Los portugueses demuestran que las protestas en la calle sí que sirven para algo

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Poco les ha durado a los ciudadanos portugueses la alegría de ver cómo sus protestas tumbaban la subida de la Tasa Social Única (TSU),  una medida que pretendía una bajada generalizada de los sueldos a costa de subir siete puntos, del 11% al 18%, las cotizaciones sociales que cada trabajador paga a la Seguridad Social. Además, suponía bajar al mismo tiempo del 23,75% al 18% las que abonan las empresas por cada uno de sus empleados.

 

El primer ministro, Pedro Passos Coelho, no se rinde:  instalado en la ortodoxia de la austeridad, sigue buscando fórmulas para cumplir con las exigencias de la troika, cueste lo que cueste.

Si no puede recaudar por un lado, lo hace por el otro: el primer ministro dijo este lunes que Ejecutivo estudia subir los impuestos a las rentas del trabajo y el capital, así como el de Patrimonio. La decisión aún no está tomada de forma oficial, pero nadie duda en Portugal de que la medida saldrá adelante.

El Gobierno de Pedro Passos Coelho tuvo que dar marcha atrás a la TSU por una protesta social inédita en Portugal desde la Revolución de los Claveles en 1974. Además, el Estado tendrá que devolver las dos pagas extra que quitó el año pasado a trabajadores y pensionistas que cobraran más de 1.000 euros, forzado también por el Tribunal Constitucional. Tampoco podrá quedarse con esas dos pagas en 2013, como tenía previsto. Eso significa menos ingresos para las arcas públicas —unos 2.000 millones— y, obligado por la troika a cumplir unos objetivos de déficit que a día de hoy parecen imposibles —el 4,5% en 2013—, el Gobierno necesita urgentemente dinero.

Así que ahora toca subir otra vez los impuestos. Así lo anunció Passos Coelho tras una reunión este lunes con los sindicatos y las organizaciones empresariales.  En declaraciones a los periodistas, Passos Coelho confirmó que el Ejecutivo busca “alternativas” para compensar la caída de los ingresos previstos. Otro camino para llegar al mismo destino: controlar las finanzas públicas y cumplir con la troika los términos del rescate que desde hace casi un año y medio hace que el país viva en un ajuste permanente.

“La propuesta tiene que ser aceptada también por nuestros acreedores internacionales. Portugal se encuentra en una situación en la que ya no tiene autonomía financiera, por lo que es indispensable que estas medidas sean bien acogidas por la troika”, recordó el primer ministro. Un mensaje que casi suena a disculpa: vilipendiado por todos, aislado políticamente, Passos dijo que su propuesta de la TSU “no ha sido entendida” por la ciudadanía.

Esa ciudadanía está rozando el límite de su paciencia. Desde que en mayo de 2011 Portugal negoció con el FMI, la UE y el BCE el rescate por un valor de 78.000 millones de euros, los portugueses han asistido a un progresivo deterioro de los servicios públicos por los continuos recortes (menos profesores, menos sanitarios), al abaratamiento del despido (de 30 días a 12), a una subida generalizada de impuestos —incluido el IVA para productos como la luz y el agua (hasta el 23%)—, al copago sanitario, al aumento de la jornada laboral en el sector privado, a un crecimiento del desempleo por encima del 15% (el paro de los menores de 25 años es del 36,4%) y a una caída del PIB del 3% prevista para 2012 (en 2011 el PIB luso cayó un 1,6%).

Cronología de un hartazgo

05/04/2011: Portugal pide formalmente la ayuda financiera de la Unión Europea, convirtiéndose en el tercer país comunitario en hacerlo. Un total de 78.000 millones de euros que recibirá a cambio de cumplir con las rigurosas exigencias impuestas por Bruselas. Desde esa fecha, el primer ministro luso, el conservador Passos Coelho, se ha convertido en el perro más fiel de la troika, aplicando sin rechistar y sin miramientos todas y cada una de las medidas que se le exigen desde fuera: desde la bajada de todos los sueldos, públicos y privados, la subida de impuestos, amnistía fiscal, copago sanitario, suspensión de pagas extra, reforma laboral y un largo etcétera.

07/09/2012: Passos Coelho asesta el golpe de gracia anunciando su enésimo paquete de recortes, el que le ha llevado al absoluto aislamiento político y social. Se trata de la Tasa Social Única o TSU, que pretendía rebajar del 23,5% al 18% la aportación de la patronal a la Seguridad Social trasfiriendo la diferencia a los trabajadores, que a partir de 2013 tendrían que pasar a pagar un 18%, en lugar del 11% actual. La medida se traduce en una bajada de salarios correspondiente al 7%. Además, se anuncian aumentos de varios impuestos, entre ellos a los trabajadores autónomos, reducción de los pagos y de la plantilla de los funcionarios, recortes de las pensiones más elevadas y nuevas privatizaciones de entidades públicas, que se suman a los ajustes aprobados en los dos últimos años.

13/09/2012: Los empresarios portugueses se suman a los sindicatos y a la izquierda para censurar las últimas medidas, cuyo efecto consideraron “dudoso”. El principal partido de la oposición, el Partido Socialista, amenaza también al Ejecutivo con romper el consenso para la aprobación de los presupuestos de 2013 e incluso destacados miembros de los dos partidos en el Gobierno, PSD y CDS-PP, expresan sus dudas. Passos se queda solo.

16/09/2012: Tiene lugar en Lisboa la protesta social más multitudinaria y enérgica de las que se recuerdan desde la Revolución de los Claveles en 1974. Planificada por las redes sociales y sin intermediarios políticos, casi un millón de personas (según los organizadores) salen a las calles en varias ciudades del país. Las movilizaciones siguen durante los días siguientes, con otra gran concentración el día 22 a las puertas de la residencia oficial del presidente de la República, Aníbal Cavaco Silva, donde se reunió el Consejo de Estado para discutir y evaluar las medidas.

22/09/2012: El Gobierno portugués cede a la presión de la calle y en un comunicado admite “estar disponible para, en el marco de la concertación social, estudiar alternativas” al TSU. Esas últimas medidas anunciadas no se aplicarán, pero el Ejecutivo luso tendrá que seguir haciendo números para llegar a cumplir con el objetivo de déficit impuesto por Bruselas, del 4,5% para 2013.

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