El recorte de sueldos en Portugal agita a numerosos sectores

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Los portugueses hacen cuentas sobre lo que les va a menguar el sueldo a partir del año que viene después de enterarse, el viernes, de boca del primer ministro, el conservador Pedro Passos Coelho, de que para enfrentar el déficit el Gobierno va a subir las cotizaciones de la Seguridad Social a todos los trabajadores a partir de 2013. Los periódicos ayudan a tirar de calculadora. Un asalariado que cobre ahora 1.000 euros netos se va a quedar con 930. Y, por regla general, todos los trabajadores portugueses van a perder, a lo largo del año, el importe de un salario entero. Los funcionarios y pensionistas que cobren más de 1.100, dos. Consciente de la impopularidad de la medida, el mismo Passos Coelho colgó en su propia página de Facebook el domingo por la noche una nota que muchos han calificado como de puro desahogo personal. Encabezada por la expresión “amigos” y firmada simplemente por “Pedro”, en esta carta Passos Coelho admite que el discurso que pronunció el viernes fue “uno de los más ingratos que un primer ministro puede hacer”. Y añade que es consciente de la “frustración” que produce que los sacrificios no rindan aún fruto. Pero asegura después: “Quería escribiros hoy no como primer ministro, sino como ciudadano y como padre para deciros que esta historia no acaba aquí”.

El tono conciliador —y levemente disculpatorio— de la carta no le ha ahorrado al primer ministro las críticas de los internautas. La tarde de este domingo eran ya más de 17.000 los comentarios recogidos en la página, la inmensa mayoría contestado al autor de la carta y de la bajada de sueldos y muchos imposibles de reproducir aquí por su contenido insultante. Hay quien simplemente, le replica que no quiere amigos así. Otros se limitan a describirle su difícil vida ahogada por los recortes, la subida del IVA, de las tarifas médicas y de las tasas de universidad. No sólo los internautas comentaron esta carta. El obispo de las Fuerzas Armadas, Januário Torgal, aseguró que el escrito refleja el alma de alguien “lleno de dudas y de angustias”. Luego definió la bajada de sueldos como una “villanía”.

El anuncio de Passos Coelho a un país estrangulado con una política de austeridad paralizante que ya dura un año y medio ha desatado una ola de encendidas protestas en todas las fuerzas de la oposición y en muchos otros sectores, que aseguran que esta estrategia acabará de hundir a Portugal. João Proença, secretario general del sindicato UGT (que en marzo firmó con el Gobierno la reforma laboral), aseguró: “Estoy en estado de choque, como todos los portugueses”. El secretario general del otro sindicato mayoritario portugués, más contestatario, CGTP, Arménio Carlos, especificó: “Esta es la equidad del primer ministro: robar a los trabajadores para dárselo a los ricos”. Carlos se refiere a que, paralelamente a la subida de cotizaciones a la Seguridad Social para los trabajadores (del 11% al 18%), se bajan para las empresas (del 23,75% al 18%). El objetivo del Gobierno es atajar la subida del desempleo, que ya ha alcanzado, por primera vez en la historia de Portugal, el 15%. Los críticos a esta medida replican que las empresas no van a contratar a nadie porque, sencillamente, no va a haber nadie con dinero suficiente como para comprar los productos de esas empresas.

Hay expertos constitucionalistas que aseguran que la medida es ilegal. Y ya hay diputados del Partido Socialista portugués (PS), primer partido de la oposición, dispuestos a denunciarla. El secretario general del PS, António José Seguro, resumió con dos palabras su postura: “Así no”. E insinuó que en el debate del Presupuesto del Estado (donde se incluirá la polémica medida de bajada de sueldos, calificada por Seguro de”injusta”) el PS votará que no, quebrando un consenso político que hasta ahora servía, sobre todo, para reforzar la imagen tranquilizadora del país de cara al exterior.

Y hay más: el diario Público, citando fuentes oficiales, aseguró que la bajada de salarios, aunque tomada para cuadrar el déficit del año que viene, será permanente. De manera que los trabajadores portugueses verán que el montante de un sueldo entero se ha volatilizado para siempre.

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