social catalán,  http://www.vnavarro.org/?p=8032) . Por supuesto, en dicho artículo Navarro concluye que la causa al retraso social catalán no es solamente el déficit fiscal sino las diferentes políticas calificadas de neoliberales aplicadas por los Gobiernos español y catalán. Este economista no se ha cansado de repetir una y otra vez que tanto el PP como CiU responden a los mismos planteamientos políticos e ideológicos, pero también que CiU intenta apelar al derecho a decidir para ocultar su pésima gestión social en la Generalitat en estos momentos de crisis.

Siguiendo con el Profesor Vicenç Navarro, en la respuesta que dio al “Manifiesto Federalista de los Trescientos” metía el dedo en la llaga: “La carta, sin embargo, parece contradecirse, pues estas acusaciones de injustificado agravio y victimismo expresado por el supuesto nacionalismo exacerbado catalán se hacen a la vez que se pide, en la misma carta, al Estado que se busque un mejor encaje de Catalunya con España, una financiación más justa, y de una federalización del deteriorado Estado de las autonomías. Si los autores de tal carta consideran que no se ha hecho nada injusto a Catalunya, ¿por qué entonces piden estos cambios? Uno esperaría que la petición de que se realizaran tales cambios estuviera basada en la identificación de varias injusticias existentes y que tales cambios ayudarían a resolverlas. ¿Por qué, entonces, continúan insistiendo en la acusación de “victimismo? ¿No entienden que con esta continua acusación, típica del nacionalismo españolista, está contribuyendo al creciente enfado existente en Catalunya?”.  (Respuesta al manifiesto federalista de los trescientos, http://www.vnavarro.org/?p=8050).

Tenemos pues que en Catalunya existe un malestar que va más allá incluso de una financiación injusta y que tiene que ver con una eterna incomprensión del Estado español hacia Catalunya. Pero hay mucho más ante ello, el nacionalismo de Estado español ataca con el insulto, inculca el chovinismo entre los pueblos del Estado, inculca el desprecio hacia el pueblo catalán y machacan una y otra vez con estereotipos y con imágenes degradantes e insultantes. En un conocido trabajo del militante independentista revolucionario andaluz Javier González Pulido conocido como “La catalanofobia expresión ideológica de masas del españolismo” (http://www.nacionandaluza.info/biblioteca%20andaluza/La+catalanofobia+expresion+del+espa$C3$B1olismo_J_G_Pulido.pdf)  argumenta que la extensión de los tópicos ridículos sobre catalanes, vascos o andaluces oculta la carencia de auténticos contenidos históricos y culturales de la “españolidad” identificando lo “español” con modernidad o posmodernidad. Según González Pulido, el origen histórico de la catalanofobia se podría resumir de la siguiente manera: “El catalán ha sido buhonero, tratante, mercader; se ha establecido en todos los rincones peninsulares en donde hubiera cruce de líneas de tráfico e intercambio. Ha sido, pues “cosmopolita” pero siempre catalán. Su lengua, su actitud mercantil en medio de un panorama señorial lo han personalizado siempre. El catalán ha sido, tras la expulsión de la clase étnica hebrea, el sustituto en la Península Ibérica del judío. Así, ha despertado el odio no sólo de los campesinos, sino también de los oligarcas locales, de sus competidores comerciales autóctonos. Las deudas, la impotencia, la imposibilidad de descalificación semirreligiosa –el catalán es “cristiano viejo”– han derivado en xenofobia anticatalana. Los catalanes han estado presentes desde Antequera a las costas gallegas y siempre se han distinguido por su espíritu de grupo, por su solidaridad étnico-clasista; han hecho permanecer durante todo el período precapitalista el espíritu de los “consulados” catalanes de la Edad Media y,aunque a efectos cuantitativos mucho mayor ha sido el expolio de los banqueros flamencos, genoveses o alemanes, el catalán mercader, prestamista o artesano, por su misma modestia en comparación a éstos, ha estado mucho más cerca de los pueblos y por tanto ha recibido más odio de ellos. Su condición de “extranjeros”, súbditos de una misma Corona y vecinos, ha despertado aún más animadversión mientras se comprobaba sus posibilidades –derivadas de su foralidad– de salvarse del robo organizado por el Fisco imperial”.

