Bankia es nuestra: paremos el desahucio de cinco niños en Lavapiés

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La Asamblea Popular de Lavapiés, a través de su Grupo de Trabajo de Vivienda y Desahucios, convoca a una cacerolada por las calles del barrio el próximo sábado 8 de septiembre a las 8 de la tarde, para protestar contra la amenaza de desahucio de cinco menores del barrio.

Bankia quiere volver a atacar al vecindario de Lavapiés y dejar a Abdul y su familia en la calle el primer día de clase de sus hijos.

Abdul y Nipa, Shimu y Akter, y sus cinco niños, de entre trece años y cuatro meses de edad, son dos familias trabajadoras de nuestro barrio que viven en un modesto piso de 40 m 2 en la C/ Sombrerete. Después de pagar su hipoteca durante más de cinco años, en 2010 nuestros vecinos no pudieron afrontar el pago de las cuotas, que habían subido de los 595 euros inciales a 900. A pesar de sus intentos por negociar las cantidades mensuales, el director de la sucursal de C/ Embajadores no les dio ninguna opción: el piso fue subastado el 10 de marzo de 2012, quedándose el banco con la vivienda por el 60% de su supuesto valor, y nuestros vecinos con una deuda de por vida de más de 100.000 euros.

Después de que el pasado 16 de mayo la Asamblea Popular de Lavapiés, a través de su Grupo de Trabajo de Vivienda y Desahucios y la PAH, consiguiese paralizar el primer intento de desahucio, Bankia, con la complicidad del Juzgado de 1ª Instancia Nº 32 de Madrid, arremetió de nuevo. Fijó una nueva fecha de desahucio para el día 11 de julio. De nuevo el vecindario se movilizó para presionar al banco exigiendo que por lo menos dejase a Abdul y su familia la actual vivienda en régimen de alquiler social y le quitase la deuda injusta que les reclamaban. Después de una serie de visitas a la sucursal, en las que el tono de enfado de nuestros vecinos fue en aumento, el director del banco se dignó a abrir una negociación, en la que Bankia llegó a hacer formalmente, el día 5 de julio, una propuesta de alquiler de la vivienda y de refinanciación de la deuda. Nos exigieron papeles y papeles, que Abdul diligentemente proporcionó al director del banco cada vez que se los reclamaba. Finalmente, el día 9 de julio el señor Miguel Ángel Lázaro pidió a Abdul que ingresase 1.500 euros en el banco y le prometió que, a cambio, suspendería su desahucio.

En efecto, el segundo intento de desahucio no llegó a producirse, pero cuál sería la sorpresa de nuestros vecinos cuando, en menos de una semana, a Abdul le llegó una nueva notificación a casa fijándole una nueva fecha de lanzamiento del desahucio: el 13 de septiembre a las 9:30 de la mañana.

Cuando acompañamos a Abdul a solicitar explicaciones por ese nuevo chantaje, sólo recibimos evasivas y solicitudes de más papeles y documentos que demostrasen que nuestros vecinos están en condiciones de seguir siendo esclavos del banco durante muchos años. Desde entonces hemos estado visitando la sucursal de forma regular, esperando una respuesta clara por parte de su director, Miguel Ángel Lázaro, y clamando en todos los lenguajes posibles por lo que consideramos evidente: que no se puede establecer ningún tipo de negociación con la espada de Damocles de un desahucio que amenaza con dejar en la calle a nueve personas, entre ellas cinco menores.

La última jugada del director ha sido decirnos que el día 3 de septiembre volvería de vacaciones y traería una respuesta definitiva a nuestro asunto. Cuando Abdul fue a visitarle el lunes pasado, la única respuesta que recibió de parte de los usureros de esa sucursal ha sido que el director había decidido prolongar sus vacaciones hasta el día 10 de septiembre, a tres días del desahucio.

Este jueves un grupo de unos cuarenta vecinos solidarios ocuparon simbólicamente la sucursal de Bankia en la calle Embajadores durante más de una hora, exigiendo la restitución del dinero estafado a Abdul y la paralización urgente del desahucio. El director de la sucursal, que había vuelto a mentir a nuestro vecino y sí estaba presente en su despacho, finalmente devolvió los 1.500 euros a Abdul, que presentó una carta en la que certificaba haberlos recibido y, como gesto de buena voluntad, los ponía de nuevo a disposición de la entidad en las próximas negociaciones que se produzcan.

Hoy estamos en las mismas que el pasado 16 de mayo, pero más enfurecidas. No vamos a permitir que Abdul pierda su casa y Bankia engrose su lista de activos tóxicos que hemos pagado ya con el rescate. Para nosotras es su casa y seguirá siéndolo cueste lo que cueste.

El sábado queremos que el barrio y todo Madrid escuche sonar nuestras cacerolas como símbolo de repulsa ante este nuevo ataque de Bankia. El 13 de septiembre, si el banco no ha suspendido definitivamente este desahucio, pasaremos del símbolo al hecho. Abdul, su familia, sus vecinas, su gente, vamos a plantarle cara a Bankia. Y descubriremos lo que somos capaces de hacer…

El sábado 8 de septiembre a las 20:00 nos concentraremos en la plaza de Lavapiés. Tráete lo más ruidoso que tengas a la Cacerolada por la Vivienda.

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