Aguirre: el azote de lo común

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A las 14h de la tarde del 17 de septiembre, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre anunciaba su dimisión casi nueve años después de llegar al cargo. Ignacio González, hombre de confianza de la expresidenta y hasta ahora vicepresidente asume el cargo de presidente en funciones de la CAM hasta un próximo debate de investidura, que se celebrará en un plazo aproximado de tres semanas, en una asamblea que el Partido Popular tiene controlada con mayoría absoluta. Aguirre ha explicado de manera sucinta que sus motivos son personales y de salud –en febrero de 2011, esta política madrileña anunciaba que tenía un cáncer de mama–. Antes de hacer público su cese, Aguirre se ha reunido con el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, para trasladarle su decisión.

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Un gramo de suerte

El crecimiento en la última década de la figura de Esperanza Aguirre en la Comunidad de Madrid ha venido determinado por un discurso radical con respecto al de la dirección nacional de su partido, que le ha llevado en no pocas ocasiones a un enfrentamiento con el sucesor de José María Aznar y actual presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, antes y después de su llegada al Palacio de La Moncloa. En la rueda de prensa en la que ha anunciado su salida del despacho de Entrevías, que ha ocupado los últimos nueve años, Aguirre se ha reafirmado en su idea de que las “políticas liberales [del PP de Madrid] están resistiendo la crisis mejor que en otros lugares”.

No obstante, no puede comprenderse el liberalismo de Esperanza Aguirre sin recordar los distintos escándalos que han jalonado su carrera, en primer lugar el fundacional “tamayazo” merced al cual el proyecto de Aguirre, que había salido derrotado en las urnas, obtuvo mayoría absoluta en la repetición de las elecciones de octubre de 2003. La comisión parlamentaria establecida para esclarecer aquel caso de transfuguismo marcó la línea del estilo Aguirre en la CAM: el rodillo con el que el PP de Madrid desestimó las ramificaciones de un caso que salpicaban al exsecretario general del partido en Madrid, Ricardo Romero de Tejada. El mismo destino tuvieron los siguientes escándalos que ponen en cuarentena el discurso neoliberal de la llamada ’lideresa’, las acusaciones de financiación irregular en el Caso Gürtel o los casos de espionaje entre miembros de su propio partido, conocido como el caso de Los Anacletos.

Pero, al margen de estas acusaciones que tuvieron como efecto la salida de primera línea de aguirristas como Francisco Granados o el exalcalde de Boadilla del Monte, Arturo González Panero, el estilo Aguirre ha estado definido por una aplicación de políticas neoconservadoras. Este credo se ha basado en primer lugar en la desestructuración de los servicios públicos, dirigida a su privatización –en este sentido, Madrid estableció un sistema sanitario de partenariado público-privado encaminado a favorecer a grupos de gestión sanitaria y constructoras a costa de un empobrecimiento del derecho a la salud— y, en segundo término, a la priorización de proyectos afines al credo político de la presidenta –religiosos, neoconservadores, antiabortistas, anticastristas, etc.— mediante subvenciones o becas. En el tintero ha quedado, de momento, la privatización del Canal de Isabel II, que fue rechazado por cientos de miles de personas en un referéndum no vinculante, un proyecto en el que su sucesor, Ignacio González, se ha mostrado muy implicado.

Capítulo aparte merece la gestión de la educación pública, que, junto con las movilizaciones por la sanidad en 2009, han sido las principales demostraciones de oposición a las políticas de Aguirre. En otoño e invierno de 2011, gran parte de la comunidad educativa madrileña participó en las doce huelgas de la Marea Verde contra la política de recortes del Ejecutivo regional. Desde 2010, se han perdido aproximadamente 3.000 plazas docentes en los centros públicos de enseñanza de la Comunidad de Madrid. Entre 2006 y 2010, la inversión en educación pública ha caído un 42%, al tiempo que se aumentaba un 11% las subvenciones a la educación privada y la concertada.

Las políticas sociales también han sentido el impacto del “huracán Aguirre”, así el Índice de Desarrollo de los Servicios Sociales 2012, califica como irrelevantes las políticas en esta materia de la Comunidad de Madrid: “Su gasto por habitante en materia de servicios sociales es de 207,4 €, frente a los 280 € de la media estatal. El porcentaje del PIB que dedica a servicios sociales es el 0,71%, poco más de la mitad de la media estatal que es 1,25%. Y el porcentaje del gasto destinado a servicios sociales sobre el total de gasto de la Comunidad es de 6,68% frente al 6,93% de media estatal”.

Por último, el “efecto Aguirre” no se comprende sin evaluar un modo de hacer política que ha adaptado el modelo neocon estadounidense a la realidad del Estado español. Spanish Ñeocon, de la editorial Traficantes de Sueños, es uno de los primeros acercamientos a esta estrategia comunicativa que ha tenido en la presidenta de la CAM a un baluarte fundamental. El victimismo o las acusaciones extemporáneas al adversario político han sido algunas de las marcas de una dirigente que ha anunciado una retirada definitiva al segundo plano de la política.

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