El malestar nacional catalán no es de ahora, es histórico, solamente que en este momento ha conseguido pasar del sentimiento colectivo al movimiento popular masivo y reivindicativo.

Las CUP, la alternativa popular

Difícilmente, CiU puede dar solución al malestar nacional catalán, entre otras cosas porque CiU ha contribuido a que ese malestar exista. Difícilmente, la burguesía que CiU representa es capaz de dar una salida justa a las legítimas reivindicaciones de soberanía y justicia social del pueblo catalán. No nos podemos dejar engañar por la guerra sucia que el Estado español está empleado contra CiU y Artur Mas destapando casos de corrupción que aunque seguramente tienen una base real salen a la luz “sospechosamente” en plena campaña electoral y están siendo utilizados para desprestigiar no solamente a CiU y a Mas, sino incluso las legítimas aspiraciones del pueblo de Catalunya.

Son muchos los lazos que atrapan a la burguesía catalana con los Estados imperialistas como para la luchar por la plena soberanía. Esta burguesía tiene asimilado su papel en el contexto español y europeo y en el mejor de los casos determinados sectores podrían estar por una especie de semi independencia, en palabras del teórico marxista vasco Iñaki Gil de san Vicente, un “Estado tapón”, asegurando un marco institucional y económico que le pudiera permitir desenvolverse mejor sin las ataduras legales del Estado español, pero sin soberanía nacional real.

Frente a las pretensiones burguesas, las CUP proponen como medidas mínimas la convocatoria inmediata de un referéndum de autodeterminación, la paralización de los desahucios, el dejar de pagar la deuda ilegítima contraída por la banca, el fin de los recortes en el gasto público y la nacionalización de los recursos básicos. Las CUP pues se presentan como la auténtica alternativa real de los trabajadores y sectores populares catalanes frente a la muy deteriorada situación económica y social de la clase obrera y los sectores populares catalanes, deterioro del que CiU es responsable. Solo en la perspectiva de la construcción de una sociedad diferente, el socialismo, se podrá garantizar la soberanía nacional, solo la organización y la lucha del pueblo trabajador catalán pueden asegurar una verdadera Catalunya libre y soberana. Por eso la candidatura de CUP-AE es la alternativa necesaria. En una entrevista, el cabeza de lista por Barcelona, David Fernández dejaba bien clara la alternativa: ”La CUP está buscando la solución más democrática, más solidaria y más ética a cada contradicción y desigualdad que agita a nuestra sociedad. Yo no me identifico con una ERC que dice que entre la izquierda y el país, el país, porque eso significa el país de la derecha. Ni me identifico con una propuesta como la de SI, que agita el nacionalismo económico —que no es el instrumento esencial, sino la libertad política de este pueblo, no si cobramos más o menos— y lemas como Espanya ens roba —también nos roba nuestra burguesía—. Son discursos independentistas vacíos de contenido social. El proyecto político es diferente no sólo en el contenido, sino también en las formas de hacer las cosas; la democracia participativa y la democracia real deberían estar en el orden del día”. Y continuaba diciendo: “Partimos del escenario de derrota histórica de las clases populares de que hemos hablado, de cinco años de crisis que ha generado las peores desigualdades en este país, que se han multiplicado: 80.000 desahuciados en cinco años, tres millones de pobres en los Países Catalanes y un millón y medio de parados y, en Cataluña, el 10% de los más ricos tiene el 37% de la riqueza. Nuestros objetivos son recuperar la voz, asumiendo que estamos trabajando contra una hegemonía profundamente conservadora y que estamos intentando erigir este muro de contención contra el neoliberalismo. Y, en este sentido, irrumpir en el Parlament será empezar a levantar un muro contra el neoliberalismo en nuestra casa. Nosotros no queremos ser una zona franca del neoliberalismo; queremos aportar al concierto de los pueblos libres la máxima democracia política y económica que podamos, con toda la modestia. No nos inventamos nada, somos los viejos sueños de este país, siempre derrotados, que vuelven a la palestra política, ahora de la mano de una nueva generación —la CUP tiene una media de edad de 36 años—; hemos cogido el testigo de nuestros abuelos y nuestras abuelas y hemos recogido las aspiraciones de máxima libertad política para este pueblo y la máxima justicia social para su gente”  (http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=5428).

Las CUP y la Esquerra Independentista en general tiene ante si grandes retos entre o no en el Parlament. Extenderse como una opción real de transformación social entre la clase obrera, fortalecer las tesis de la “Unitat Popular”, mayor implantación  organizativa en los diferentes territorios de los Països Catalans respetando los ritmos de cada lugar, y el reto de hacer ver al resto de los pueblos del Estado español que ni CiU ni ERC, con su chovinismo burgués y pequeñoburgués respectivamente,  representan el sentir y las aspiraciones nacionales catalanas. No hace mucho el histórico militante independentista de izquierdas catalán Carles Castellano, fundador de PSAN y hoy en el MDT, lo dejaba bien claro: “Yo creo que el problema, y es mi opinión personal, no es tanto si conseguiremos la independencia o no, que sí que la conseguiremos, sino si la independencia la declarará Convergència o la declarará la izquierda. Tal cual están las cosas ahora, lo hará Convergència. Si la Esquerra Independentista no se espabila, no tendremos un Estado como el de ahora, porque la gente presionará para que cambie, pero costará mucho tener un Estado para avanzar hacia el socialismo” (http://www.lahaine.org/index.php?p=63982&;lhsd=4).

De momento, las CUP han tenido el gesto de invitar para su acto central en el Teatre Musical de Barcelona al Portavoz Nacional del Sindicato Andaluz de Trabajadores (SAT), Diego cañamero que dijo claramente que “Catalunya tiene todo el derecho del mundo a decidir su independencia”. Echar abajo los muros que españolistas, nacionalistas de derechas catalanes y algunos mal llamados nacionalistas andaluces han creado entre los pueblos trabajadores andaluz y catalán es una tarea internacionalista de primer orden para las organizaciones revolucionarias tanto andaluzas como catalanas. Basta ya de tópicos alienantes y separatistas entre los pueblos, si de verdad somos internacionalistas proletarios y pretendemos la unidad de la clase obrera y los pueblos trabajadores con el fin de construir una humanidad libre de miseria, opresión y de explotación del ser humano por el ser humano, el comunismo, ya podemos empezar a luchar por la soberanía de los pueblos.

Una última reflexión se impone desde Andalucía. Para el conjunto de la militancia del SAT y de la izquierda soberanista andaluza en general es un orgullo el que el compañero Diego Cañamero haya participado en el acto electoral central de las CUP-AE, pero inevitablemente no tenemos más remedio que preguntarnos cuándo el compañero Diego Cañamero y el compañero Juan Manuel Sánchez Gordillo estarán presentes en el acto central de una candidatura de la izquierda soberanista andaluza. La pregunta no va con ninguna mala intención hacia estos compañeros, pero si en Catalunya hace falta una candidatura soberanista y de izquierda revolucionaria que rompa el actual marco y le dispute la hegemonía del movimiento nacional a la burguesía, en la dependiente y subdesarrollada Andalucía esa necesidad es más urgente si cabe. Tanto el compañero Diego como el compañero Juan Manuel saben que IU no es esa alternativa de ruptura que el pueblo trabajador andaluz necesita y lo saben desde muchísimo antes de que IU pactara con el PSOE en la Junta de Andalucía. Pero no todo depende de lo que hagan o dejen de hacer Diego Cañamero o Juan Manuel Sánchez Gordillo, ni siquiera todo depende del SAT, aunque sí una parte importante, sino que, en última instancia, la fortaleza política de la izquierda soberanista andaluza dependerá del trabajo militante: de sus análisis, de valorar los aciertos, de corregir los errores, de ser críticos y autocríticos, del trabajo diario y concreto en nuestros pueblos, barrios, centros de trabajo y estudio, en definitiva, de nuestra capacidad de ofrecer al pueblo trabajador andaluz una alternativa política real, basada en sólidos principios, de cambio y transformación económica, política, social y cultural.

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